Maria Teresa Aláez García

La monstruosa muñeca rusa


LA MONSTRUOSA MUÑECA RUSA.

Heme aquí.

Ante el espejo.

Lista para descubrirme desde el exterior hasta el interior.

Lista para descubrir una mezcla del monstruo de Frankenstein, el Hombre Elefante y todos los elementos de “Freaks” juntos, incluso Pinhead. Sin faltar el “jorobado de Nôtre Dame”. Gracias a que el cielo no me hizo con un gemelo “conjoined twins” o siamesa pluricefala si no, ¡¡pobre gemela!! seguro que a ella le tocaba ser la parte portadora y normal y a mí la parásita, rompedora y deshabilitadota.

Preparada para poder verme tal y como soy. ¿Para eso se está alguna vez preparado? Somos como cajas de sorpresas. Nunca, nunca se está lo suficientemente preparado. Y aunque se esté, la realidad siempre supera a lo que se conoce o a las expectativas.

Comencemos.

MATRIOSCA.

1.- Muñeca exterior. Contenedora.
Como una muñeca rusa, no soy solamente lo que se ve en mí en el exterior. También soy lo que sale de mi interior que quizás no se refleja perfectamente en lo que todo el mundo puede evidenciar. Al menos sé que es lo que veo yo. Otra cosa es lo que ven de mí los demás. Pero ellos no pueden verme como me veo yo porque tienen intereses creados sobre mí, de aceptarme o evitarme, de quererme o de odiarme, de usarme o de tirarme. Esas respuestas no son válidas para mí.  Soy varias muñecas, la misma, una dentro de otra. La imagen física, las partes internas, mi espíritu, mi alma, mis conocimientos, mi yo interno. Todas parecen la misma pero se diferencian en el tamaño, en algunos rasgos de su diseño y en que se contienen unas a otras.

Heme aquí. Ante mi efigie. Ante mi imagen en el espejo. Ante lo que el espejo pretende reflejar de mí. Pero… ¿es esa mi imagen? Puede ser todavía peor. Puede ser mejor pero eso no lo aseguro porque no será nunca cierto. Por que si mi interior está podrido, por mucho que me empeñe en que mi interior sea sano, no lo será dado que por dentro no existe semejante pureza. Las mataduras, sabañones, ronchas, llagas, almorranas y cicatrices de la vida dejan rastros dentro y fuera de mí.  Y me afean tanto por dentro como por fuera pero al momento, esto está dejando de importarme dado que mi existencia necia, fea, nefasta, desgarradora también ayuda a la existencia de las personas más bellas, más buenas, más reconocidas.

Mi efigie. Mi rostro. Mi tipo. Mi cara. Mi pelo. Mis manos. Mis brazos, mi pecho, mi vientre, mis piernas, mis pies. Mis ojos. Tristes, siempre tristes, cansados, ojerosos, agotados de tanto mirar, de tanto llorar, de tanto tapar, ocultar, limpiar y volver a manchar. Y a su vez de tanto emponzoñar, de tanto remover en el lodo, de tanto fornicar en las almas ajenas, de tanto tiznar y ahogar las esperanzas extrañas, de sumergir en el barro de la amargura las expectativas inocentes. De envidiar a quien ha conseguido tanto con tan duro trabajo. De falsear astutamente.

Mi cabello cano. Encanecido.  De niña, rizado, muy rizado, casi como los cabellos de la  raza negroide, áspero y reseco, a veces amarillento debido a la acción de los rayos solares y con las puntas abiertas, una de las constantes en la vida de un cabello quebradizo y frágil de por sí. Corto, bastante corto. Ya más mayor, ondulado, medio caído, sin vida  y  ahora, lacio por la parte superior, y ondulado por la parte más larga y más muerta. Algo graso en la parte que toca a la piel, casposo y no está seborreico porque se lava cada día y se trata. Su mínima parte de grasa le da vida. Pero muere a ojos vista. Puede que algún champú haga algo por él pero el paso de los años lo envenena y lo mata.  Y va dejándose caer, sin fuerza, sin ganas, por encima de la espalda.  Ocultándola sin mucho éxito dado que al ser débil y sin fuerza se deja llevar de las líneas que deforman a ésta. Además no flota en el aire, no se mueve ondeado por el caminar, no tiene gracia ni frescura, no mantiene el peinado sino que al poco tiempo se enreda y se apelmaza igual que las ideas, las pocas que recorren la caverna que se supone que hay en el interior. Alguna vez algún pañuelo de seda, alguna peineta, alguna goma, lo ha adornado. Durante mucho tiempo fue recortado  o estirado hacia atrás y recogido en una coleta con adornos esperpénticos: lazos, flores, brillos de diversos tipos. Cuanto más brillante fuera el adorno, menos se notaba el poco cuero del cabello. Eso sí, las trenzas hicieron durante muchísimos años acto de presencia para terminar de destrozarlo. Pasadores, coletas, coletillas, coquitos, rulos… toda una ceremonia de ocultación o apreciación del cabello para acabar tiñéndolo, cortándolo o blanqueándolo como si fuera un rastro que se ha de eliminar con lejía.

