Obed Madrid Calvo.

El Retrato.


Anoche estuve en el despacho de mi abuelo, se que no esta bien curiosear en las propiedades de los demás pero ¿Cómo resistirse a la tentación estando solo en la mansión de tu abuelo? El despacho de mi abuelo es grandioso, tanto que asta tiene una biblioteca en el. Mi intención era solo curiosear los libros de sus estanterías, pero no encontraba nada que no pudiese mirar cuando mi abuelo regresara, así que decidí invadir un poco la intimidad de el. Me siento un poco estúpido al decir que me dispuse a mover todos los libros de la estantería imaginando que en algun momento la estantería se abriría y encontraría una habitación secreta. No fue así obviamente, pero si que encontré algo mientras retiraba cada libro de su estante uno a uno y los volvía a colocar. Tras uno de esos libros pude contemplar que había como una especie de armario, pensé que sería la caja fuerte, pero aun así retire unos cuantos libros para poderla verla. Definitivamente no era una caja fuerte sino un simple armario del que pude comprobar que no estaba cerrado, pues lo abrí. De el saqué un libro. El abuelo tardaría en llegar así que me acomodé en su escritorio y me dispuse a leerlo.

"El retrato.

Que fría noche aquella en la que yo estaba en ese taxi dirigiéndome a la mansión de mis abuelos, las gotas caían con fuerza y nervioso me ponía si miraba al frente a causa del limpiaparabrisas que iba de lado a lado como la aguja que marca los segundos del reloj, aunque en ese caso se desplazaba demasiado rápido. Realmente no estaba demasiado contento de tener que residir desde ese dia en la mansión de mis abuelos, no es que no quisiera estar con ellos en la grandiosa casa pero tansolo tenía 16 años y tenía que separarme de todo lo que había sido mi vida asta entonces. A partir de ese momento empezaba una nueva vida para mí.

He de admitir que cuando llegue a la puerta de la mansión en la que iba a vivir desde ese momento me cautivó una cierta inquietud, pues los truenos, los rallos, la lluvia y el viento bajo esa fría noche ante la puerta de una mansión... no era un buen comienzo para alguien que estaba acostumbrado a una vida sencilla y normal. No había nadie en la puerta esperándome y el taxi acababa de marcharse, me encontraba solo por unos minutos en el porche de ese siniestro lugar, aunque solo por unos minutos. Mi abuela salió llena de alegría a recibirme, me avasalló a besos y abrazos... algo muy corriente de las abuelas, y mi abuelo esperó a que entrásemos para darme un fuerte apretón de manos.

- ¡Estas echo un hombre! - Exclamó con su grave y ronca voz.

La abuela ordenó al mayordomo que me llevara asta mi habitación y me ayudara a instalar mis cosas. Era un hombre alto y delgado, la verdad, no lo comprendo porqué siempre son así los mayordomos ¿Debe ser un requisito mostrar una apariencia sosa e inquietante? La verdad que este al principio me dio esa impresión, pero luego mientras me ayudaba a instalarme comprobé que se trataba de alguien muy normal e incluso simpático, no puedo negar que me cayó bien. Me explicaba costumbres del abuelo, como la de fumarse un puro después de la comida en su despacho y en vista hacia e jardín mientras escuchaba música clásica. Me contó que abecés mi abuela acompañaba a la cocinera al pueblo para comprar todo lo necesario. Tenía unos abuelos un tanto extraños puede ser, pero buena gente.

Después de cenar y charlar con mi abuelo de hombre a hombre me fui a mi habitación a relajarme. En ella tenía un cuarto de baño propio con lo cual decidí darme un baño. No puedo negar que en ese sitio tenía todas las comodidades que no tenía en mi pequeña casa anterior, sin embargo echaba en falta estar en ella, allí me crié y allí tenía a todos mis amigos y amigas. No obstante no imaginaba que la primera noche de estar allí algo cambiaría mi desganada estancia en esa grandiosa casa.

