Carlos Navarro

Bestiario


La rana Croca era un rana triste. Ella nunca cantaba. Ella nunca jugaba. Ella nunca reía. Ella siempre lloraba. Su amiguito Kikí, el grillo cantor, le cantaba canciones alegres. Pero Croca no escuchaba. Ella solo lloraba y lloraba.
 
--Por qué lloras tanto, rana--le preguntaba Kikí.
 
--Porque soy tan fea-- contestaba Croca.
 
Kikí tenía un amiguito que también era muy alegre, el gatito Kito. A veces Kito iba con Kikí a casa de Croca a cantarle canciones alegres. Pero Croca tampoco escuchaba las canciones de Kito.
 
--¡Qué rana más triste!--decía Kito.--Triste y fea. !Pobrecita!
 
--Sí no fuera tan triste -- decía Kikí. -- no sería tan fea.
 
--Tienes razón, Kiki --Las caras alegres nunca son feas.
 
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El sapo Plopo era un sapo gordo, blando y perezoso. El nunca saltaba. El nunca jugaba. El apenas se movía. El solo comía y comía, y cuando no comía, dormía.
 
Una mañanita la rana Croca se topó con el sapo Plopo desayunado sobre una roca.
 
--Buenos días, sapo-- dijo Croca. --Yo soy la rana Croca. ¿Quién eres tú?
 
Pero el sapo Plopo no contestó, porque su boca estaba llena de comida.
 
--Este sapo no quiere hablar conmigo porque soy tan fea-- pensó Croca, y se echó a llorar.
 
--Esta rana está loca-- pensó Plopo, y siguió comiendo.
 
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El burro Asino era un burro viejo, lento y débil. Pero todos los animales de la comarca lo respetaban mucho por su inteligencia y lo mucho que sabía.
 
Cuando había tormenta, Asino conducía a los otros animales al sitio más seco y seguro.
 
Asino también sabía dónde encontrar comida. Cuando un animal tenia hambre, Asino le decía que fuera a cierto lugar, y allí el animal encontraba toda la comida que necesitaba.
 
El burro Asino era muy, muy querido.
 
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El gato Magnu, el papá del gatito Kito, era un gato, inteligente, valiente, trabajador, bondadoso y fuerte, tan fuerte como un león.
 
Cuando un animal viejo o débil necesitaba ayuda, Magnu lo ayuda. Cuando dos animales se peleaban, Magnu los calmaba y ellos hacían las paces. Cuando un animal malo abusaba de un animal bueno, Magnu defendía al animal bueno. Cuando surgía un problema serio en la comarca, Magnu, con el consejo del burro Asino, resolvía el problema.
 
El gato Magnu era muy respetado y querido.
 
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El cerdo Panza era un cerdo gordo, jocoso y sucio. El siempre comía. El siempre reía. El jamás se bañaba. Sus enormes patas y barriga nunca estaban limpias.
 
Pero a Panza no le importaba. --El agua es para beber, no para bañarse-- decía, y se echaba a reir. Las carcajadas del cerdo Panza resonaban por toda la comarca.
 
--Ese cerdo es sucio-- decían Kikí y los otros animales. --Pero !Qué alegre es!
 
Pero Panza no era feliz. Por ser tan sucio, no tenía amigos. Cuando Panza se acercaba a otros animales, ellos le decían: --!Fo, Cerdo, que mal hueles! !Vete a bañar!-- Y se alejaban de él.
 
El cerdo Panza entonces no reía con tantas ganas.
 
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El perrito Cuchi era un perrito recién nacido. El no ladraba. El no veía. El no caminaba. El sólo se arrastraba.
 
Cuchi tenía cuatro hermanitas y tres hermanitos. De todos, él era el más pequeño y débil. Cuando iba a amamantar la leche de su mamá, sus hermanitas y hermanitos lo empujaban, y no lo dejaban chupar.
 
Cuchi entonces se ponía a llorar. Su mamá, la perra Sata, oía el llanto de su hijito Cuchi, pero no podía ayudarlo, pues ella estaba ya vieja y siempre muy cansada, y la poca leche que tenía no alcanzaba.
 
¡Pobre Cuchi! ¡Cuánta hambre tenía!
 
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La rana Croca creía que el sapo Plopo no la quería porque ella era fea. El sapo Plopo creía que la rana estaba loca porque ella siempre lloraba y lloraba.
 
Por fin, el sapo Plopo se dijo: --Yo no hablo mucho porque soy muy perezoso, y mi boca siempre está llena, pero esta pobre rana me da mucha lástima. Voy a hablar con ella.
 
Cuando la rana Croca pasó otra vez por la roca donde Plopo solía comer y descansar, el sapo se acercó a ella y dijo: --¡Hola, Rana!
 
La rana Croca no supo que decir. Pero ella no lloró. Ella sonrío.
 
El sapo Plopo penso: --Esta rana no es tan fea. Cuando sonríe es casi linda.
 
