Karl Wiener

El zorro

 
       Un perro salió de su cabaña para probar los olores de los alrededores. Olfateó aquí y olfateó allá, esperando que descubriera una cosa de utilidad. Una fragancia extraordinaria le dirigó a un tesoro. Un salchichón estaba en medio del sendero.
       Su primo, el lobo, le había observado recelosamente. Cuando captó que el perro aceleró sus pasos, la curiosidad lo hizo controlar que cosa sucedó. Llegó al sitio del descubrimiento al mismo tiempo con el perro. Los rivales recelosos fijaban ansiosamente el hallazgo. Ninguno arriesgaba a coger la presa porque cada de los dos sabía, ya el intento será el principio del fin de la amistad. Finalmente el perro no pudo resistir a la tentación. Cuando pero se acercó a la presa, el lobo se abalanzó contra él, cogío su pelaje y una lucha furioso empezó.
       Por casualidad un zorro pasó, vio el objeto de la pelea y pensó sobre la posibilidad de tomar posesión del manjar, sin que los dos rivales se abalancen sobre él. Tenía que usar un truco para llegar a su meta. Así que ofreció ayuda a los combatientes para llegar a un acuerdo. Propuso de partir el salchichón de tal manera que ninguno de los dos recibiera más que el otro. El lobo y el perro estaban de acuerdo con la propuesta, ya que una parte de la presa fuera mejor que un pelaje despedazado para nada en absoluto.
       El zorro partió el salchichón, pero no por igual. Ambos, el perro y el lobo, estaban tentado de coger el trozo más grande. La lucha ya estaba comenzando de nuovo, pero el zorro sabía poner remedio: Arrancó, para defender la imparcialidad, con un mordisco de la pieza más grande. Pero otra vez su esfuerzo quedaba inútil. Ahora el otro trozo salió más grande. Este proceso se repitió varias veces, y siempre cuando el zorro había dado un mordisco, los dos primos estaban tentado de coger el trozo más grande. Al final el zorro zampó el último mordisco del salchichón y lamió su hocico. El lobo y el perro se largaron pensativamente del lugar del acontecimiento. El zorro había seguido a su promesa.  En efecto ninguno de los dos había recibido más que el otro. 
    

 

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Published on e-Stories.org on 12/05/2007.

 

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