Karl Wiener

Las sombras

       
     En una ciudad vivía un chico. Se llamaba Pedro y se alegraba por diabluras. Hacía el cuco pero solamente de día claro, después de anochecer ya no tenía de coraje. Penso que oyera o leyera demasiado de cuentos tratando de ladrones o fantasmas. No importa, la oscuridad le daba miedo.
     Algún día, Pedro había pasado el tiempo con un amigo, se puso en camino a casa. Llovía y empiezó a anochecer. La luz de las farolas se reflejaba en la calle mojada.  Pedro corrió rápidamente, puesto que sombras misteriosas persiguiéndole dieron miedo a él. Una vez las figuras corrieron delante de él, otra vez se quedieron atrás, pero siempre fueron presentes. Después de cada paso Pedro se volvió miedosamente, pero no pudo evadirse de sus perseguidores. Cada vez cuando tomó aliento debajo de una farola, ellos se reunieron alrededor de él. Cuando pero Pedro buscó refugio en una esquina oscura, los monstruos eran desaparecido. Pedro miró miedosamente de su refugio para descubrir el escondrijo donde el peligro acechaba.
     De repente Pedro oyó una voz suave susurrando a él: ”No tienes miedo es solamente la luz de las farolas dibujando tu proprio sombra sobre los muros”. Era probablemente una buena hada que quiso tranquilizar a él. Abrió y cerró varias veces dos dedos de su mano. Sobre la parede enfrente pareció el pico crotorando de una cigüeña que según parece se divertió de su miedo. No obstante, todos los esfuerzas eran inútiles. Pedro veía monstruos en todas partes. Finalmente la buena hada sentió comprensión y ofreció liberarlo de su sombra. No sé como había realizado, tuvo probablemente una varita mágica. En todo caso Pedro no se sentió perseguido de las sombras cuando salió de su refugio. Hizo un respiro profondo y corrió rápidamente a casa.
     La madre preguntó por la causa de su retraso, Pedro pero guardó su secreto. La aventura le había hecho hambre y cansancio. Se zampó deprisa la cena y se fue luego a la cama. Se adormeció inmediadamente. En su sueño intentó de imitar el juego con los dedos que la hada había mostrado a él. En vano, su sombra era perdido. Pedro soñaba también de niños jugando en la calle iluminada de farolas. Esos trataban de saltar sobre sus sombras o de atraparlas. Pedro se sentía triste, solo y excluso. No podía participar en el juego de los niños y se quejó : »Que la hada venga y devuelva mi sombra « .
     El día siguiente Pedro se fue afuera en la calle, pero no arriesgaba dar un paso fuera de la sombra de los muros. Temía que sus amigos se burlaran de él, porque no tenía su sombra. Con el paso del tiempo pero no pudo contenerse. Se unió a los otros niños, y – oh milagro – su sombra seguió a él. Al parecer la hada había oído su deseo. Como los amigos también él intentó de saltar sobre su sombra o cogerlo. A pesar de todos los esfuerzos pero, la sombra triunfó siempre.
     Pedro, cansado pero muy feliz, se volvió a casa. La madre había llamado a él. La cena le gusta mucho. Después de la comida se fue enseguida a la cama. La luz de las farolas que se infiltraba por la ventana pintaba las sombras de las ramas de los árboles a la pared, pero Pedro se dormió tranquilamente. Desde hace este día las sombras son sus amigos los mejores.
 

 

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Published on e-Stories.org on 02/29/2008.

 

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