La cara. La máscara de la miseria y de la amargura. A veces tiene un ojo más pequeño que otro. Llena de manchas, de pecas, de granos, de puntos negros, de impurezas que nunca he podido quitarme ni con tratamientos, ni con secantes, ni con nada. La cara, el espejo de mi alma podrida, así es mi rostro. Todos mis pecados aparecen reflejados en mi cara. Mis comisuras de los labios hacia abajo, en forma de tiburón, los labios finos y rosados pero comidos por la sequedad, los dientes más grandes que las encías que son muy finas, dientes de caballo, además faltan la mitad de las piezas por descalcificación y para colmo son irregulares y el paladar de la boca está en caverna.  Las ojeras, amoratadas  y profundas que dejan ver la envidia que hay en mi corazón, la vanidad, la codicia, la ira, los pensamientos retorcidos, las comeduras de coco,  las horas sin dormir por no tener la conciencia tranquila.  Mis mentiras, reflejadas en mis pupilas, en la escasez de mis pestañas y de mis cejas, en la nariz fina y afilada de tanto tocarla para señalar que miento, de tanto afilarla ocultando todas las mentiras que he podido decir. Un hermoso mostacho se luce bajo la nariz y entre las cejas, vistoso, ondea un entrecejo. Las orejas pequeñas, ocultas para no poder escuchar las verdades. Los labios carnosos y descompensados. Las arrugas a ambos lados de la nariz. Granos en la cara, en la barbilla, en todo el cuerpo. Angustia recorriendo la mirada, la piel… eso sí, arrugas, las menos. Como mucho, señales de expresión. Ni siquiera patas de gallo que suelen ser normales a esta edad. Sólo faltaban.

El cuello tirando ahora a ancho, la papada heredada de la familia que me ha impedido tener una barbilla en condiciones normales y ahora más aún con la obesidad. Antes era normal. Ni siquiera ancho. Apetecible para poder estrangularlo. Para ponerle una cuerda y acabar con él, para poder acabar del todo con su tersura. Algo doblado hacia delante, como lo tiene una virgen que se coloca encima de las cajas de los presos fallecidos. Esa  papada que desciende desde la barbilla lo oculta del exterior aunque no hay bocio pero sí desgana a la hora de sostener la cabeza. En lugar de dirigirse hacia los cielos, se dirige hacia las estrellas que tiene enfrente. O realiza la función de la caña con el hilo  y la zanahoria: pone delante de la zafia vista el fruto apetecible para que la mula vaya detrás babeando, para llevarla hacia donde los demás quieran u otorguen. A veces a ninguna parte, otras veces al punto más oscuro de la cuadra.

El tronco. Carne flácida, ni siquiera es una carne tersa. Es una carne que cuelga. Cuelga el pecho, cuelga la tripa, cuelga la piel bajo los brazos. No es una carne viva, es una carne muerta.  No hace ejercicio, no se mueve lo suficiente, no aboga por ser estirada y proteger, está más bien para ser protegida. Blanca, dejando ver todas las venas, con múltiples cicatrices, Heridas. Raspaduras. Quemaduras. Pecas, Manchas y más manchas. No con mucho vello pero sí con algo.  Sorprendentemente suave la piel. Eso, sorprendentemente  y efímeramente. El exceso sebáceo ayuda a la suavidad pero también a la cantidad de malos olores y de malas secreciones que impiden cualquier acercamiento a un ser normal.  Antes vestía de negro o de colores oscuros con algo claro para contrastar. Discreción, pantalones y estilos hippie o grunge aunque en el trabajo o en los eventos, seriedad con cierto estilo. Faldas largas, larguísimas o trajes sastre o camiseros. Jerseys amplios y largos o blusas discretas. O esas faldas de tubo y esos vestidos de punto por encima de la rodilla, cómodos y bastante agradables de llevar.

Una espalda cada vez más ancha y más curva, llena de grasa, como los brazos Doblada, con una desviación de columna bastante evidente, casi chepuda.  No llega pero se ven las intenciones. Los omoplatos se van dirigiendo peligrosamente hacia la salida y son constantes los dolores de espalda y riñones así como lumbalgias, dolsargias y ciáticas. Un lunar enorme, casi canceroso, las costillas salidas y varios golondrinos bajo los sobacos aunque sin pelo porque eso sí, el vello también parece discreto. El peso de los años, de los temores, de las irresponsabilidades y de las penas, de las amarguras, de las horas perdidas, del sueño sin recuperar, de las alegrías propias y ajenas, de tantos traslados de casa, de tantas cosas cambiadas, de tanto caminar y caminar para nada. El peso de culpas creadas por otros que acabé cargándome yo. Pesos y más pesos inútiles para nada que han conseguido destrozar una vida y un cuerpo para luego, cuando más se necesita, tenerlo inhábil.