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La vaca Milca era una vaca grande, mansa y generosa. Su enorme ubre siempre estaba llena de leche fresca y sabrosa. Si algún animalito hambriento necesitaba leche, la vaca se la daba, de gratis.
 
La vaca Milca era también la enfermera de la comarca. Cuando un animal se enfermaba o lastimaba, Milca acudía, día o noche, a curarlo, también de gratis.
 
La vaca Milca llevaba una campanita colgada del cuello. Cuando los animales oían la campanita, ellos sabían que Milca se acercaba y, agradecidos, le dejaban heno y agua en el camino.
 
Junto con el burro Asino y el gato Magnu, la vaca Milca era uno de los animales más respetado y querido de la comarca.
 
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El sapo Plopo mirò a la rana Croca. La rana Croca miró al sapo Plopo.
 
--Esta ranita es linda cuando no llora-- pensó el sapo Plomo. --Yo quiero ser su amigo.
 
--Este sapo es gordo, pero no es malo-- pensó la rana Croca. --Yo quiero ser su amiga.
 
El sapo Plopo sabía lo que la rana Croca estaba pensando, y dijo: --Hola, Rana. ¿Quieres ser mi amiga?
 
La rana Croca sabía lo que el sapo Plopo estaba pensando, y dijo: -- Sí, Sapo, quiero ser tu amiga. ¿Y tú? ¿Quieres ser mi amigo?
 
--Sí-- contestó Plopo. -- Yo quiero ser tu amigo.
 
El sapo Plopo y la rana Croca se miraron, y ambos sonrieron.
 
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El loro Pico era un loro feo, desagradable y burlón. Su cuello flaco apenas tenía plumas. Pero Pico no veía sus defectos, sólo los defectos de los otros animales.
 
--!Qué fea es Croca!--decía. --Qué gordo es Plopo! !Qué sucio es Panza! !Que viejo es Asino! !Qué lentas son Sata y Milca!
 
El loro Pico se burlaba no sólo de los animales adultos. También se burlaba de los animales niños.
 
--Qué bobito es le gatito Kito!--decía. --Qué flaquito y debilucho es el perrito Cuchi! Se arrastra como un lombriz.
 
Y Pico se echaba a reír. "!Ja! !Ja! !Ja!"
 
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La rana Croca tenía tres hermanas. Una hermana se llamaba Cruca. Otra hermana se llamaba Craca. Y la otra hermana se llamaba Creca. Croca vivía con Cruca, y Craca vivía con Creca.
 
Un día Croca y Cruca fueron de visita a casa de Craca y Creca.
 
--!Buenos tardes!-- dijeron Croca y Cruca.
 
--Buenas tardes!-- respondió Craca. Creca no estaba en casa ese día.
 
--¿Dónde está Creca?-- preguntó Croca.
 
--¿Dónde está Creca?-- repitió Cruca.
 
-- Creca fue a visitar a Plupo-- contestó Craca.
 
--¿Y quién es ese Plupo?-- preguntó Cruca.
 
--Plupo es el hermano de Plopo--contestó Craca. --Son dos sapos gordos.
 
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El grillo Kikí tenía un violín. El gatito Kito tenía una flauta. Ellos tocaban y cantaban canciones lindas y alegres.
 
Cuando Kikí y Kito tocaban y cantaban, los otros animales dejaban lo que estaban haciendo y salían de sus casas para oírlos. --¡Qué bien tocan y cantan!—-todos decían.
 
El loro Pico también tocaba y cantaba canciones. Pero sus canciones no eran ni lindas ni alegres. Sus canciones eran feas, desagradables y alardosas. El instrumento de Pico era un pito destemplado y su voz un graznido chillón. Todas sus canciones comenzaban así:
 
--¡Yo soy el loro Pico-o-o-o! ¡El pájaro más bello del mundo-o-o-o!
 
--¡Cállate, loro!-- protestaban los otros animales. --¡Qué mal cantas!-- Y todos se tapaban los oídos.
 
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El cerdo Panza y El burro Asino se encontraron en el camino central de la comarca.
 
--Hola, burro. ¿Qué te pasa?—-preguntó Panza.--¿Estás enfermo?
 
--No, cerdo, no estoy enfermo.—-contestó Asino.--Si me ves mal es porque soy viejo y estoy muy cansado.
 
--Los viejos como tú deben descansar.—-dijo Panza.--Tú trabajas demasiado.
 
--Cuando yo trabajo, me siento mejor.—-dijo Asino. No me gusta estar ocioso. Los otros animales necesitan mi consejo y ayuda.
 
--Ayúdame, pues, burro. Tengo sed. ¿Dónde puedo conseguir agua?
 
--Detrás de aquella loma—contesto Asino--hay una catarata. Vete allá y bebe toda el agua que quieras. Luego, métete en la catarata y date una buena ducha. Estás muy sucio. Hueles mal.
 