He de admitir que a veces llego a ser un tanto curioso, así es, me encontraba en un lugar grandioso y desconocido así que me podía disponer a explorar un poco el lugar ya que a pesar del cansado viaje no tenía ganas de dormir, con el relajante baño estaba satisfecho. Así pues, salí al pasillo sin hacer ruido y me iba asomando por las habitaciones, no las contemplaba a fondo, tan solo hacía una primera revisión. Llegó el momento en el que encontré unas escaleras que conducían al desván, no estaba tranquilo con la idea de ir solo al desván a media noche solo y con tormenta, pero me dejé de tontería y me recordé que tenía 16 años y ya era lo bastante mayor como para afrontar los miedos. Hacia el desván me dirigí, pero no sin antes coger una lámpara de aceite que había en una de las últimas habitaciones en las que había estado. Al entrar en el desván sentí esa esencia a lugar cerrado, con lo cual me pude imaginar que mis abuelos no solían entrar en el. Todo estaba lleno de polvo y telarañas, cajas viejas en las que en unas habían libros, otras cubertería anticuada e incluso vestidos. También encontré una estantería con algunos libros, no me dispuse a tocarlos ya que no me apetecía llenarme de polvo después del baño. Tras el armario se asomaba un marco, y aunque no quería llenarme de polvo no pude evitar sacar ese cuadro de allí. Lo cogí con las dos manos para contemplarlo bien, pero una tela lo tapaba, la aparté y entonces quedé estupefacto ante tal belleza, era el retrato de una joven muchacha con una mirada que entró directamente a mis ojos, no se por qué razón me quedé tan sorprendido, pero así fue.

Dejé el retrato tal y como lo estaba antes de haberlo tocado y me fui a descansar ya que realmente llegó el momento, si no podía caer dormido en cualquier sitio de la casa. Al meterme en la cama y cerrar los ojos entré en el mundo de los sueños, y esta noche sería increíble lo que viviría en este mundo. Estaba en la casa de mis abuelos, pero parecía estar en otra época y los que en ella se hallaban no me resultaban familiares excepto una persona, la muchacha k había visto retratada en el desván, vista desde mi sueño era aun más preciosa de lo que yo había percibido. Esta me miró, yo no sabía que decir y ni siquiera sabía si realmente era a mi a quien miraba. Me dio una señal para que la siguiese y así lo hice, me estaba dirigiendo hacia el desván mientras se solía girar y me lanzaba una bonita sonrisa, yo creía que estaba soñando aunque realmente era un sueño. Al llegar al desván esta se sentó frente un armario, el mismo en el que encontré el retrato, la diferencia es que en esta ocasión no estaba todo lleno de polvo y telarañas. La adorable muchacha escondió la cabeza entre su cuerpo acurrucado, parecía estar llorando, yo me acerqué queriéndola consolar pero cuando quise tocarla había desaparecido. No se si fue ella quien desapareció o realmente había sido yo, pues ya me había despertado.

La cocinera preparó unas creps para desayunar, estábamos todos en la mesa incluido el mayordomo y la cocinera, mis abuelos eran un ejemplo a seguir. Trataban a los sirvientes como de la família, ¿Sería porqué estaban solos en una casa tan grande tal vez? En todo caso su comportamiento era admirable.
.
- Abuelo, ¿donde conducen las escaleras que hay al final del pasillo de mi habitación? - Pregunté
- Al desván.- Contestó. - Allí solo hay trastos viejos.-Dijo sin preguntarle yo antes.

Yo pregunté si podía subir a verlo, la verdad que solo quería ir para ver otra vez ese retrato, pero me contestaron que no, nunca subían. Me dijo la abuela que el desván lo tenían como si no formara parte de la casa. Quise preguntar el porqué pero sinceramente cadencia de confianza como para insistir.

Más tarde me encontraba en el jardín ayudando al mayordomo a podar las plantas (este también hacia la función de jardinero). No es que a el le conociera más que a mis abuelos, de echo lo conocía menos, pero tuve el valor de preguntarle por qué no entraba nadie al desván.

- Se esconde una desagradable historia en el.- Contestó

Yo insistí para que me la contara, y no tuvo problema en hacerlo.