Un cuerpo que ya no hace gimnasia, que no se mueve, que se ha dejado llevar, que se ha ido de sí mismo y de su contención. La carne baila en los brazos, baila en la espalda. Baila en los muslos y se encostra, se forman grumos de carne, de piel, de grasa que luego salen en forma de líquidos.  La celulitis corroe los flácidos muslos llenos de pecas, de manchas, de cicatrices también. Dos laparotomías a la altura del ombligo, una laparoscopia que dejó cuatro cicatrices a lo largo del abdomen. Una larga cicatriz en el brazo izquierdo. No puedo mirar  a nadie a la cara sin sentir repugnancia de mí misma porque siento repugnancia de ver sus ojos y de ver lo que ven de mí.  Las manos son finas y la piel es suave pero intento que a base de duchas frías y de poca hidratación se vuelva áspera como las toallas mal lavadas. Tengo varias cicatrices en las rodilla y un bulto en el muslo izquierdo fruto de una lesión muscular sufrida cuando el balcón de la casa de la Basseta se cayó con nosotras cuatro encima. Algo tenía que pasarme. Además de estar amoratada de cintura hasta rodillas, pues quedó ese bulto. La tripa cuelga como si fuera un mandil y está hendida por causa de las cicatrices aunque no ha perdido la sensibilidad pues tuve buenos cirujanos y quizás pueda conseguirse un poco que vuelva a su lugar con permiso de la tiroides que se niega en rotundo.  Todo son rolletes de grasa en el entorno y las nalgas son enormes, inmensas. Así como los huesos de las piernas. Los tobillos se encuentran enormemente hinchados por las horas que se pasan sin dormir y las válvulas de los tobillos han hecho, al estar hinchadas por los líquidos, que éstos se hayan convertido en algo amorfo y enorme que no haya modo de hacer disminuir… so pena que sea durmiendo. Como corresponde a los edemas aunque el edema linfático no suele remitir fácilmente.

Las piernas son monstruosas. Alargadas, largas, muy largas. Y gordas, terriblemente gordas. El hueso no se oculta así que se ha de estar muy delgada para que se vea una pierna normal.  La celulitis siempre se ha hecho hueco en ellos debido a la mala circulación y se hizo preciso contenerla con muchos jabones, esponjas y mucho ejercicio, sobre todo para prevenir las venas varicosas puesto que desde hace muchos años la circulación de retorno ha tenido muchísimos problemas. Ahora no hay tobillos, hay mazacotes. Hay dos tremendas columnas, espantosas, que no permiten desahogo  a los pies y que motivan un caminar pesado, adusto,  Como un robot sin pies, como una persona con dos enormes zancos, como un sin fin de columnas.

Los pies son feos. Los dedos son menudos y junto al puente han sido modificados y defenestrados en la infancia por las zapatillas de ballet y el duro trabajo. Siempre  se ha hablado de las famosas “piernas de bailarina” que por causa de una posible mala formación, provocaba un engrosamiento de la pantorrilla y un bulto en el empeine del pie. Los dedos se deformaban por la mala posición dentro de las punteras.

2.- Muñeca. Primera muñeca interior
En su interior, este cuerpo tiene amén de la deformidad muscular del muslo y el descontrol de las válvulas, osteoporosis y anemia ferropénica además de una endometriosis ovárica que se ha afincado en la parte baja del vientre. En el cerebro una serie de tejidos agusanados y arácnidos ocupan lo que en otro momento hubiera podido ser materia gris. Así que ni el laberinto cerebral anda bien oxigenado ni el laberinto intestinal anda bien regulado. Ambos están llenos de miseria en contenido emocional, sentimental, intelectual e infraoxigenado en la parte superior y en la parte inferior cercenado, recompuesto, invadido y obstaculizado. El estómago sufrió dos úlceras, no existe la vesícula aunque un balín de dos centímetros de diámetro se guarda de recuerdo y tampoco existen amígdalas pero sí un recuerdo clarísimo de la operación que acabó con ellas.  La nariz es pequeña así que no permite una oxigenación muy clara y con el paladar en caverna se respira por la boca así que entran más elementos nocivos en el cuerpo y la respiración nasal anda bastante olvidada.  La respiración diafragmática por la boca es la más utilizada.