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La gata Pusa, la esposa del gato Magnu y la mamá del gatito Kito, era la señora animal más bella de la comarca. Como su hijito Kito, Pusa tocaba la flauta y cantaba canciones alegres. Ella también bailaba muy lindo.
 
Todos los sábados y días de fiesta, la gata Pusa entretenía a los otros animales con sus bailes y música.
 
--¡Que dulce su voz!-- decían unos.
 
--¡Qué bellos sus ritmos!-- decían otros.
 
--¡Cuán donosos su movimientos!--decían otros.
 
El gato Magnu estaba muy orgulloso de su esposa, y el gatito Kito de su bella mamá.
 
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El zorro Zurdo era un zorro deshonesto y tramposo. El siempre mentía. El siempre engañaba. El siempre abusaba. El nunca ayudaba.
 
El zorro, por eso, no tenía amigos, pero a él no le importaba. --Yo no quiero amigos-- decía. --Lo único que yo quiero es dinero, mucho dinero.
 
Un día, el zorro Zurdo se topó en el camino con la vaca Milca. --¿A dónde vas, vaca?-- preguntó Zurdo.
 
--Voy a casa de la perra Sata a darle leche a su hijito Cucho.—contestó Milca. --El pobrecito tiene mucha hambre.
 
Al oír esto, Zurdo se despidió de Milca y salio corriendo por el camino, y como la vaca era tan lenta, llego antes que ella a casa de la perra Sata.
 
--Buenos días, señora perra.--dijo Zurdo. --Oí que tu hijito tiene hambre y necesita leche.
 
--Si--dijo Sata. --Sus hermanitos lo empujan y no lo dejan amamantar. --Pero yo no me preocupo. Cuando la vaca Milca se entere, ella vendrá a darle toda la leche que mi Cucho quiera, y de gratis. Ella es muy generosa.
 
--Milca ya no da leche de gratis.-- mintió Zurdo. --Ahora cobra diez pesos por litro. Ella necesita el dinero para pagar los gastos de sus padres. Los pobrecitos están viejos y no pueden trabajar.
 
--¿Diez pesos por litro me dijiste?-- dijo Sata, preocupada, pues ese era todo el dinero que ella tenía.
 
--Tal como me oyes --dijo Zurdo.--Dame los diez pesos y yo se los llevo Milca para que venga inmediatamente.
 
Sata le dio los diez pesos a Zurdo, y el zorro salió corriendo.
 
Poco después llegó la vaca Milca. La perra Sata creyó que Milca había venido a darle leche a su hijito porque Zurdo le había entregado los diez pesos.
 
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El loro Pico se detuvo ante a la roca donde el sapo Plopo, como de costumbre, estaba sentado.
 
--Oye, sapo gordo—dijo Pico. --¿Por qué le dijiste a la rana Croca que ella era linda? Esa rana es fea, feísima.
 
--Te equivocas, loro.—respondió Plopo Croca es fea sólo cuando llora. Cuando está alegre es linda, liadísima.
 
--Croca es fea cuando está triste, cuando está alegre, cuando está durmiendo, cuando está comiendo, cuando está hablando . . . siempre--dijo Pico.
 
--Loro, tú no tienes derecho a decir que nadie es feo. --Tú eres el pajarraco más feo y ridículo del mundo.
 
--¡Mentira!—dijo Pico. --Yo soy bello, bellísimo.
 
Pico, enojado, se dio la vuelta y siguió por el camino cantando su canción chillona:
 
Yo soy el loro Pico-o-o-o. El pájaro más bello del mundo-o-o-o.
 
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El gato Magnu pasaba por frente de la casa de Sata cuando oyó a la perra llorando.
 
--¿Qué te pasa, Sata?--preguntó Magnu--¿Tienes un problema?
 
--Sí--contestó Sata --Mi hijito Cucho tiene hambre, y yo no puedo darle la leche que necesita, ni tengo el dinero para comprársela.
 
--Tú no tienes que comprar leche, Sata. La vaca Milca te la da de gratis. Ella es muy generosa.
 
--Milca ahora cobra diez pesos por un litro de leche--dijo Sata--ayer le compré un litro con mis últimos diez pesos y ahora no tengo dinero para otro litro.
 
--¿La vaca Milca te pidió diez pesos por un litro de leche? ¿Y tú le diste el dinero?
 
--Bueno, yo no le di el dinero a Milca directamente. Yo se lo di al zorro Zurdo, y él se lo dio a Milca.
 
--Ahora comprendo--dijo Magnu.
 
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El loro Pico un día le dijo al burro Asino--¡Oye, burro, qué viejo estás! ¡Parece que tienes cien años!
 
El burro Asino estaba harto de las burlas del loro Pico. De la bolsa que acostumbraba llevar en el lomo, Asino sacó un espejo y lo puso ante el rostro de Pico.
 
--¡Mírate, loro! ¡Mírate bien!
 
Pico no reconoció el pajarraco feo que vio en el espejo.
 
--¡Ese no soy yo!—chilló Pico. –¡Imposible! ¡Todos los animales de esta comarca saben que yo soy el pájaro más bello del mundo!
 
