Concesa Muñoz Bescos

Relato final

A partir de la educación recibida por un ser humano de unas determinadas características y mediado por algún tipo de contexto, se va formando la ideología de aquel ser. Esta serie de meditaciones en general, suelen provenir del ambiente y entorno de formación.
A pesar de que no se puede combatir la idea de que cada persona es un mundo completamente diferente, los seres humanos, en general, poseemos unas tendencias similares; aunque hay ocasiones en las que es inimaginable la reacción de cada persona, ya sea instintiva o mediada.
Todo lo dicho no es atribuible a seres tan atípicos como el que voy a osar a describir.
Años de numerosos encuentros con él, y conversaciones aparentemente normales me hicieron ir descubriendo poco a poco el carácter de este personaje.
Su voz firme y envolvente me llenaba de placer cuando mostrando un cierto desinterés, algo fingido, se dirigía a contarme cualquier cosa, seguro, interesante. Era como si el resto de seres humanos y problemas desapareciesen y solo quedáramos él y yo.
Podía atreverse a hablar de casi todos los temas de actualidad, ya que destacaba su gran facilidad de palabra y por supuesto, de conocimientos. Adquiría cantidad de datos sobre cualquier curiosidad, buscaba en libros, imágenes, gentes... todo aquello que pudiera resultarle interesante. Gracias al manifestado interés de mi Dios particular, su forma de ser y por tanto de actuar era delicadamente rica y admirable, lo que le convertía en un hombre capaz de hipnotizar a cualquier ser que tuviese el placer de poder conversar con él.
Sus ideas estaban insertadas en su pequeño y gran archivo como si de estacas fuertes y firmes se tratara; la claridad y definición que poseía en todos los temas que exponía, bordaba sus palabras y expresiones de un toque muy especial.
Su mente se abría con el progreso, dejando a un lado sus prejuicios; así nunca se quedaba estancado su ordenador personal. Esto es una de las cualidades que yo más admiraba de él, ya que siempre he creído que en este mundo tan puesto en movimiento no debe nadie cometer la penosa barbaridad de obcecarse en una sola idea y no abrirse al camino de culturización, en estos momentos al alcance, de la mayoría, de nosotros.
Yo llevaba mucho tiempo viendo a mi personaje pasear por la pequeña ciudad que era cuna de los dos; en ella los habitantes nos conocíamos. Casi todos sabíamos de las raíces de casi todas las familias censadas en la localidad. El llevaba muchos años viviendo en una pequeña, pero bonita casa, cercana a la mía, así que los encuentros eran habituales. Yo siempre me fijé en él, era tan misterioso y tan envolvente que no podía evitar mirarle fijamente  como si me invadiese una inercia inexplicable hacia él. Por más que quise averiguar su procedencia, su trabajo, quien era su familia... nunca logré sacar nada en claro; eso todavía me atraía más hacia él.
Lo escuchaba hablar en una de las cafeterías de mi barrio y me quedaba maravillada de sus palabras, de sus gestos, de su aroma a misterio, a inteligencia...
Un día, a la hora del desayuno, en ese mismo bar, no se muy bien cómo fue, intercambiamos algunas frases, palabras típicas, sobre el tiempo que hace y cosas así. Pero a pesar de ser la conversación vulgar que mantenemos con cualquier vecino, él la logró convertir en palabras de ensueño, palabras que no he logrado todavía borrar de mi mente. Fue maravilloso ver que el personaje que había divinizado desde la primera vez que le vi, se dirigía a mí, me miraba y me sonreía como nunca nadie lo había hecho.
Después de aquel día, que sin duda se había convertido en el mejor de mi vida, no hubo ningún otro que dejara de bajar a desayunar al lugar que me había hecho feliz; así propiciaba el encuentro que seguiría dándome la alegría que sentía viendo a aquel señor maravilloso.
Poco a poco intercambiábamos alguna palabra más que el día anterior, era maravilloso oír hablar de temas con esa soltura y ese conocimiento tan amplio en cada materia que tocábamos; yo por supuesto, me limitaba a escuchar y a admirar toda la sabiduría de mi Dios particular.
Así estuvimos casi 2 años, compartiendo desayunos plagados de magia envolvente y casi increíble.
Todo aquel sueño desapareció cuando de repente quise bajar a desayunar a aquella cafetería que me había dado la vida, y me encontré con que había desaparecido, convirtiéndose en una boutique de ropa. Qué desagradable sensación de desasosiego sentí, qué sensación de rabia... Algo me decía que no volvería a ver aquel rostro firme y bello que me hacía sentir la persona más afortunada del mundo.
Pasé días y días procurando el encuentro con aquel Dios particular, pero era imposible, había desaparecido.
Mis días se convirtieron en una pesadilla de la que no lograba despertar, pasaba horas y horas en profundos sueños de los que no podía escapar; me negaba la posibilidad de no poder disfrutar jamás del personaje que me había dado la alegría más grande de mi vida.
Después de pasar infinidad de horas hundida en semejante pozo, logré despertarme, y apresuradamente corrí hacia la calle, hacia un lugar que jamás había visitado antes; allí, sabía que volvería a ser feliz, y sabía que lograría encontrar a mi Dios. Cuando llegué al sitio, no supe reaccionar ante lo que estaba viendo, era algo que jamás sabré describir, algo que me paralizó los sentidos, algo que no era lo que estaba buscando realmente. Todas las personas que vi en aquel lugar eran iguales que mi Dios, que el Dios maravilloso que me había hecho tan feliz. No sabía lo que hacer, como reaccionar ante aquello que me estaba dando cada vez más miedo, comencé a sentir mucho frío, frío que no me dejaba caminar, ni pensar en como salir de aquel acontecimiento que me aterrorizaba, así que me quedé allí, acurrucada en medio de todas esas personas iguales que no paraban de hablar y opinar sobre todo tipo de temas. Era horrible ver como mi sueño estaba desapareciendo convirtiéndose en la peor pesadilla de mi vida.
Aquellos seres, ni siquiera me miraban, ni me hablaban, estaba segura que ni se habían percatado de que yo estaba allí; así que saqué fuerzas para levantarme e intentar hablar con ellos para ver si lograban explicarme lo que estaba ocurriendo.
Nunca me arrepentiré más de algo, fue la peor idea que tuve; cuando me dirigí a uno de esos, que yo consideraba, igual que mi Dios, todos se abalanzaron sobre mí, y sin ningún escrúpulo, me tumbaron sobre una gran mesa rectangular y comenzaron a comerme; uno se comía mi brazo, otro mi pierna y así hasta que lograron que me quedara sin sentido.
Esto lo cuento ahora que he vuelto a nacer, ahora que he comprendido que lo que me sucedió fue una experiencia que realmente me ayudó a conocer a las personas, a saber diferenciar lo real de lo irreal, y sobre todo a reconocer algo que no existe; “LA PERFECCION”.
Y cómo no, esta alegría que ahora estoy sintiendo día a día sabiendo apreciar cosas que antes no soportaba, se la debo a mi “Dios particular”, al cual dedico estos relatos que no son reales, pero si me hacen acercarme más a la realidad que me rodea.

 
Mayo 2001
 

 

 

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Published on e-Stories.org on 01/12/2010.

 

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