La alimentación se hizo en un principio completa, correcta y  equilibrada. Posteriormente subió en grasas y en azúcares pero en la adolescencia descendió hasta el punto de ser un único batido diario con un poco de carne o verdura y muchísimo ejercicio por compañía. La “chispa de la vida” no faltaba y en navidad o en fiestas, algo de vino dulce, nueces y naranjas pero muy poco.  Lo cual no implicaba un desconocimiento en cuanto a los aspectos culinarios más serviles pero sí poca gana en cuanto a la consumición de los platos respectivos. No se vivía para comer aunque se comía o se tomaba un batido diario para poder vivir hasta que la abuela – ¡¡ay, las sufridas abuelas!! – tomó el control de una alimentación tan descontrolada y la rehízo y engordé… ahora a ver cómo pierdo tantos años de alimentación organizada.

Anemia ferropénica y una endometriosis de caballo.  Estos dos fallos genéticamente heredados y que me resisto a padecer producen en mí una serie de desarreglos hormonales que me hacen estar continuamente entrando en un estado de reafirmación de mí misma. Constantemente me busco, me pierdo y me encuentro, realizando acciones que son desesperantes para los demás: soy cotilla, hablo mal de los demás y los investigo usando todos los caracteres de sus vidas para luego arremeter contra ellos. Aunque las vidas de los demás no me importan y no me gusta nada conocer los intrincados y recónditos rincones de su existencia, cuando las hormonas se mueven y se me ponen a tiro, entonces realizo verdaderos estudios de personalidad y de sociabilidad, de psicología y de estrategia sobre cómo, cual vulgar araña cruel, atacar a mi víctima obligándola a soportarme, asediándola con llamadas telefónicas, con cartas, con emails, con mi visita a su casa o con visitas constantes a su página y a sus blogs, poniéndole toda suerte de comentarios usando hasta los veinte Nicks que tengo, los veinte alias.  Los visito en el trabajo, los visito en las casas de los parientes, los persigo por la calle, los busco en los lugares más insospechados y me convierto en una lapa. Los critico y los pongo bien verdes, ganándome de nuevo como enemigo a la persona que podía haber sido amiga. Pero las hormonas no me dejan vivir y me vuelvo agobiante, acosadora y sádica. He de saberlo todo del otro, he de conocer su vida obra y milagros. Soy la Cotilla Máxima de mi ciudad. Por mí pasan todos los cotilleos de todo el mundo. Conozco a los 25.000 habitantes de mi ciudad y a todos los que vienen de vacaciones y sin salir de mi casa me entero de todo. No falto a ninguna boda, comunión o bautizo y me autoinvito porque soy así de maleducada y de persona cínica e hipócrita.

Tengo los dedos de los pies pequeños y destrozados. Gracias a la osteoporosis me los voy rompiendo una y otra vez. Hasta que en un momento dado se hagan añicos del todo. Puré se están haciendo seguro dado que ya se rompen por las mismas fracturas que tenían hace tiempo marcadas.  Ya no tienen forma de dedos, tienen forma amorfa que también es un tipo de forma. Y las muelas, todas postizas. También por causa de la falta de cal, se han ido perdiendo todas hasta que tuve que ponerme muelas postizas para poder comer. Dicen que por falta de vitaminas o de calcio o quizás por no ponerme al sol de pequeña que era lo que me tocaba.  También puede ser por la cantidad de “Coca Cola” que he podido ingerir a lo largo de mi vida y que sigo ingiriendo para no dormir más y estar atenta a  mi trabajo aunque ya últimamente lo único que consigo es hincharme y ponerme cada vez más gorda, ostensiblemente mucho más gorda y eso sin comer pero beber, caramba si bebo y cada vez más. De algo hemos de alimentarnos.

Y para qué hablar de gases, líquidos diversos. No hacen más que salir espontáneamente y a deshora. Tanto el sudor ácido que me provoca ulceraciones y escaras a menudo. Las pérdidas de orinas, de líquido linfático, las hemorragias espontáneas están a la orden del día, lo cual ha de controlarse continuamente y las pérdidas anales de gas y de detritus también, con lo cual no soy libre y me vuelvo continuamente dependiente de las compresas, de los lavabos y de limpiarme continuamente. No puedo acudir a ningún acto público ni sustituir para evitar los accidentes.  Y las manos siempre húmedas además de mantener algo el cuerpo aireado y en líquido para que la piel no se reseque.  Y las mucosas de todos los sitios: hemorroides, vaginales, nasales son continuas también.

3.- Muñeca interior 2.
Mi mente.

Ese lugar recóndito y maldito que  no para de ser recorrido por la energía y el oxígeno una y otra vez sin parar. Esa especie de establo de cerdos, arañas, caballos y gusanos. Así como es arriba, es abajo. Qué características tiene esa cosa que parece una caja de Pandora y los sueños de la película la Celda así como Hellraiser. O de Hitler, la Inquisición y los cazadores de brujas todo junto, así como los fanáticos religiosos.

Eso no es una mente. Eso es la contención y acumulación de maldades que se ha visto en todo el mundo pero en un lugar sólo.