--Te equivocas, loro. Ese que ves en el espejo eres tú, el pájaro mas feo del mundo. No tienes derecho de burlarte de nadie.
 
Pico no supo qué decir. Asustado por el pajarraco en el espejo, Pico se dio la vuelta y salió corriendo.
 
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El gato Magnu tocó con su fuerte puño en la puerta del zorro Zurdo.
 
¡Pun! ¡Pun! ¡Pun!
 
--¿Quién es?—preguntó Zurdo, asustado.
 
--Soy yo, Magnu—contestó Magnu—el gato amigo de la perra Sata. Abre. Necesito hablar contigo.
 
--Vete, gato. ¿Qué haces aquí? ¿Para qué viniste? Tú y yo no tenemos nada que hablar.
 
--¡Tú sabes bien por qué vine, Zorro ladrón! ¡Abre inmediatamente o derrumbo la puerta!
 
El zorro Zurdo era malo, pero no era valiente. La patas le temblaban de miedo. El zorro, pues, abrió la perta y, mansamente, le dio a Magnu los diez pesos que le había estafado a la perra Sata.
 
El gato Magnu fue a casa de la perra Sata a devolverle el dinero, junto con una caja de regalitos para sus cinco bebés.
 
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El lobo Lupo era un lobo grande y fuerte. Sus poderosos colmillos podían quebrar los huesos de un toro. Pero Lupo no era feroz. Lupo era miedoso, muy miedoso. A todos los animales le tenía miedo, aún los más pequeños. Cuando veía al gatitio Kito, por ejemplo, Lupo aullaba de miedo y salía corriendo. --¡Auu! ¡Auu! ¡Este gatito me va a atacar!
 
Por ser tan miedoso, Lupo no podía cazar, y siempre andaba con hambre. Por suerte, la vaca Milca, el gato Magnu, el burro Asino, y otros animales buenos le daban de comer al lobo Lupo.
 
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El loro Pico estaba en el portal de su casa, rabiando por lo que el burro Asino le había le había dicho y mostrado en el espejo.
 
--¡Cómo se atreve Asino decir que el pájaro más bello del mundo es feo! Ese burro viejo no es inteligente como dicen. ¡Es estúpido!
 
En ese momento, el gatito Kito pasaba por la calle tocando su flauta y cantando una canción alegre.
 
--¡Cállate, gatito!—chilló Pico—estoy de muy mal humor y tu música me irrita. Y con la misma, le arrebató la flauta y, luego de picotearla, la lanzó a la calle.
 
El gatito Kito no se perturbó en lo más mínimo. Recogió su flauta y siguió por la calle tocando y cantando sus canciones alegres.
 
La rana Croca desde la ventana de su casa había visto lo que el loro malo hizo, y fue a decírselo al papá del gatito Kito, el gato Magnu.
 
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El buey Bovo era un buey bondadoso y risueño. Todos lo animales de la comarca lo querían mucho. Los mayores siempre lo invitaban a cenar. Los menores siempre lo invitaban a jugar. Y el buey Bovo alegraba a todos con su sana compañía.
 
Pero Bovo tenía un defecto. El no era inteligente. El era torpe, muy torpe. Cuando salía a la calle, siempre se perdía. Cuando tenía un cita, siempre se le olvidaba acudir. Bovo nunca aprendió a contar o a leer. Tampoco podía recordar los nombres de sus amigos.
 
¡Pobre Bovo¡ ¡Tan bueno y tan torpe!.
 
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El grillo Kikí, el gatito Kito, y su mamá, la gata Pusa, iban rumbo al parque a practicar sus bailes y música, cuando se toparon con el sapo Plopo medio dormido sobre su roca.
 
--¡Hola, sapo—dijeron los tres la vez. --¿Quieres venir con nosotros?
 
--Gracias por invitarme—contestó Plopo.—Pero yo estoy muy cómodo aquí en mi roca. A mí lo único que me gusta hacer es descansar y comer.
 
--Haces mal—dijo Pusa.—Mira lo gordo que estás. Si sigues así te vas a enfermar.
 
--¿De veras?—dijo Plopo.
 
--Mi mamá tiene razón—dijo Kito—necesitas hacer ejercicio. Ven con nosotros y te enseñaremos a bailar. Bailar es muy buen ejercicio.
 
--Y a saltar—añadió Kito—Los sapos por naturaleza son buenos saltadores.
 
Plopo oyó el buen consejo de sus amigos, y dijo—Bien, los acompaño al parque. Es hora que deje esta roca. Y hoy mismo, me pongo a dieta.
 
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El gato Magnu tocó con su fuerte puño en la puerta del loro Pico.
 
--¡Vete!—graznó el loro.—Estoy de mal humor y no quiero visitas.
 
--¡Abre, loro, o derrumbo esta puerta!—gritó Magnu.
 
--¿Quién eres?—preguntó Pico.
 
