Charlotte Morand

¿Imposible? ¿Posible? Te quiero...


06 a.m. Hora de despertar. Apaga el despertador con su estridente alarma de un golpe de brazo, sin darse la vuelta. Se tapa la cara con la almohada con su funda amarilla. No tiene ganas de ir al instituto. Después de que la madre le abra las cortinas repentinamente invitando a pasar unos espléndidos rayos de Sol en el cuarto de la adolescente, se escucha unos quejidos del estilo: "¡NO! ¡Sal de mi cuarto, mamá! ¿No te han enseñado a tocar a la puerta? ¡Largo!" Busca las zapatillas que han sido desplazadas, sin querer la víspera por la noche, debajo de la cama. Mira por la ventana deseando para sus adentros que sea el hoy el día en el que ese chico tan guapo se fije en ella. Enciende el ordenador y mira atenta el video clip de "She will be loved" de "Maroon 5", para despertarse un poco. Decide meterse debajo de las gotas ardientes de la ducha para inhalar un poco de tranquilidad a pesar de no tener tiempo para pensar en otro cosa que no fuera en ese chico... Se pone a tararear la melodía melancólica de "Little House" de "Amanda Seyfried". Sabe que nadie la estará escuchando porque el ruido del agua cayendo en la bañera tapan su canto. ¿Por qué tiene que tener él esos ojos azules en los que te ves reflejada? ¿Por qué tiene que pasar su mano por su pelo castaño claro dejándote sin respiración? ¿Por qué tiene esa sonrisa torcida tan bonita que te desconcentra de la clase de matemáticas? ¿Y sobre todo, por qué es tan tan tan guapo? Misterio, incógnita, enigma a resolver... Sale de la bañera posando sus pies mojados en una mullida alfombra blanca y se envuelve la cintura con una toalla grande, mientras que el pelo húmedo se lo recoge en una coleta mal hecha. Vuelve a su cuarto y se viste con lo primero que ve: unos vaqueros oscuros que ya debería de haber puesto en la lavadora, una camiseta azul claro sin demasiado escote y unas All Stars negras para coronar. Sale corriendo a la cocina. Su madre la regaña por correr en la casa armando jaleo. Da igual, siempre lo hace y no va a cambiar. Coge un bocado de los hue! vos frit os que su madre le ha preparado y un trago del vaso de leche, es lo único que le permite su estúpida dieta que se ponen los adolescentes en secreto. Le da dos besos a su madre y sale a la calle. Ya son las 07 a.m. Se va a perder el autobús. Corre, corre, corre... Siente su pulso acelerarse. (¿Y si no llega a tiempo?) Unas pequeñas gotas de sudor empiezan a caer de su frente. (Tendría que volver a casa) Su coleta alta empieza a secarse. (¡No! No lo vería a él si no va al insti por perderse un maldito medio de transporte. ¡Ni hablar!) Acelera la carrera contra el tiempo. A cada paso que da, su coleta se balancea de izquierda a derecha. (No, no, no. Lo necesita. O al menos verlo en el recreo riéndose de quien sabrá el qué con sus estúpidos amigos). El viento azota sus mejillas que empiezan a colorarse. Ve el autobús a lo lejos, ya se está yendo y de pronto, sin darse cuenta, algo casi le atraviesa todo el cuerpo y cae sobre un cuerpo tibio. ¿Víctima, quién? ¿Culpable, cual? Los dos jóvenes tenían prisa pero los dos iban en dirección contraria y no se vieron.
-Per... perdona -dice jadeante ella.
-Discúlpame a mí. Tenía prisa y no te vi -se disculpa él. Ella mira al horizonte.
-Yo también... bueno... la tenía porque ahora es demasiado tarde -musita ella viendo su autobús alejándose. Ahora que se fija el chico es guapo... Muy guapo. Y no es exactamente un adolescente. De pronto ella parece darse cuenta de que él está encima suya y se pone colorada pero tampoco es que se note demasiado por la carrera que se acaba de pegar y que le ha incendiado los cachetes. Sin embargo, él se da cuenta de su incomodidad. Se levanta, se limpia la suciedad de las rodillas de su pantalón, y le tiende la mano. Ella sonríe y la acepta para ayudar a levantarse, mientras él se presenta.
-Soy Nicolas.
-Katia -dice a su turno con una sonrisa. Nicolas se queda sorprendido: cree que es la más bonita sonrisa que ha visto en su vida. De pronto se da cuenta de que es bastante joven. ¿Cuántos tendría la chica? No más de 16 años. Pero era guapa, al menos para él. Ese pelo castaño con bucles en las puntas del pelo bien definidos, un tono olivo de piel, unos ojos verdes despejando alegría con un extraño brillo y un cuerpo normal, en su punto, aun desarrollándose.
-Encantado, Katia. ¿Me permites que te pregunte a dónde ibas con tantas prisas? -interroga amablemente. Sin que nadie, excepto él, se diera cuenta, de que se estaba armando un enorme conflicto en su cabeza.
-Qué más remedio. Ya me lo has preguntado -se ríe. Él se encoge de hombros y ella se fija en que su camiseta se levanta un poco, descubriendo el comienzo de unos abdominales en su punto justo. Aparta la mirada, avergonzada y prosigue-. Iba al instituto. Y ese autobús, el mismo que se acaba de ir, me tiene que llevar... o al menos tenía que hacerlo...
Nicolas se queda en silencio un momento, luchando todavía interiormente contra sus impulsos. Al final acaba venciendo su corazón. Katia se fija en que el viento revuelve atractivamente el pelo castaño oscuro del desconocido. Deja escapar sin querer un suspiro, sin darse cuenta de que ha batido todos los records suyos del tiempo que ha pasado sin pensar en el chico que le gusta. Desde que Nicolas se ha tropezado con ella no ha pensado ni un momento en ese.
-Ya sé que no nos conocemos y soy un desconocido... -empieza con vacilación Nicolas. Katia intenta disimular, con su mano, una alegre sonrisa-. Pero si quieres te puedo llevar yo. Mi coche está justo aquí y a lo mejor llegamos a tiempo.
Katia duda al principio y él piensa enseguida que está loco, es un bocazas y que no va a aceptar ni loca. Katia mira su reloj y asiente.
-¡Claro! Bueno... Si no te importa, claro -añade. Nicolas le sonríe y extiende la mano en su dirección. Katia se la oprime y los dos salen en busca del Audi4 negro de Nicolas. Los dos sienten en silencio un cosquilleo en el estómago, sin saber que el otro siente exactamente lo mismo. A lo mejor podía ser el comienzo de una bonita amistad y tal vez llegaría a más. Katia nunca habría pensado que el deseo que formuló esta misma mañana, como todas las otras mañanas, hoy se iba a empezar a hacer realidad con un fabuloso chico. Lo que ninguno se espera que solo el hecho de que ella se vea con él, y que él se vea con ella, va a formar muchos problemas. Ninguno sabe que ella tan solo tiene 16 años y él 22 años, cosa que formará muchos problemas...

 

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Published on e-Stories.org on 04/11/2010.

 

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