Además como cada cual se puede preparar su mente a su antojo, yo lo hice al mío. No influyeron para nada los cuarenta años de mi vida durante los cuales me hicieron creer que era subnormal y que nada de lo que hiciera estaba bien o iba a ayudar a los demás. Cuarenta años perdidos totalmente por personas que sólo tenían miedo y querían confirmar su ego a base de avasallar a los miembros menores de su familia. Señor, señora: si su hijo o hija es asperger o es superdotado o tiene algo que sea diferente o le provoque una diferencia con el resto, hagan el favor de pensar menos en ustedes y más en su hijo o hija. Aunque sea mirando en provecho propio: si su hijo o hija se desarrolla bien y es feliz, el mérito será de usted también.  Pero no lo amedrente diciéndole que los tests del colegio son falsos y que nunca llegará a nada porque es torpe o porque no parece lúcido. Eso puede ser algo engañoso y usted no sabe por qué otros lugares puede estar aprendiendo su hijo. Si su hijo es distinto por una u otra razón, por exceso o por defecto, para bien o para mal, haga el favor de dejar de pensar tanto en usted o en ustedes y en el “qué dirán”. Que canten misa que digan lo que quieran pero usted ame a su hijo o hija, ayúdele en todo lo que pueda a adaptarse y déle todo lo que necesite para su desarrollo y deje de pensar en “la vergüenza de la familia” o en el “qué dirán”. Eso no sirve más que para perder el tiempo. Deje de gritar a su hijo o hija, deje de violentarlos, de pegarles, déles su confianza, su apoyo, su ayuda, que su hijo o hija vean que usted responde por ellos y ellos responderán para usted y notará que su hijo o hija querrán avanzar y esforzarse porque tienen un apoyo o una ayuda. Nunca se sabe de los hijos, nunca se sabe y más vale que ustedes se enteren y lo sepan y sobre todo que lo apoyen. Estos cuarenta años que perdí yo, ya no puedo recuperarlos y lo peor es que ahora que tengo ganas de hacer las cosas que podía haber hecho a los treinta o veinte, no puedo hacer cosas y he de hacerlas a los cuarenta.  Todo por el qué dirán de gente que ya ni vive, por mantener una fachada que ni existe y un status que sube y baja como conviene. Sabiendo que todo es finito y que lo que empieza acaba, lo que es arriba es abajo, que la vida da muchas vueltas y que nada es para siempre, prepare a sus hijos para el mañana, ámenlos, sean una familia unida y cariñosa y no se culpen de nada, tómenselo como un reto. Y aunque el paso por esta vida sea efímero, que el que se haya de ir se sienta querido, feliz por haber estado con una familia cariñosa que se ha sentido orgullosa de él y si vive unos cuantos años, que pueda hacer algo por sí mismo de lo que también se sienta orgulloso  aunque su vida acabe en veinte años. Dejará buena huella en ustedes y en él mismo. Que el paso por aquí sea el mejor, no el peor y quítense idioteces de encima.

¿A que soy malísima?

Además soy envidiosa como yo sola. Del tipo de las otras de lo inteligentes que son las otras, de la ropa de las otras, del calzado de las otras, de los dones de las otras, de todo lo que tuviera que ver con los otros y con las otras.

Soy retorcida, muy retorcida. Le voy buscando a todo y a todos los tres pies al gato. Si alguien me cae bien o esa persona ha sido agradable para mí y para los demás, pase y le hago una pequeña valencia. Si no pues no se la hago. Pero deseo para mí, en mí y sobre mí todo lo que tienen las demás personas y es bueno o apetecible. Deseo su dinero, su posición, su belleza, sus logros, su apostura, todo lo deseo, deseo ser la mejor, la más, lo más, que no haya nadie más, que no se diga de nadie más, que no se piense en nadie más, que no se hable de nadie más. Lo demás y los demás me importan un comino y paso por encima de todos y de todo para conseguir mis propósitos. Además de mentir de maravilla y pasar por una persona prudente, interesada en el bien ajeno y en el mal ajeno para solucionarlo, interesada en el mundo de hoy en día, en las otras personas, pero sólo para sacar algo para mi provecho. No dudo en disponer de las demás personas para conseguir mis logros. No dudo en hablar mal de ellas y disponer a las unas en contra de las otras para mantenerlas divididas y ser yo la que gane. No dudo en colocar y en envanecerme de mis logros públicamente para que todos vean lo que he conseguido, lo buena que soy, hasta dónde he podido llegar y hasta dónde puedo llegar y que me tengan lo mismo que tengo yo a los demás. Y tratarlos con atención y con compasión como diciendo que son una pobre gente,  que se sientan de maravilla porque yo les hago caso y son displicente y generosa, tolerante y atenta con esos miserables individuos que en su vida serán como yo ni llegarán a donde he llegado yo y a quienes luego evitaré y no haré ni caso seguramente.  Me dan asco pero mientras tanto los seguiré soportando para que vean que sé estar abajo a donde nunca volveré ahora que he conseguido irme hacia arriba, de donde nunca volveré a bajar.

