Karl Wiener

El dedo de oro

 
     Los campesinos trabajan de sol a sol. Se levantan temprano, remueven el estiércol del establo, cuidan de los caballos y ordeñan las vacas. No se sientan a la mesa para desayunar antes de haber atendido a los animales. Al primero rayo del sol enganchan los caballos para cultivar el campo, aran el suelo para preparle para la siembra o alzan el heno antes que la lluvia comience. Cuando el grano está en sazón y las espigas doradas se agitan del viento ha venido el tiempo para recompensar al campesino por el trabajo durante el año. Pero también cuando el grano está en el granero, los campesinos no pueden reposar. Las patatas y las nabas están para recoger. Cuando el invierno ha hecho su entrada la trilladora separa el grano de la paja. El grano es llevado al molino, la paja pero se queda en el granero. Ahora los campesinos estan en situación de gozar los frutos de sus esfuerzos.
     Un día un campesino encontró a un hombre, quien había consagrado su vida a la ociosidad y mataba su tiempo engañando la gente diligente. Aquél tenía afición a meter sus dedos en los bolsillos de hombres probos, y cuando los sacaba,  a veces del oro se tenía sobre ellos. Por eso se llamaba el “Dedo de Oro” y, para demostrar sus habilidades, retiró en un momento inadvertido algunas monedas del bolsillo del campesino. “?Que cosa haces con tu paja?”, preguntó al campesino, “tu granero esta lleno de ese chirimbolo inútil”. El campesino explicó sin recelo que hace de la paja: En parte la desbrizna y la entremezcla con avena - los caballos digieren la mezcla mejor que la avina pura -, en parte la esparce sobre el pavimento del establo, por hacerle caliente, limpio y árido. “Esto no rende mucho”, el Dedo de Oro contestó, “tu paja podría dar riqueza a te. Te la convertiré en oro”. Esas palabras hicieron reflexionar al campesino. Ya había oído que hay gente en ese mundo que adquieren riqueza de maniera extraña. De esa razón preguntó a Dedo de Oro, que cosa debería hacer a fin de que su paja se convertirá en oro. “Debes de darme solamente dinero por las preparaciones inevitables, después hago yo trabajar tu paja y tú cobrará de oro”, éste reclamó. Esperando su riqueza, el campesino enganchó sus caballos, cargó su paja y la llevó junto con todos sus ahorros a la casa del Dedo de Oro.
      El campesino no podía guardar su secreto y había relatado a todos vecinos de la suerte presunta. Estes corrieron inmediatamente al Dedo de Oro para llevar su paja a él, para que aquél la convertiera en oro. Le dieron también el dinero, que reclamó por su molestia presunta. Pero el tiempo passaba y los campesinos no oían nada, ni de su dinero ni de su paja y tanto menos del oro prometido. Entretanto sus animales cayeron enfermos porque debían pasar el invierno sin paja en los establos frios. Los campesinos, esperando la riqueza adquirida sin trabajo, habían considerado innecesario de levantarse en tiempo para cuidar los animales o cultivar los campos.
     Desde mucho tiempo los campesinos no habían oído nada de Dedo de Oro y llegaban a ser impacientes. Marcharon a la casa de él y reclamaron la riqueza prometida. Dedo de Oro, para tranquilizarlos, presentó un poco del oro que había comprado del dinero de los campesinos y hizo creerlos que fuera del oro que hubiera extraído del paja. Dio también, como prueba de la riqueza futura, al uno u otro un granido de oro. De ese modo podía engañar a los campesinos durante tiempo bastante.
     Finalmente el país se plagó de una sequedad. La cosecha se secaba en los campos. En todas partes del país dominaba el hambre. Los campesinos se espantaron del conocimiento que no se habían preocopado bastante por las provisiones. Pero afortunadamente encontraron algunos costales lleno de cereales de los años pasados, cuando aún habían cultivado sus campos. Dedo de Oro quería adquirir aquella provisión con la ayuda del dinero que había obtenido de los campesinos. Estes pero habían llegado a ser más sensatos. Sabían que sólo el dinero no sacia y no dieron de sus cereales, antes del reembolso de todo el dinero que Dedo de Oro había apresado. Desde entonces los campesinos  no han confiado jamás de nuevo a un hombre, que promete riqueza sin trabajo.

 

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Published on e-Stories.org on 12/25/2007.

 

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