Román Sandoval Torres

Paseo de media noche

Que es la noche?, -dijo serenamente Ángela- mientras veía la enigmática luna, posada en lo más alto del cielo, sobresaliendo de entre la copa de los árboles, revelando su oscura belleza y su rostro misterioso.
 

 
Cada que tenía la oportunidad, salía de la cama a la media noche; cruzaba por el pasillo sigilosamente hasta llegar a la sala, la cual atravesaba y llegaba justo a la recámara de su hermana, ubicada al lado de la de su madre.
 
-Jenny, Jenny, despierta dormilona- susurraba al oído como si se tratara de un gran secreto. Déjame en paz, vete de aquí- contestaba Jenny con molesto ademán-
 
-No seas perezosa, ¿que no te gustaría dar un paseo como los viejos tiempos?. Ándale, anímate, como cuando lo hacíamos con papá-
 

 
Papá ya no está aquí- respondía Jenny sollozando- y nunca lo estará, no quiero ver ese tonto bosque que se lo ha llevado, no quiero que me lleve a mi, me asusta mucho, tampoco deberías ir, puede pasarte algo.
 
No me pasará nada y a ti tampoco, papá estaría orgulloso al vernos que hacemos lo mismo que cuando éramos niñas, sería como seguir la tradición.
 

 
No quiero¡¡¡¡, vete de aquí o le diré a mamá-exclamó Jenny muy molesta por la insistencia de Ángela-.
 
Pues tu te lo pierdes, eres una tonta ridícula que cree en los cuentos de esas viejas de a lado. El bosque está vivo………………que bobadas¡¡¡- lo decía Ángela en tono grotesco-
 
Salió de inmediato de la habitación y se dirigió directamente hacia el jardín, el cual daba hacia el bosque.
 

 
Aún no puedo creer que Jenny sienta tanto miedo al ver la oscuridad- susurró un tanto incrédula- ¡¡Por dios, que mal puede tener éste manto negro!!. Todo es fantástico, hasta un poco romántico; creo que jamás lograré convencerla de caminar conmigo por el bosque. Muy bien, basta de sandeces, me limitaré a hablar y disfrutaré de esta caminata.
 

 
Ángela parecía un tanto extasiada con la noche y la soledad, siempre  creyó en que lo misterioso y sobrenatural haría acto de presencia frente a ella, pero algo en su interior trataba de advertirle sobre el peligro al que se exponía, tal vez solo era esa sensación de estar sola en medio de lo que podría ser un trágico escenario de horror de una película barata.
 
Caminaba a paso lento a través del estrecho sendero que ella y Jenny formaron de pequeñas con tantas caminatas bosque adentro, buscando incesantemente las pistas que su padre dejaba en lugares estratégicos. Pistas que llevaban a obtener el tesoro que él tenía como regalo para sus aventureras.
 
En su mente, Ángela cantaba aquella canción que de niña entonaba tan dulcemente mientras buscaba y buscaba entre cada arbusto, cada tronco viejo y húmedo invadido de musgo, hongos grandes que alojaban gran cantidad de bichos raros y olores fétidos.
 

 
Pero esa misma noche de luna nueva, sus ideas de fantasía e irrealidad le revelarían la cruda y aterradora verdad que en su vida siquiera imaginó.
 
Miraba a todas direcciones (ayudándose de su lámpara de caza), buscando cualquier pista que hubiera quedado en el pasado, algo que le devolviera tan siquiera una pequeña esperanza, que le recordara a su padre y aquellos tiempos donde todo era felicidad.
 

 
Sé que por aquí habrá alguna pista, no es posible que las hayamos encontrado todas, eran………..demasiadas para que unas niñas de primaria obtuvieran cada una.
 
Ángela buscaba de entre la espesa alfombra hecha de hojas del otoño pasado, levantaba cada rama seca que se encontraba a su paso, incluso metía las manos en el fango revolviendo todo y estando muy atenta a lo que pudiera tocar.
 

 
Nada…-decía un tanto desilusionada- es como si nunca hubiese sucedido, quizá Jenny tenía razón, ya no queda nada de papá en este lugar.
 
Lo mejor será que dé media vuelta y regrese a casa para dormir.
 

 
Echó un último vistazo al lugar y procedió a retirarse, pero en cuanto volteó el rostro hacia atrás, le pareció escuchar algo extraño, como si se tratara de una voz que le hablaba.
 