Además de mentir, de hablar a las espaldas de la gente, voy juzgando a todo el mundo y a quien no hace lo que yo mando o digo o veo mejor, con generosidad le advierto y con acritud lo evito para siempre si sigue cejando en su empeño. El mundo es tal y como yo lo veo no es tal y como me lo presentan sino tal y como se me aparece ante mis ojos y mi instinto lo huele. Y si es preciso me paso o me pasan por la piedra, eso me da igual. O que aguanten, a fin de cuentas, si quieren algo de mí, ya lo desearán o tendrán, que no haya miedo. Sólo quiero cerca de mi a gente como yo que sea muy selectiva y que sepa desprenderse de los miserables, vagos y maleantes que no quieren ser nada en esta vida y que se apegan a ver qué migas se comen de mi pastel usurpándome el fruto de todo lo que he conseguido, el fruto de mi trabajo y de mi dinero que es lo que más me gusta y lo que me hace sentirme mejor. Esos miserables que son manada, que no saben salir del agujero de dónde están, esos cretinos, esos mezquinos que también son carne de cañón arribista y que traicionan a su hermano si es necesario para conseguir sus propósitos. Yo lo traiciono pero en pro de mi superación y siempre convenzo con mis logros y la gente me ve arriba donde tengo que estar, además ayudando a configurar el mundo, dando ejemplo.  Sobre todo a esos miserables que no se saben superar a sí mismos y se conforman con lo que tienen pero que luego van exigiendo a los demás. Los mediocres que forman la gran masa humana que es fácilmente manipulable, fácilmente dirigible, fácilmente convertible. La gran masa de números que sirven de instrumentos de producción, de todos los colores, olores y sabores, llenos de vicio, a los que hay que alimentar en todos sus apetitos: hambre, sed, sexo, a los que hay que saciar y descerebrar convenientemente para que no descubran las jugadas y permitan que se les siga manipulando. A quienes se les cogen sus vidas, las de sus padres, sus hermanos, sus cónyuges o sus hijos y se les viola, asesina, compra  o vende, o mata de hambre. Luego con aparentar un poco de empatía… si yo estoy aquí arriba, qué tipo de empatía voy a tener… sólo con los que son miserables del todo y a los que son menos miserables que ellos les pido que compartan con los que son miserables del todo porque a los de arriba no, a esos no se les puede pedir que compartan que para eso se han esforzado en llegar arriba con el sudor de su frente, el dinero de mucha gente y el pisoteo de otra mucha gente.

Bebo, fumo y voy con gente mala para formar maldades y forjarlas. Forjo muchas maldades en mi cerebro. Mis gusanos se mueven a gran velocidad y taladran mis enormes ideas llenándomelas de agujeros para meterse dentro y procrear. Por eso como no trabaja mi cerebro, trabajan mis bajos instintos que están dentro de otra muñeca.  Los gusanos de mi cerebro me hacen pensar y hacer cosas raras, perversiones que no se han pensado, ideas que no se han concebido más que en mi cabeza y que no salen en películas gore porque me meterían en la cárcel. Son grandes ideas que menoscabarían totalmente al ser humano. Algunas ya están siendo puestas en práctica por un enorme número de sociópatas que trabajan en puestos de responsabilidad o n recursos humanos: despiden a padres de familia, dejan sin paga a los enfermos y accidentados La última que se me ocurrió es la que están ahora poniendo en práctica mis convecinos, los constructores gallegos: hacer firmar a los trabajadores en el contrato que si tienen algún accidente no cobrarán nada y renuncian totalmente a su paga. La pederastia, la pedofilia, la venta de armas, el comercio de esclavos, la trata de blancas, los robos en el sur de África de minerales, la  colonización sumergida que continúa, la colonización japonesa de África, las masacres de Hitler y las de todos los dictadores de la historia las concebí yo porque quise y fue necesario para eliminar elemento humano del planeta que somos muchos y no cabemos todos. Y para qué colonizar otros planetas y dar el dinero de la armas para hacer más recursos alimenticios volviendo a hacer la tierra apta para la explotación agrícola e ir a urbanizar Marte, la Luna o Venus por ejemplo. Si no tuviéramos la Luna, nos entrarían multitud de meteoritos. Enviaremos a vivir masa proletaria para que se sientan como en casa y sean devastados.

Y qué decir de los horrores del Dr. Muerte y de otros.

Quiero todo lo demás poseen: belleza, popularidad. Un buen trabajo, un buen marido, unos buenos hijos, una buena casa, etc…  La envidia me corroe y me trastorna porque yo quiero lo mismo con una criada pero no voy a poder. Ahora también seguimos esclavizando.

