Karl Wiener

El príncipe

 
     El rey, sabio y justo, estaba un hombre modesto. No abusaba jamás de su poder y mantenía siempre sus promesas. Por eso el pueblo confiaba en él.
     Tenía un hijo que crecía bien guardado a un muchacho apuesto, instruido en todos artes y ciencias para hacerse un verdadero principe. Era el hijo único del rey, que le quería de todo su corazón y por eso dispensaba a él de malas costumbres. De éste razón el príncipe llegaba a ser un muchacho frívolo y travieso. Para hacerse agradable o interessante prometía de cuando en cuando esto y eso, pero no siempre mantenía sus promesas. No mentía realmente, pero no se podía confiar en sus palabras. Por eso algunos de sus amigos abandonaban dentro de él.
    Más tarde, cuando el viejo rey llegará a ser cansado de gobernar, el príncipe  le debrá seguir en el trono para ser un buen soberano del pueblo. Por eso el rey se inqietaba de su hijo inseguro. Le exhortaba a sinceridad porque insinceridad no sea digna de un rey. El príncipe prometía seguir las exhortaciónes de su padre y prometía no engañar sus amigos ni seriamente ni en broma. La promesa era dicho, pero la tentación de violarlos era fuerte.
     El rey era potente y podía tener influencia sobre el destino de su pueblo. Por eso algun malvado trataba por medio de dinero y otros regalos de convencer al rey de dar oído a sus deseos. Pero el rey resistía todos las tentaciones y se atenía al principio que todos sus decisiones tienen que ser de utilidad al todo el pueblo. El príncipe también no era ávido de dinero y bienes, puesto que tenía bastante de ellos, pero quería mucho las lisonjas. Algunos súbditos del rey, que pensaban cobrar influencia sobre los decisiónes del padre por medio de la intercesión del hijo, intentaban sacar provecho de esa característica. Cada uno de ellos pedía un otro favor y el príncipe se sentía lisonjeado de ser un hombre tan importante y prometía muchas cosas. Muchas veces pero había olvidado el día siguiente que cosa había prometido el día precedente. Acontecía frequentemente que una promesa contradecía a la otra. Por eso non era sorprendente que también sus amigos los mejores de una vez a otra confiaban menos en sus palabras.
     Un día el príncipe y sus compañeros pasaban el tiempo a la ribera del río tirandose con la cabeza por delante de un escollo al agua fresco. Un turbión durante los días precedentes había hecho el río desbordar. La corriente era peligroso. Pero esto no impedía al príncipe alejarse de la ribera. Era un buen nadador y quería demostrar su coraje. Pero la corriente era tan fuerte que el muchacho fue impulsado río abajo. Llamó y pedió ayuda, pero sus amigos no interrumpieron el juego. Pensaban que el príncipe quisiera hacerse interesante y se burlara de ellos también esta vez.
     La corriente tenió el príncipe río abajo, no sé adonde. Nunca jamás alguno ha sentido de él. Seguramente habrá arribado a orillas seguras porque era un nadador excelente. Certo pero: No es llegado jamás a ser rey.
 
 
 

 

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Published on e-Stories.org on 12/16/2007.

 

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