--El gato Magnu—contestó Magnu--el padre del gatito Kito. ¿Es cierto lo que me han dicho, que le quitaste la flauta a mi hijito y la tiraste en la calle?
 
--¿Ese gatito es tu hijo? Con razón es tan feíto. Se parece mucho a ti.
 
--¡Loro burlón! ¡Te voy a desplumar!. Y con una fuerte patada el gato Magnu derrumbó la puerta.
 
--¡No me toques!—chilló Pico. --Un gato tan feo como tú no tiene derecho a lastimar a un loro tan bello como yo.
 
--¡No me hagas reír, imbécil!—respondió Magnu. —Tú eres el único feo, y ahora, sin plumas, vas a ser más feo aún.
 
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--Ayer vi un sapo nuevo en el parque--dijo la rana Cruca a sus hermanas Croca y Creca.
 
--¿Y cómo era ese Sapo?—preguntó Creca.
 
--Era musculoso y ágil—dijo Cruca. !Que bien saltaba! ¡Qué bien bailaba! y ¡Qué bien cantaba y tocaba la flauta! No era nada como ese sapo Plopo que se pasa el día entero comiendo y descansando sobre un roca.
 
Ál oir esto, la rana Croca se echó a reír. (Croca ya no era triste como antes. Ahora era alegre.)
 
--¿Por qué te ríes, Croca?—preguntó Cruca.
 
--Porque te equivocas—dijo Croca. –Ese sapo que viste el parque era el sapo Plopo.
 
--¿El sapo Plopo? ¡Imposible!—exclamaron Cruca y Creca.
 
--Tal como lo oyen—dijo Croca. —La gata Pusa, su hijito Kito, y el grillo Kiki le enseñaron a saltar, a bailar, a cantar, y a tocar la flauta; y plopo, por su parte, se puso a dieta y adelgazó mucho. Ya Plopo no es comelón y perezoso como antes. Ahora es un sapo maravilloso. La semana pasada compitió en el campeonato nacional de saltos y ganó tres medallas.
 
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El perro Sarno era un perro malo y agresivo. Pero el nunca atacaba a animales grandes y fuertes. El sólo atacaba a animales más pequeños y débiles que él.
 
Un día Sarno vio al perrito Cucho jugando con sus hermanitos en el parque. Gracias a la leche de la vaca Milca que Milca le daba, Cucho ya no se arrastraba. Ahora estaba crecidito, y de todos los hijitos de Sata, él era el más juguetón.
 
--¿Por qué estás tan alegre, perrito?--gruño Sarno--Tu alegría me enoja mucho--Y sin más ni más, le jaló las orejas al pobre Cucho.-- Yahora vete a tu casa, tú y tus hermanitos. No quiero ver perritos feos jugando en mi parque.
 
Cucho y sus hermanitos regresaron a su casa llorando, y le contaron a su mamá lo que había sucedido; y cuando el gato Magno paso por casa de Sata para ver cómo andaba, Sata se lo dijo a Magnu.
 
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La gata Pusa, el gatito Kito, y el grillo Kiki enseñaron al Sapo Plopo a bailar, cantar, y tocar la flauta. Plopo, a su vez, enseñó a su hermano, Plupo, y ellos a Croca, Cruca y Creca, las tres ranas hermanas.
 
Ahora todos los sábados los dos sapos y las tres ranas se juntaban en el parque o en la plaza central con la gata, el gatito y el grillo para entretener a los animales de la comarca. Tanto gozaban los animales del espectáculo, que no dejaban de aplaudir.
 
El cerdo Panza, sobre todo, los admiraba mucho. –Yo quisiera bailar y cantar tan bien como ustedes—les dijo. ¿Me podrían enseñar?
 
--Con mucho gusto—contestaron ellos—pero primero tienes que bañarte. Hueles muy mal.
 
El cerdo Panza, pues, fue a la catarata a darse una buena ducha, la primera en su vida, y al rato volvió limpiecito, listo para aprender.
 
El buey Bovo también se unió al grupo, Aunque no podía recordar el paso de los bailes, ni las notas de la música, ni la letra de las cancones, él entretenía a los concurrentes con sus brincos y mugidos alegres. Bovo también recibía muchos aplausos.
 
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¡Pun! ¡Pun! ¡Pun! ¡PUN!
 
Por la fuerza de los golpes en la puerta, el perro Sarno sabía que el gato Magnu había venido a castigarlo por haberle jalado las orejas al perrito Cucho. Las patas, la cola, el hocico, todo el cuerpo del perro malo, temblaba de miedo.
 
--¡No hay nadie en casa!—aulló Sarno.
 
—¡Vuelve mañana!
 
--¡Abre o derrumbo la puerta!—gritó Magnu.
 
--¡Te dije que no estoy aquí!—contestó Sarno.--¡Vete!
 
De un gran empujón, Magnu derrumbó la puerta.
 
