Nadège Ango-Obiang

Noche sin dormir

Nunca había conocido nadie. Tenía diez nuevos años y no fui atormentado nunca por el sentimiento enamorado. Los hombres se parecían todos. Lo pienso aún por otra parte. Es gracias a esta esterilidad del sentimiento enamorado que se obsesionó pude hacer tranquilamente estudios sin por lo que amigas llaman la falta. Este pequeño hombre tan y tan seco vino con su mujer a la casa. Parecía por el momento en problema. Mi padre hace siempre el couillon con la gente ofreciéndoles la hospitalidad. De la boca de mi ambiente, no se sabe que son de verdad la gente, entonces él evitan por el tiempo que corre de tener huéspedes bajo su techo. La mujer de esta huésped era tan pequeña que su hombre, a creer que se eligieron por correspondencia de genotipo. Fue a la vuelta de mi pequeño hermano ceder su habitación que exactamente junto a el mío. Mi madre odiaba eso cuando era menor, ahora ella no decía ya nada. Pienso que piensa que todo el mundo piensa que ya coïté. Pero no, no incluso no soña.

Tras la cena, me refugiaba en mis cuadernos, los primeros exámenes al FAC llegaban a gran salto y tenía el sentimiento de no poder hacer la vuelta en el tiempo. El reloj avanzaba a gran paso cuando oí un pequeño aullido de mujer. Yo tener si de miedo que mi libro me cayó manos. No era asombroso que un grito me llegara con tanta agudeza. Vivíamos una casa en tablero. La pared que separaba la habitación de mi hermano y sólo era de pedazo de viga puesto los unos junto a los otros. De pusieron ser aislado tenía completamente una gruesa cobertura de la habitación de a de la parte de. Me levantaba pues y levantaba la cobertura roja. La primera cosa que sorprendida me es que tenía grandes nalgas. La pequeña mujer de nuestra huésped, tan pequeña aparentemente tenía muy de grandes nalgas. Bien rondas. Y rebotadas. Muy carnosas. El hombre detrás ella, esquelética parecía loco con su cosa si cerca de un tan pequeño agujero. Habría debido bajar mi cobertura, pero nunca había visto eso.

¡- Reinicíese! Halète la mujer. No se me no afloja bastante.

Y este hombre tan fino que se acerca con un muy grande truco. Tengo deseo de reir y al mismo tiempo me digo: ¡Es un dibujo animado! Pero no están bien allí. La mujer puesta en cuclillas y el hombre que se pone a entrar su tic en este cac. Y eso entra, y grita entre los dientes para no hacer ruidos. ¿Por qué pues excitarse con un truco que hace así mal? ¡Y finalmente grita! Dejo volver a caer la cobertura y me doy cuenta de que no lo hice porque me daban miedo pero porque mi brazo temblaba tanto que la cobertura me pareció muy pesada. Pero era absolutamente increíble que dormí, que duerma sin ver el final. Temblando aún más, levantaba un lado de la cobertura, todo conjunto suavemente, más un poco más de sobra. El hombre había ocupado completamente el terreno. ¡Sus caderas estaban completamente contra las nalgas de su mujer y parecía tanto en cólera con su mala cara muy arrugado y muy crispado! La mujer, me alucinaba. Se diría que se pone en cuclillas, cabeza contra el colchón suplicaba larmoyante un verdugo invisible no cortarle la cabeza. Y el hombre cada vez más irritado que no dejaba de sacar por pequeña porción su truco que se volvía cada vez más pegajoso. Por fin emitió un carril. Se retiró del ano de la mujer, su miembro volvía a caer pero era siempre también grande. Sin perder un segundo, lo hace frente mujer cambio el desagradable tipo sobre la cama y absorbe su truco en la boca. Y fallé gritar. Las amigas decían que sobre todo era necesario ser propio para el sexo. Mí lo que veía era que algunos gustan cuando es sucio. Y aquí que tragaba todo, que su mano no detenía moverse a lo largo de este truco. Y el desagradable de hombre tenía ahora la máscara de un pobre hombre cansado muy, agotado muy, tal como sujeto a su mujer. Y decía trucos enes voz baja que yo podido no entender cuando me di cuenta más que tenía caliente. No temblaba ya, pero pasaba algo en el fondo mi. Como una clase de excitación. Aflojaba vivamente la cobertura, desconcertada, pero sobre todo plenamente consciente que mi curiosidad había despertado algo que, a nunca, se negaría a dormirse.

¡A t idea de invitar bajo su techo personas a las costumbres tan libres!

 

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Published on e-Stories.org on 07/12/2008.

 

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