Maria Teresa Aláez García

En seis minutos

Cuatro horas y dieciocho minutos de la madrugada del día uno de diciembre.

Oscuridad en la calle. La luz eléctrica sobre mi rostro y a través de mi ventana. Almacenando polvo  y llamando a las polillas  a congregarse para irse a dormir en la madrugada. Lejos, lejísimos, se escucha el piano y el largo de saxo provocados por la experiencia de  Duke Ellington y Johnny Hodges. En esta casa no hay whisky – nunca he podido saber a qué me recuerda ese sabor aparte de a nada – ni tabaco ni lágrimas ni hastío causado por una borrachera. Hay otras bebidas, hay otro hastío, otras luces, otra ciudad y otros pensamientos. El frío me abraza y me abriga, introduciendo sus dedos por todos los rincones de mi cuerpo no protegidos ni por la manta ni por la desidia. La soledad es acuática y fluye desde el cielo acompañándome acompasadamente mientras el saxofón vuelve  a sonar con nervio y suavidad en un viaje o perdido con su dueño por a saber qué zonas del cerebro de quienes escuchan el concierto.

Normalmente los conciertos se saldan con una cena y a la cama en cualquiera de sus variedades. Otra manera es escuchar el concierto pronto y acostarse igualmente solo y temprano, quizás más gratificante, para comentar más adelante el concierto con amistades.  Comentar. Hay quienes pretenden tener conocimientos para lucirse y competir con el de al lado, por prepotencia y por vanidad, no por aplicar dichos conocimientos de modo productivo. Cada cual que cargue con su saxo y con la funda de sus propios prejuicios.  La envidia no es buena consejera pero mucha gente la utiliza para entretenerse en desbancar a otra gente que supone mejor que ella.  O de la que piensa que no está a su altura y no debe de subir a dicha altura porque no piensa según sus razonamientos. Gente insegura, inmadura, que en la imagen y en la acumulación de conocimientos basan su vida y sus ideales sin mirarse a sí mismos y ser auténticos para bien o para mal, para llorar o para reír, para crear vida. Viven de elementos muertos como son los libros de conocimientos enunciativos o la televisión o los semanarios de relatos incesantes sobre desgracias y críticas que no conducen mas que a hacer que la gente se agrie y se entristezca más y que después se sientan en un sofá a criticar sin parar mientras toman su café y se llaman a sí mismos intelectuales. Igual que quienes venden su historia por millones. No crean vida. Mantienen cosas que morirán porque todo en esta vida muere y renace y vuelve a morir o nunca vuelve a renacer. Y cuando ven tiradas sus teorias por tierra entonces se echan las manos a la cabeza  y han de reorganizar sus vidas y no saben adaptarse a lo que la existencia pide: un cambio constante, un devenir, idas y vueltas.

Hoy alguien ha intentado imitar mi estilo al escribir y casi lo ha logrado. Ha intentado imitar mis temas, mi forma de escribir, pero le ha faltado algo: fuentes y otra cosa que para él o ella es más denigrante y que nunca conseguirá hacer: ser yo.  Pueden copiar mi estilo, mis temas, mis formas pero no el sentimiento porque ignoran qué siento yo cuando escribo todo esto y no lo pueden transmitir. Ojalá. Pero si me odian, lo único que transmiten es el Odio que sienten por mi al copiar mi escrito y que conste que valoro el tiempo que se han tomado en leerme, copiarme y reproducirme que eso ni yo misma lo hago. Falta sentir y, lástima, muchos de ellos y ellas carecen de sentimientos. Eso si, tienen una memoria prodigiosa con la cual transmiten a gran velocidad multitud de conocimientos y quedan siempre bien. Debe de dar gusto compartir vida con una enciclopedia vestida de raso y encajes y formas bellísimas o con una colección de cds de ópera, vestidos exquisitamente, de buenas maneras y bien compilados que reproducen fielmente el contenido que se les ha introducido. Ay, la lástima es que cuando salen las actualizaciones, no pueden refundirlas y son tomos aparte que hacen que la enciclopedia y la colección de cds queden algo quebradizos o descontrolados.  Qué pena. Eso si, siguen siendo perfectos. Aunque tienen otros defectos: o se quedan obsoletos o pasan de moda y claro, terminan por aburrir y la gente ha de abandonarlos o separarse para comprar otros nuevos que les interesen más.

Prefiero ser una persona de carne y hueso con multitud de cambios, creatividad y sentimientos.  Se me dio la vida y prefiero mostrarla y cuidarla  Tuve durante un tiempo oportunidad de ser una enciclopedia con cd todo incluido pero mis actualizaciones desbancaron el estante y por otro lado, me empeñaba en grabar cosas y escribir otras nuevas en mis paginas y en mis surcos asi que  me converti en persona. Me quejaba si me trataban mal y sobre todo era interactiva. En último término, tuve la oportunidad de crear otra enciclopedia y de irla llenando de conocimientos que puedan ser aplicados asi como de movimiento para que se actualice por si sola.

Y espero que algún dia seamos personas y se nos deje de tratar como números o bancos de datos.

 

Para minick.

 

 Me pediste palabras que dejaran secuelas

de diversos momentos sumidos en el viento.

Ya no tengo ni estrella ni solvencia ni estancia.

No puedo darte nada más que un digno silencio.

 

Me pediste palabras. La vida que hubo antaño

entre luces y estrellas, entre mar y montaña.

El calor de unas tazas, el cariño en las manos,

el olor de la hierba y humedad en la mañana.

 

Hace frío. Un gran frío entre palabras muy necias

De envidias sin motivo, desprecios con recargos.

Y una lluvia de insultos, de niños con guedejas

de mocos y de babas en bolsillos y manos.

 

Me pediste palabras. Te dije: quiero hablarte

de mañanas ardientes con un cielo muy limpio,

y de ojos que despiertan amaneceres verdes,

de labios que susurran con cariño al dormido.

 

Del amor que engalana las mañanas más frías

con sonrisas. Silencios en pasillos dormidos.

Desayunos en calma. Las madrugadas vivas.

El trabajo con la casa, entre pagos perdidos.

 

Ya no tengo palabras. Tengo muñones secos

de sangre deformada en  las manos y en la vista.

Y de un gran gancho de hierro prende el corazón muerto

quien asesinó mi vida y marchitó mi risa.

 

Si me pides palabras, palabras que no tengo,

no tengo sentimientos porque soy una piedra

vacía de volcados de antiguos elementos

que se oculta en el veneno de orgullo de la hiedra.

 

 

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Published on e-Stories.org on 12/01/2008.

 

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