Se quedó muy quieta, poniendo sus 5 sentidos al máximo para lograr descubrir de lo que se trataba.
 
No escuchó nada, dedujo que era solo su imaginación la que se aferraba al pasado.
 
Nuevamente se dispuso a retirarse de ahí, y de nuevo, al volver el rostro en dirección a casa, una brisa suave y helada tocó su nuca, produciéndole un escalofrío al percatarse de que fuera lo que fuera esa cosa, la llamaba por su nombre, “por aquí ”, decía aquella voz, ¿era lo que parecía?, algo la estaba llamando, por loco que pareciera, el bosque la estaba guiando. Pero no estaba del todo convencida de seguir adelante, ahora estaba más segura de que no era su imaginación.
 

 
¿Si………….?- pronunció Ángela un tanto confusa y titubeante- ¿Hola?, ¿hay alguien ahí?. Si eres tu Jenny, te informo que no lograrás asustarme, debes esforzarte mucho más para lograrlo. No sabía si creer el que Jenny hubiese sido tan valiente después de todo y salir en medio de la noche al bosque para jugarle una broma y darle su merecido.
 

 
Mejor me voy de aquí. Puedo regresar mañana por la tarde para seguir con la búsqueda. Si, eso haré, es buena idea- se animó un poco-
 
Dio marcha atrás  a paso forzado, tratando de no pensar en esa voz. Esquivaba cada obstáculo fácilmente, limitándose solo a mirar hacia el frente, haciendo caso omiso a cualquier cosa que pudiera no ser real.
 

 
“Falta poco, estoy muy cerca, pronto me encontraré con la cerca del jardín, estaré en cama, dormiré y olvidaré este mal momento”. Si, eso pasará -sentía un poco de esperanza-
 
Posicionó la lámpara de modo que pudiera ver el resto del camino y pudo ver un vestigio de la cerca mal pintada, la cual, había sido construida por su padre, una semana antes de morir.
 

 
Una pequeña sonrisa adornó su rostro y le devolvió la tranquilidad al darse cuenta de que esto terminaría tan rápido como comenzó. Todo parecía positivo, salvo la luz que emanaba la lámpara, esta se atenuaba de poco a poco, pasando de blanco intenso al débil color que se producía cuando los rayos del sol entraban por su ventana, sin poder penetrar la gruesa tela de la cortina hecha por su madre.
 

 
¡¡¡No, no, no, no!!!, no es posible que me pase esto, por favor, resiste un poco más.
 
Pero parecía que sus palabras no eran de mucha ayuda, y la luz desaparecería sin duda alguna.
 
Al convencerse de que estaría a merced de la oscuridad absoluta, apresuró la marcha. Ahora emprendía una carrera un tanto torpe, a causa de la maleza que impedía un paso libre. Corría lo más que podía, pero era inútil, la yerba estaba húmeda y el suelo demasiado resbaladizo.
 
Por fin la luz dio su última señal de vida y la oscuridad reinó en su entorno. Ángela se estremeció al saber que debía atravesar el resto del bosque a ciegas y tan solo confiar en su instinto, en sus recuerdos de tantas aventuras de las cuales formó parte tiempo atrás. Pese a no ver nada en cualquier dirección, seguía moviendo sus piernas de manera que la llevaran solo en dirección contraria de la huía.
 
La voz que en un momento escuchó se borró de su mente, no tenía tiempo de pensar en nada que no la guiara a casa. Pero ese argumento no fue del todo acertado. La fuerza del viento aumentó de manera extraña y con ello la voz que la atormentó.
 

 
Volvió a escuchar esas palabras que le erizaron la piel de todo el cuerpo, igual que la última vez, incluida esa suave brisa que acariciaba su nuca y escuchó atentamente mientras corría con incertidumbre, “por aquí”. Ángela se detuvo al instante, quedando petrificada cual estatua romana. Tenía los ojos sellados, cerciorándose de no poder ver nada que la rodeara. Agudizó tanto sus sentidos, que fácilmente podía percatarse de cualquier cosa que pasara cerca, incluso, pudo escuchar a un saltamontes pasando de rama en rama.
 
Era claro que sentía una fuerte presencia muy cerca de ella, algo que pareciera estar al acecho, tal vez era una bestia horrible que la devoraría en cuestión de segundos, o podría ser solo un animal que sintió curiosidad y se dispuso a seguirla. Deseaba con todas sus fuerzas que fuese la segunda opción, por que de ser lo contrario, sufriría de una muerte terrible.
 