- Cuando aquí vivían tus tatarabuelos y su hijo de tres años y sus dos hijas de 5. Un día entró una sirvienta a trabajar para ellos, esta trajo consigo a su hija de 3 años también. Esta se crió con tus bisabuelos, sobretodo al lado del varón. Crecieron juntos, como hermanos aunque realmente no lo eran. Siendo unos niños eran como hermanos aunque siempre se guardaba un afecto distinto, y supongo que sabes de qué te hablo. Bien pues, este afecto no se manifestaría teniendo 5 años, pero si al cumplir los 16, como era de esperar estos dos estaban locamente enamorados, lo guardaban en secreto pero por poco tiempo pudieron. Una de las hermanas les escuchó hablar un dia y se enteró de todo, esta rápidamente se lo comunicó a su madre, la cual decidió echar de la casa a la sirvienta junto a su hija. Tu tatarabuelo se negaba, el no veía ningún problema en lo que estaba sucediendo, pero ella no podía tolerar que si hijo barón compartiera su vida con la hija de una criada, una visión muy corriente para esos tiempos. La hija de la criada se negaba a separarse de su gran amor, así que corrió al desván y se encerró allí. Lo siguiente es que se suicidó, dijo que permanecería cerca de su amado por mucho que se entrometieran y nunca mas salió de esa casa.

Después de que me contara esto le dije que anoche estuve allí y vi un retrato, y entonces se alertó y me miró con desespero. Me contó que el cuerpo nunca salió de allí, que no lo encontraron. La leyenda contaba que quedó congelada en un retrato esperando que algún día pudiera volver con su amado, y este sería el único que podría mirarla a los ojos, de lo contrario moriría.

- Yo la miré a los ojos y no me pasó nada, es tan solo una leyenda.- Dije.
- Creería lo mismo que tu si no fuera porqué yo soy el sustituto de la persona que miró ese retrato.- Contestó. - Lo sacaron del desván muerto, desde entonces nadie volvió a entrar excepto tu.

Su mirada me aterraba, su expresión era de fascinación y horror, yo no pude soportarlo y entré a la casa. Asta el momento de la cena no dejé de darle vueltas a lo que el mayordomo me había contado.

Nada más acabar de cenar me fui a dormir, admito que antes de irme a la cama la tentación de volver a ver ese cuadro fue grandiosa pero la resistí, al igual que estaba deseoso de volver a ver ese rostro al mismo tiempo estaba aterrorizado por tener semejante deseo después de saber lo que el mayordomo me contó.

El sueño de esta vez fue increíble, e incluso afirmaría que el mundo de los sueños y la realidad chocaron entre si por una vez en mi vida. Me dirigía hacia el desván, mi ropa era anticuada y la casa volvía a ser la misma de la noche pasada. Abrí la puerta y allí estaba colgado ese retrato, ese hermoso rostro del que no podía quitarme de la cabeza. Lo mire fijamente a los ojos y sentí que me miraba al igual que yo a ella, y a continuación esta salió de su prisión y se acercó a mi al igual que yo a ella, nos miramos mutuamente a los ojos y nos estrechamos entre nuestros brazos.

Ahora solo puedo decir que a partir de ese momento fui feliz para el resto de mi vida, después de tanto tiempo separados conseguimos estar juntos, y ni la clase social ni nadie evitó que formáramos una família. Yo era ese a quién quitaron la vida al separarle de la mujer con la que se crió y después de tanto tiempo la encontré y resucité."


Increíble historia, no sabía que mi abuelo escribiera y a mas de una manera tan fantástica. Después de leer tal cosa tuve que recogerlo todo rápidamente, mi abuelo y mi abuela estaban entrando en el jardín de la mansión con el coche y no podían encontrarme allí, creo que mi abuelo se enfadaría mucho.

En la cena no podía parar de pensar en la historia que había leído, desde entonces miraría a mi abuelo con otros ojos de admiración. No obstante mas tarde aún miraría con más fascinación a mi abuela, pues cuando la acompañé a la habitación de ellos para ayudarla a llevar unas mantas vi que en la pared estaba colgado el retrato de la historia, el retrato de mi abuela.



                                                                                                                            
 
                                                                                                                     Obed Madrid (Oby Mictian)
 
 

 

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Published on e-Stories.org on 06/16/2008.

 

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