Al ver la figura formidable del gato, Sarno trató de escapar por un ventana, pero el gato lo agarró por la cola y lo empujó contra la pared.
 
--¡Suéltame!--aulló Sarno! Yo no ataqué al perrito, Fue él quién me atacó a mí, y tuve que defenderme. ¡Suéltame!
 
Pero Magnu no lo soltó.
 
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En rumbo al parque un día el grillo Kikí y el gatito Kito Kikí oyeron a un animal gimiendo y aullando a toda voz .--¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Au! ¡Au! ¡Au-u-u!
 
--¡Pobre animal! ¿Qué le habrá pasado?—se preguntaron, y fueron a investigar.
 
Detrás de un arbusto al lado del camino encontraron al lobo Lupo, temblando de cola a cabeza.
 
--¿Qué te pasó, lobo?— preguntaron. ¿Estás enfermo? ¿Te lastimaste? ¿Por qué te quejas así?
 
--Porque el loro Pico me picoteo las patas—sollozó Lupo.
 
--¿Y tú por que no te defendiste?—preguntó Kikí.
 
--Porque le tengo mucho miedo a ese loro—contestó Lupo. El es muy malo.
 
--¿Pero, cómo es posible que un lobo tan grande y tan fuerte como tú le tenga miedo a pajarraco tan flaco y debilucho como Pico?—preguntó Kito.
 
--Tú no tienes por qué temerle a ese loro, ni a ningún otro animal—añadió Kikí—Tú eres lobo, y los lobos por naturaleza son animales valerosos.
 
--Yo no quiero ser feroz—lloriqueó Lupo.—Yo no quiero ser valeroso. Yo no quiero ser lobo. Lo único que yo quiero es estar en casa con mi mamita.
 
El lobo Lupo salió detrás del arbusto donde se había refugiado y, con el rabo bien metido entre las patas traseras, se fue corriendo a casa de su mamita.
 
El grillo Kikí y el gatito Kito se miraron con asombro. Nunca habían conocido a un animal, grande o pequeño, tan miedoso como el lobo Lupo.
 
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Una noche oscura el loro Pico y el perro Sarno se juntaron en el bosque para tramar contra el gato Magnu.
 
--¡Ese gato malo me desplumó!—chilló Pico.
 
--¡Ese gato malvado me dio una paliza!—gruñó Sarno--¡Tenemos que vengarnos!
 
--De acuerdo—dijo Pico.—Mañana, cuando Magnu pase por el bosque rumbo a su trabajo, tú lo atacas por delante, y yo lo ataco por detrás.
 
--No, no--protestó Sarno.—Tú lo atacas por delante, y yo lo atacó por detrás.
 
--No, no—respondió Pico—Mi plan es mejor. Yo soy más inteligente que tú. ¡Haz lo que te digo!
 
--¡No me insultes loro feo!—gruñó Sarno. Tú haz lo que te digo. Yo soy más grande y más fuerte que tú.
 
El loro Pico y el perro Sarno se miraron con ira.
 
¡Estúpido!—graznó Pico.
 
¡Imbécil!''—ladró Sarno.
 
Y sin más ni más, el loro y el perro se enredaron en tremenda lucha.
 
El loro picoteó y picoteó al perro con furia. El perro mordió y mordió al loro sin piedad. Sus gritos e injurias resonaban por todo el bosque.
 
--¡Perro asqueroso!
 
--¡Loro apestoso!
 
--¡Te voy a desollar el pellejo!
 
--¡Te voy a arrancar las pocas plumas que te quedan!
 
--¡Maldito fue el día que te conocí!
 
Los pajaritos y ardillitas del bosque que oían la terrible batalla se escondían de miedo.
 
Al fin ambos combatientes cayeron al suelo, inconscientes.
 
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El lobo Lupo se había escondido detrás de una roca, porque un pajarito levantando del vuelo lo había asustado.
 
Allí estaba el lobo, temblando de cola a cabeza, cuando oyó unos gritos que venían del río.--¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Yo no puedo nadar!
 
Metiendo la cola entre sus patas traseras, el miedoso lobo salió detrás de la roca y se fue corriendo a buscar refugió en casa de su mamita. Pero al pasar por el río, Lupo reconoció la voz pidiendo auxilio. Era la voz del perrito Cucho. El travieso hijito de Sata se había caído en el río y estaba a punto de ahogarse.
 
El lobo Lupo de pronto, perdió el miedo. Un valor qué él nunca había sentido tomó control de su poderos cuerpo. Ignorando el peligro, Lupo salto en el río y, nadando contra la fuerte corriente, salvó al perrito Cucho.
 
El lobo cobarde ahora era el héroe de la comarca.
 
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El gato Magnu cruzaba el bosque rumbo a su trabajo cuando oyó unos gemidos lastimosos.
 
--¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!
 
Magnu fue a investigar, y debajo de un árbol halló a sus dos enemigos, el loro Pico y el perro Sarno, ambos muy malheridos.
 