 
En su mente giraban miles de pensamientos que le impedían mover tan siquiera un dedo, se dijo que no podría hacer nada en caso de tener una pequeña oportunidad para zafarse de esa situación.
 
-Tranquila Ángela, tranquila, no te pasará nada, creo - se dijo a si misma- solo abre los ojos para que de una buena vez, todas tus dudas se aclaren, total, ya estás en un aprieto.
 
Pero todo su ser se negaba a obedecer esa orden, no quería ver por que tan solo el susto que pasaría sería suficiente para provocarle un infarto.
 
-Que curioso- pensó- puedo morir como mi padre, de un infarto que extrañamente sufrió una tarde mientras dejaba pistas para nosotras.
 

 
Eso es –supuso Ángela-, mi padre se encontró en la misma situación que yo y eso fue lo que lo llevó a la tumba. Cada vez estaba más convencida de abrir los ojos y enfrentar la realidad, incluso, si eso le costaba la vida.
 

 
Debo hacerlo, debo hacerlo –decía animadamente- debo encararlo, tengo que saber lo que es de una vez por todas, bien, contaré hasta tres, 1, 2, 3 y al momento que abrió los ojos, no podía creer lo que veía. Nada estaba frente a ella, todo fue una farsa y una pérdida de tiempo.
 
-Me siento como una tonta, solo fue mi retorcida imaginación, decidido, no mas películas de terror-
 
Miró hacia todas direcciones, arriba, izquierda, derecha, para cuando miró hacia abajo, notó que la tierra se había tornado de un color distinto a todo el camino. Era como si hubiesen cavado un pequeño hoyo y cubierto con tierra blanca de otro lugar.
 

 
Ángela se inclinó para ver mejor, puesto que todo estaba oscuro, tocó la superficie con mucha precaución y se dio cuenta de que esa pequeña área no pertenecía ahí.
 
Removió la superficie con cuidado e introdujo su mano izquierda. Sus dedos hicieron contacto con algo sólido en el fondo, lo sacó rápidamente, un tanto confusa por todo lo que pasaba. Cuando por fin pudo tenerlo cerca de su rostro, una expresión de sorpresa cambió por completo las sensaciones negativas a positivas.
 

 
Era una caja de madera, dejada atrás hace tiempo, de las que utilizaba su padre para ocultar una pista.
 
“Pero no puede ser posible, esto no estaba cuando pasé hace unos minutos por aquí, debe haber una explicación”. Ángela nunca estuvo tan confusa como ahora. Se incorporó de inmediato y tomó la caja de madera para continuar camino a casa.
 

 
Por fin se topó con la cerca del jardín que había visto antes de que la lámpara consumiera las baterías. Se apresuró a entrar, decidida a descubrir el contenido de dicha caja.
 

 
Entró a su habitación y se tumbó a la cama, presionando la caja contra su pecho. Sentía su corazón palpitar a mil por hora, tanto por el gran susto por el que pasó, como por la excitación que la invadía al querer saber el contenido. Se puso de pie y se dirigió hacia su escritorio, donde encendió la lámpara que utilizaba para escribir en su diario, cada que el sol comenzaba a ocultarse.
 

 
Revisó cada una de las caras de la caja y notó que una de ellas tenía una cerradura. Se diño cuenta de que necesitaba una llave para abrirla, llave que no tenía. Pensó en azotarla contra el piso, pero eso significaría hacer ruido y no quería despertar a su hermana, mucho menos a su madre. Tendría que abrirla en la mañana.
 

 
Ángela no pudo dormir el resto de la noche. Su mente estaba plagada de imágenes sobre el contenido.
 
La noche terminaba y el sol iluminaba el horizonte, con rayos tenues directo a su ventana y dirigiendo el reflejo justo al rostro de Ángela.
 

 
No podía esperar más, tenía que abrirlo.
 
-Por fin sabré lo que hay dentro- decía en tono impaciente- aquí voy.  Justo cuando elevó sus manos lo más que pudo para azotarlo contra el piso, entró Jenny un tanto somnolienta y dijo: ¿Que estás haciendo?, ¿que tienes ahí?, -nada, no es nada- respondió Ángela.
 

 
Como que nada, mejor baja los brazos y dime que tienes entre manos. Eso parece ………………..una caja de pistas?, - Jenny abrió los ojos de par en par, haciendo varias preguntas a la vez, ¿en donde lo encontraste?, ¿puedo verla?, ¿qué tiene dentro?.
 