Soy ambiciosa, retorcida, manipuladora, mentirosa, criticona y bajo mi fachada inocente se esconde un verdadero monstruo. Un Hyde con conocimiento que manipula a todas sus amistades para aprovecharse de ellas malévolamente y evitarse trabajar. Intrigo contra amigos y enemigos y procuro poner a todos mal unos contra otros. Soy una persona irresponsable, insociable, negligente, vaga, sucia, descompensada, liante, frustrada y traumatizada, desleal y traidora, conformista, envidiosa, celosa, gritona, vulgar y maleducada,  iracunda, agresiva, aplatanada, desmotivada, ladrona, hortera, pija, boba, tonta, estúpida, dependiente, total, peor que el meteorito que caerá sobre la tierra: un troll auténtico, una dictadora demencial.  Un ser obsesivo, calculador, metódico, paranoico para conseguir lo que desea. Si no, entonces totalmente dejado, desorientado.  Dominante, agobiante, acaparadora. Absorbente en una palabra.

No tengo desperdicio alguno. Ni nada bueno que comentar.

4. Muñeca interior 3.
¿Hay sentimientos?. NO.

Aquí se acabaría esta muñeca. Pero si acaso, le dejaremos  espacio a los conocimientos.

¿Son importantes los conocimientos? ¿Para qué sirven los conocimientos? ¿En serio tenemos los conocimientos suficientes o los realmente válidos?

¿Tengo los conocimientos suficientes para ejercer un trabajo? Sí, ya ha sido hecho.

¿Tengo los conocimientos suficientes para conocerme a mi misma? No.

¿Tengo los conocimientos suficientes para conocer a los demás? Ni pensarlo y si me tomo a mí misma de referencia, van los demás arreglados. No. Siempre tengo que tener una actitud de escucha y de observación en cuanto a mí misma conmigo misma y con los demás y dejar de emitir juicios porque no soy quien, dado que no poseo todo el conocimiento del mundo. Soy muy ignorante. Sólo sé “que no sé nada” y “Cuanto más creo que sé, más veo que menos sé”. Es una carrera contracorriente. Cuanto más estudio, más intento practicar y prepararme veo que siempre me he quedado rezagada y que no llego a los demás ni al borde de sus suelas. No llego ni a los  mínimos del conocimiento y de la experiencia. Me es imposible conocerlo todo, saberlo todo, razonarlo todo.

¿Tengo los conocimientos y la experiencia suficiente para emitir juicios de valoración? Ni soñando. Y aunque pudiera, no debería hacerlo y menos con los compañeros.

¿Tengo siquiera algo de conocimiento? No. No estoy capacitada, no soy competente, no tengo ni siquiera un conocimiento real de mi persona, de mi existencia, de mi realidad, de la captación de dicha realidad. Si no sé ni quién soy realmente ni cómo soy realmente, ni cuándo ni dónde existo… ¿cómo espero algo? ¿Cómo espero mejorarme y ayudar a mejorar a los demás si no tengo una mínima conciencia de nada, no puedo hacerme una idea o tomar conciencia de una idea, de una situación, de un persona, de una conversación… de nada.

¿Cómo sé realmente que pienso y lo que pienso? ¿Quién me dice que es cierto? ¿Qué certeza puedo tener de mi propia existencia y de la de las gentes que me rodean? ¿Cómo es posible que me encuentre a las mismas personas o muy similares en todas las ciudades a donde voy? A veces parece, da la sensación de que somos la misma cantidad de personas siempre en el mundo y nosotros mismos proyectamos la imagen de quienes queremos ser en otros países. Esto es una teoría de magufo. Ah, se me ha olvidado añadir el detallito de magufa también, que creo en las sensibilidades especiales y espaciales – jo, jo, jo, - y en todas las ciencias acabadas en – logía  vengan de donde vengan.  Y hago cosas raras con velas y aceites y mejunjes variados. Principalmente ducharme y cocinar. También con la alquimia y la mineralogía que me gustan. Cojo mineral, lo quemo, lo combustor. Cojo el mineral de mi cuerpo, lo quemo, lo golpeo, lo dejo ko.  Luego puedo hacer jabón o puedo meterlo en la lavadora o puedo quizás hacer otro elemento. Según lo que salga. Y ritos con las plantas: tengo por ahí bien creciditos y plantaditos varios nísperos, palmeras y pinos. Sobre todo los nísperos que es lo que más me ha costado lograr. Llegué a tener  uno o dos de un metro plantados en una maceta, que cayeron conmigo y con el balcón en mil novecientos ochenta y nueve, creo. ¿O fue en mil novecientos noventa? Ni lo recuerdo ya.