El buen gato sintió piedad por ellos, y luego de darles agua y cubrirlos con su capa, se apresuró a traer una ambulancia.
 
Al poco rato Magnu regresó en la ambulancia con un equipo de enfermeros. Los enfermeros le dieron a Pico y a Sarno los primeros auxilios y, acompañados de Magnu, los llevaron al hospital. Allí los médicos en el salón de emergencia atendieron a los dos heridos, salvándoles la vida. Y el gato Magnu pagó la cuenta.
 
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--Yo soy millonario.
 
--Yo tengo diez palacios.
 
--Yo juego fútbol con los campeones mundiales.
 
--Yo puedo levantar 100 kilos con un dedo.
 
--Yo nadé 200 kilómetros sin descansar.
 
--Yo hablo quince idiomas.
 
--Yo maté cinco elefantes con una sola piedra.
 
--Yo inventé una bicicleta que vuela por las nubes.
 
El animal que decía todo esto era el conejo Lepo, un visitante de otra comarca. Lepo no era un animal malo, pero tenía la mala costumbre de mentir. Su conversación era una mentira tras otra.
 
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El gato Magnu fue al hospital a visitar a sus enemigos, el Perro Sarno y el Loro Pico. Magnu los había llevado al hospital y salvado la vida, y aún pagado la cuenta, pero el perro malvado y el loro burlón no apreciaron su generosidad.
 
--¡Qué fea es está habitación!
 
--¡Qué incómoda es esta cama!
 
--¡Qué pequeño es el baño!
 
--¡Qué largo es el pasillo!
 
--¡Qué desabrida la comida!
 
--¡Qué estúpidos los médicos!
 
--¡Qué lentas las enfermeras!
 
--¿Por qué nos trajiste aquí, gato—chilló Pico.
 
--¿Nosotros merecemos un hospital mejor!—gruño Sarno.
 
Magnu miró al loro y al perro con ira. Quería darle una buena sacudida a cada uno. Pero no hizo ni dijo nada. Encogiendo sus poderosos hombros en gesto de disgusto, se dio la vuelta y salió del hospital.
 
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Los animales se reunieron en la plaza para festejar al héroe de la comarca, el lobo Lupo. La celebración duró todo el día.
 
El gato Magnu pronunció un largo y emotivo discurso de gratitud.
 
El grillo Kikí cantó tres canciones que había compuesto a la valentía de Lupo.
 
El gatito Kito tocó el himno de la comarca en su flauta.
 
La gata Pusa bailó un baile muy lindo con unas cintas de distintos colores en un mano y un ramo de flores en la otra.
 
El burro Asino leyó un poema, escrito por él mismo, titulado Nuestro héroe.
 
Las ranas Croca, Cruca y Creca cantaron una canción de amor materno que hizo llorar a la perra Sata.
 
Los sapos Plopo y Plipo hicieron una demonstración de saltos.
 
El cerdo Panza dio una charla sobre el aseo personal.
 
La vaca Milca repartió pomitos de leche y crema.
 
El buey Bovo improvisó sobre uno muro una danza de zancadas muy graciosas.
 
El zorro Zurdo se escurrió entre los festejantes, tratando de venderles firmas falsas del héroe Lupo.
 
Mientras tanto, el loro Pico y el perro Sarno, ya recuperados de sus heridas, se quejaban y burlaban de todo.
 
--¡Qué discurso más aburrido!
 
--¡Qué canción más fea!
 
--¡Qué baile más cursi!
 
¿Y dónde estaba el festejado? Escondido debajo de una mesa. La música y los espectáculos lo habían asustado.
 
________
 
El zorro Zurdo, el loro Pico y el perro Sarno andaban por la plaza central tramando contra el gato Magnu cuando se toparon con un conejo que no conocían.
 
--Un forastero—pensaron—y los tres a la vez vieron que aquel conejo no era un animal valiente y fuerte como Magnu, o inteligente como Asino, sino un animalucho débil y simplón, fácil de estafar o robar.
 
--Buenos días, señor conejo—saludó Zurdo.
 
--Buenos días, señor Zorro—respondió el conejo.
 
--Usted no es de esta comarca, ¿verdad?—preguntó Pico.
 
--No, contestó el conejo—yo vivo en la comarca al otro lado del río Sólo estoy aquí de visita. Pasado mañana regreso a mi comarca porque allí tengo un asunto muy urgente.
 
--¿Un asunto muy urgente dijo usted?—indagó Sarno.
 
--Sí, señor—respondió el conejo. Mi abuela Lepona murió hace poco y me dejó un herencia de 20 millones de pesos. El dinero está en el banco central de mi comarca. Tengo que ir allá a cobrarlo.
 
El conejo siguió rumbo al hotel donde estaba hospedado, y Zorro, Pico y Sarno se fueron al bosque a tramar un plan para robarle los 20 millones al conejo simplón. Como Zurdo era el que más sabía de robos y estafas, Pico y Sarno aceptaron el plan del zorro.
 