 
No lo sé- contestó Ángela- aún no lo he abierto, tiene una cerradura y no tengo la llave, así que lo romperé.
 
Espera, no lo hagas- respondió Jenny- déjame ver que tipo de cerradura es.
 
Ángela acercó la caja de madera a su hermana, esta la tomó con ambas manos, un tanto temblorosas por la impresión y la observó detenidamente.
 

 
¡¡Wow!!, es como las que papá enterraba en ocasiones especiales para esconder pistas importantes- comentaba Jenny más impresionada que nunca- que extraño, un día de búsqueda encontré una bolsa de cuero que papá utilizaba para portar sus municiones, en ella había una pequeña llave de metal dorado. Ahora me pregunto, ¿será la llave que abre esta caja?
 
No lo sé,  ¿aún tienes esa llave?- cuestionó Ángela seriamente-
 
Por supuesto que si- dijo Jenny- voy por ella.
 

 
Jenny corrió a su habitación y recogió la llave que guardaba debajo de la almohada y la llevó de inmediato donde Ángela la esperaba impacientemente.
 

 
-Aquí está la llave Angie, ya podemos abrirla-
 
Se sentaron juntas en la cama, mirándose fijamente a los ojos con un poco de incertidumbre.
 
Jenny introdujo la llave en la cerradura y Ángela levantó muy despacio la tapa de la caja.
 

 
En su interior, se encontraban dos pequeños pergaminos de papel enrollado, sujetados con un listón rojo y uno rosa.
 
Ángela supo de inmediato que el que llevaba el listón rojo era para ella, puesto que el rojo siempre fue su color favorito. Jenny supo lo mismo.
 

 
Ambas se dispusieron a quitar el listón del pergamino que les pertenecía, lo desenrollaron, notaron que había algo escrito y lo leyeron por separado mentalmente.
 

 
Al cabo de unos instantes, ambas tenían lágrimas que escapaban de sus ojos. Jenny dio un sobresalto, tiró la carta al suelo y se retiró inmediatamente de ahí, dirigiéndose a su cuarto.
 

 

 

 
Ángela pudo contenerse y terminó su carta, recogió la de su hermana y leyó lentamente. Ésta decía:
 
                 Mi querida Jenny, si estás leyendo esta carta, significa que ya no estoy con ustedes. Quiero que sepas que te amo desde el día en que abriste los ojos. Siempre estaré orgulloso de ti. Sigue tus sueños cada día de tu vida, verás que lograrás lo que realmente deseas.
 

 
Quiero pedirte perdón si alguna vez te hice sentir mal, y quiero que sepas que estaré a tu lado, cuidándote a cada instante.
 
                        
 
                          Te ama papá.
 

 
Decía casi lo mismo que en la suya, solo con una pequeña diferencia. En la carta de Jenny, tenía una fecha distinta, decía: 16 de Noviembre de 1980. Mientras que en la suya decía: 20 de Enero de 1993. Era la fecha de de ayer por la noche.
 

 
Ángela estaba pasmada y se estremeció más aún, cuando vio que una pequeña lágrima caía en la carta y revelaba una última frase al final de la hoja, escrita con letras muy pequeñas, estas rezaban: siempre te he protegido y ayer no fue la excepción; prométeme que jamás regresarás al bosque, de lo contrario podrás sufrir de una muerte terrible. Ahora están a salvo, pero no por mucho tiempo, deben irse lo más rápido posible de este lugar. No podré contenerlo, no, ya no. Me ha consumido.
 

 
Esas fueron las últimas palabras que mi madre escribió en su diario. Que extraño, varias fechas no concuerdan, probablemente hubo una confusión.
 
Lo añadiré en mis memorias, ah, pero primero…………………... un paseo por el bosque.
 

 

 

 

 

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Román Sandoval Torres.
Published on e-Stories.org on 10/01/2009.

 

Comments of our readers (0)


Your opinion:

Our authors and e-Stories.org would like to hear your opinion! But you should comment the Poem/Story and not insult our authors personally!

Please choose

Previous title Next title

Does this Poem/Story violate the law or the e-Stories.org submission rules?
Please let us know!

Author: Changes could be made in our members-area!

More from category"Mystery" (Short Stories)

Other works from Román Sandoval Torres

Did you like it?
Please have a look at:

DOS EXTRAÑOS - Román Sandoval Torres (Thoughts)
Heaven and Hell - Rainer Tiemann (Humour)