Regina Sedelke

La Amenaza Eterna

 
 

La amenaza eterna

 

 

 

Pero mientras la tierra disimulaba al cielo...que elaboraba un trato de paz, esta formaba una batalla en su interior...   

 

 

 

 

 

Capitulo I

 

-A la playa...

 

 

Mathias trató de tranquilizar a su hermanita a la que tenía que vigilar otra vez por la ausencia de su madre. 

Ella cambió últimamente mucho y Mathías no supo manejar esta  situación. Después que su padre los había abandonado apresuradamente, cuando volvió de este viaje de negocio, ella fue quién arregló todo y quien se preocupó de los niños.  

Pero ahora la responsabilidad recayó más sobre él, mas encima ella sólo sabía tranquilizar a la pequeña. Tan ridículo sonaba, pero a veces se sintió amenazada de los dos...

 

-“¡Para de llorar, porfa! Es que tengo que hacer los deberes y no puedo jugar toda la tarde contigo” –

 

Le pidió Matías, pero Nieves no pensó en parar de llorar encima empezó de aumentar el volumen hasta acabar en un chillido que le provocó darse a Mathias por vencido. Apartó el cuarderno de ejercicios en que estaba escribiendo, levantó a la pequeña del suelo en que estaba sentanda, gritando y tirando  los juguetes. La última semana acabó de cumplir los 2 años y él ya sabía que todavía no le podía requerir prudencia, pero para un chico de 9 años de edad era pedir demasiado educarla.

 

En cuanto la levantó y le secó las lágrimas bajó el volumen, salieron unos sollozos de vez en cuando hasta que acabaron por completo. Pues bueno, era preciso salir y ahora, cuando vio que su querido hermano estaba por llevar la chaqueta, se tranquilizó.

Mathias la abrigó con precausión, pues aunque se enojó muchas veces amó muchísimo a su pequeña hermanita.

 

Salieron los dos por el portal, pasaron por el estrecho pasillo del jardín delantero hasta llegar a la puerta del jardín. Toda la valla  hasta la puerta estaba hecha de hierro fundido. Protegía un jardín bastante descuidado, malas hierbas en todas partes y plantas secas que antes florecían de muchos colores y con abundancia. Su madre sacó cada maleza en cuanto aparecían.

 

Mathías abrió la puerta con llave y , despues de haberla transpasado la cerró al tiro. Se acordó que desde muy pequeño sus padres se preocupaban mucho en que siempre estuviese bien cerrada, cosa que él no entendía porque pensaba que una amenaza que entrase por la puerta no sea un peligro tan grande, más bien se preocupaba por cosa alguna que fuese capaz de entrar sin límites terrenales.

 

Se dirigió con Nieves de la mano hacia el parque infantil que se encontraba cerca del barrio residencial. Cruzaron la calle y anduvieron los pocos pasos por la acéra al lado de la calle principal hasta llegar al parque, pero parecía que ella no tenía muchas ganas de entrar.

 

-“ A la playa porfa,¡ven! “-

 

Le miró con unos ojos  grandes y suplicantes ante los cuales no se  podía negar y además no le costó mucho, porque cada vez era muy movido observar el mar desde arriba.

 

Bajaron por las estrechas sendas bravas que llevaban al mar. Ya habían olvidado los dos el esterés de antes, Nieves estaba parlando muy alegremente. Esto junto con el entorno pacifico y lindo le dejó olvidar muy facilmente los deberes que aun le quedaban por hacer.

 

Ahora Mathias estaba ancioso por llegar a la playa para sentir la cálida arena negra como acariciaba sus pies, olfatear el intenso olor del mar y percibir la espuma de la oleaje en la piel.

 

Apresuraba a su hermana para seguir, pero ella se distraía al mirar las ruinas a la izquierda, testigos de algún edificio que había sido derrotado ya antes por su recuerdo.Siempre él estaba sospechoso y solía pasar por allí con rapidéz. Le tiro suavemente la mano para seguir cuando dirigió la vista hacia las ruinas. Entre los escombros pensó ver a su madre junto a otra mujer pero cuando fijó la vista no había nada...

 
 
 

 

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Published on e-Stories.org on 07/21/2007.

 

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