--El conejo dijo—explicó Zurdo—que pasado mañana iba al banco a cobrar el dinero. Si nosotros vamos al banco hoy mismo y llegamos antes que él, podremos reclamar el dinero. Con los documentos falsos que tengo, yo puedo convencer al banco que soy el nieto de la abuela Lepona y ustedes dos mis abogados. Luego nos repartirnos el dinero en tres partes iguales. ¿Qué les parece?
 
--¡Buena idea!--dijo Pico.
 
--¡De acuerdo!--dijo Sarno.
 
--Vamos, pues--dijo Zorro.
 
El zorro, claro, no tenía intención ninguna de repartir los 20 millones con sus cómplices; y el loro y el perro, a su vez, ya habían tramado su propio plan para robarse todo el dinero.
 
--Yo les robare cuando estén dormidos--pensaba Pico.
 
--Yo me pondré una máscara para que no me reconozcan y los asaltaré cuando estén solos--pensaba Sarno.
 
--Yo les daré su parte en moneda falsa--pensaba Zurdo.
 
Pero lo que ninguno de los tres sabía era que el conejo simplón que iban a estafar era el mentiroso conejo Lepo. El cuento de la abuela Lepina y la herencia de 20 milliones de pesos era todo una mentira.
 
Cuando Zorro, Pico, y Sarno llegaron al banco a reclamar el dinero con sus documentos falsos, el gerente del banco llamó a la policía, y los tres cómplices fueron a parar a la cárcel.
 
________
 
Una tarde de invierno la vaca Milca iba por el camino a darle leche a un animalito cuando se topó con el buey Bovo.
 
--¡Hola, Bovo!--dijo Milca.--¿Qué hace por aquí?
 
--Hola, vaca--contestó Bovo. (El no recordaba nombres)--Estoy jugando fútbol. No tengo un pelota de verdad, pero aquí hay una imaginaria. ¡Mira que bien juego!--Y el simple buey se puso a cabecear y dar patadas a su pelota imaginaria.
 
Fascinada con el juego de Bovo, Milca se puso a jugar con él. Pero por ser un poco gorda y algo vieja, perdió el equilibro y cayó pesadamente contra un roca. La pobre vaca trató de levantarse, pero no pudo. Se había quebrado una pata.
 
________
 
El burro Asino amaneció un día sintiéndose muy mal. Todo el lado izquierdo de su cuerpo estaba paralizado. El pobre burro no podía caminar, ni hablar muy bien tampoco.
 
El médico le recetó una medicina y mucho reposo. Pero Asino no reposó. Todas las mañanas tempranito se arrastraba a su escritorio y allí, con su mano sana, se pasaba hora tras hora escribiendo en un cuaderno.
 
Los animales que venían a traerle agua y comida y a limpiarle la casa le preguntaban:--¿Qué es lo que escribes en ese cuaderno, Asino?
 
--Una historia--contestaba Asino, y sin explicar por qué, cambiaba el tema.
 
Las visitas de sus amigos--Magnu, Kiki, Kito, Croca, Plopo, Panza, Pusa, Sata, Milca y otros--alegraban mucho al burro Asino. Pero su salud no mejoró.
 
________
 
Ya era de noche y estaba nevando. Temblando de dolor y frío, la vaca Milca miró hacia el cielo y empezó a rezar. El buey Bovo había ido en busca de ayuda, pero al no regresar, Milca sabía que Bovo se había perdido, y que a esa hora y con tanta nieve, ningún animal iba a pasar por el camino.
 
La vaca Milca se sintió sola, desamparada, pero no perdió las esperanzas, y siguió rezando; y a medida que rezaba, una luz clara apareció entre los árboles al borde del camino.
 
La luz se fue acercando a Milca, y al llegar a ella, la luz tomó la forma de un hermoso ángel. El angel puso una mano sobre la frente de Milca, y los ojos de la buena vaca lentamente se cerraron.
 
________
 
Pasaron muchos años. La comarca ahora estaba poblada por un nueva generación de animales.
 
Un día dos cabritas estaban jugando a los escondidos en la ruinas de una casa antigua. Debajo de un tabique encontraron una caja de metal mohoso. Dentro de la caja había un maletín, y dentro del maletín un cuaderno cuyas páginas estaban escritas en ambos lados en un letra débil pero clara.
 
Como las cabritas todavía no sabían leer, le llevaron el cuaderno a su mamá para que se lo leyera. La mamá abrió el cuaderno en la primera página, y leyó:
 
La rana Croca era una rana triste. Ella nuca cantaba. Ella nunca jugaba. Ella nunca reía. Ella siempre lloraba. Su amiguito Kikí, el grillo cantor, le cantaba canciones alegres. Pero Croca no escuchaba. Ella sólo lloraba y lloraba.
 
El cuaderno que las cabritas habían encontrado era la historia que el burro Asino había escrito muchos años atrás, y estos cuentos que acabamos de leer.
 


 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

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Published on e-Stories.org on 01/22/2009.

 

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