Y tengo especiales conocimientos para meterme en líos de distinto tipo meter a los miembros de mi familia y hasta al gato. Sí, hasta tuve un gato llamado “botines” al que enseñé a escribir a máquina. No sabía leer, está claro, pero se aprendía las posturas que yo le indicaba: derecha, izquierda, arriba o abajo. Y todo era por jugar con la palanquita de la letra que imprimía la letra en el papel. Aprendió a mantener la tecla pulsada con una pata para pegarle golpes y morder a la otra. Al final notó que el sabor no era agradable y desistió de su empeño.  Era un buen gato. Se fugó con todas sus novias al jardín de al lado y ha dejado una más que honorable descendencia de gatos como él, con sus patitas blancas como si llevara calcetines.

Le hago ascos a todos los bichos, especialmente a las cucarachas, hormigas, etc… Sé que si las dejo pueden devorarme en cualquier momento y no se lo quiero permitir. No me fio ni de los animales herbívoros siquiera. Nunca se sabe qué pueden confundir y con qué o arrearle un mordisco para ver a qué sabe.

Prefiero no dar mi opinión política, social, económica, artística, étnica, etc.. Daria miedo y es lo peor que uno se puede suponer. Si soy una dictadora absolutista tirana, imaginen. El holocausto caníbal se queda pálido comparado con mis sistemas de gobierno reaccionarios, controladores, dominantes, seguros, partidistas. La ley del talión es mi preferida y no me importa cortar manos, pies, cabezas, clítoris y penes por doquier. No estoy de acuerdo con la ablación pero si hay que reprimir… Yo reprimo.

5.- Muñeca interior 4.
Esta es la que todo el mundo quiere conocer pero que nadie conoce, ni yo misma. Es la que todos desean descubrir pero que está protegida y amparada por mí misma y por quien no soy yo misma.  Es mi debilidad y la debilidad de todos pero está especialmente oculta y no sale aunque la maten. Aunque la torturen. Aunque se pierda la vida en ello. Se encuentra en el mismo fondo, tras haber apartado toda la miseria, todo lo negativo, lo malo. Es el diamante en bruto, es la perla que esconde la última ostra. Es la pepita de oro rebelde en el río. Es la fresa de mejor sabor de la mata. Es el mejor modo de llegar a la gente. Es la dueña de la fibra sensible que no hay que tocar ni intentar manipular.

Es la muñeca protegida por las otras cuatro. Es la poesía desnuda, vestida sólo por unos paños menores y sin brillos mientras que a los demás se les da la parte brutal, obscena y desagradable. Es el mineral limpio y oculto al exterior.  Es el centro de la pequeña lechuga cuando se le han quitado las hojas verdes, el cogollo, o de la cebolla, justamente la parte central. Es la Unidad Central del Proceso corporal y espiritual. Es el cofre del tesoro o es la vestal entre las sacerdotisas del templo. Es la paloma más blanca. Es lo mejor de cada uno de nosotros. Es la persona auténtica, la siempre protegida.  Tanto que ni la conocemos nosotros ni la conoce nadie. Pero va dejando destellos y es esa parte que de cuando en cuando salta y deja caer un detalle. Ese detalle que nos sorprende, a propios y a ajenos. Mucha gente tiene esa parte muy oculta y desarrollada pero la cobija enormemente y de lo que deja entrever, niega y la sigue ocultando por aquello de que no hay que dar margaritas a los cerdos.  Es una parte preciosa  y sólo ciertas personas saben reconocerla y, respetándola, siguen manteniendo su carácter anónimo para no afearla ni contaminarla, ni en ellos ni en los demás. Hay quien tiene la fuerza de vivir con esta parte y son personas carismáticas pero muy carismáticas, humildes para protegerse, sinceras y que suelen terminar olvidadas o asesinadas.

Bien, ya me vas conociendo. Y esto no es nada comparado con todo lo que queda por escribir.

Así que si no te gusta: agur.

Como dice la canción de Perales:
"Y tú te vas,
que seas feliz.
Te olvidarás
de lo que fui
y yo en mi ventana
veré la mañana
vestirse de gris".

Y no es para menos. Es lo que me merezco.

Y no, no me gusta Perales. No le pongo al pobre hombre el castigo de soportar este texto. Sólo algunas de sus canciones.

En fin. Se me hace tarde para ir a nadar y he quedado luego para echarnos mi amiga y yo unas horas a la estática y a los pedales, pues que como me hago tan cara de ver – no salgo más que de cuando en cuando y ni recibo a nadie ni voy de visita a casa alguna – y tengo siempre los teléfonos comunicando, con lo cual nadie me encuentra, echa de menos que alguna vez al año, toquemos la guitarra o compartamos unos minutos de nuestra vida con una actividad sana. O ayudando, que es muy sano.  Así que cada vez que salgo a la calle la gente no me recuerde y me vayan parando cada cinco minutos.  Adeu.

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Maria Teresa Aláez García.
Published on e-Stories.org on 06/23/2008.

 

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