Luis Manuel Gomis Quinto

Ilduara Porua, Caminante de Caminos. Capítulo 5

La Visita de los Hombres de Puerto Llast

La Máscara aguardaba la visita de un grupo de visitantes venidos de Puerto Llast, una de las ciudades vecinas de más renombre famosa por la riqueza de sus merchantes, mientras sus damas se vestían con las mejores galas. El Primer capitán Haeromos Dothwintyl, dirigente de la ciudad portuaria, iría a la Máscara junto a sus hombres más allegados, incluyendo el comandante de la milicia, donde se reuniría con importantes mercantes de Noyvern, en total treinta y siete hombres que tenían la sala de fiestas reservada para la noche.

-Ágata, ayudad a Dédalo a preparar las tinajas. El halcón ha llegado, lo que significa que los invitados están a menos de un cuarto de hora de camino.

-Claro mi Dama.

-Leire, preparásteis las hierbas?

-Sí mi Dama.

-Bien, llamad a los músicos, aún están en el camerino, que vayan preparándose y tomando posiciones.

-Así se haré mi Dama.


Las damas fueron a la planta baja cuando todo estaba listo. En un pequeño escenario, un hombre sentado a los pies de un piano ensayaba sus canciones, mientras los músicos del grupo ya tenían todo preparado en la sala de fiestas de la tercera planta para recibir a los invitados.
Ellas se dispusieron formando un pasillo desde la entrada del local hasta la elegante escalera vestida con una alfombra de terciopelo carmesí que conduciría a los visitantes a la sala de fiestas, poniéndose en el tercer escalón de la misma, la Dama de las Máscaras, lista para recibirlos a todos.

Al cabo de unos minutos, uno de los guardias que custodiaban la puerta del local la abrió y en ese momento la música comenzó a sonar dulcemente. Vistiendo lujosas y resplandecientes ropas, entraron los tres primeros hombres, a los que las damas sonreían, ofrecían las manos, abrazaban incluso las más atrevidas besaban para darles la bienvenida. Andando a través del pasillo y seguido del resto de los invitados llegaron hasta la escala, mientras al tiempo descendía por ella la Ama de las Máscaras, bella y sensual como sola ella podía ser.


-Primer Capitán, distinguidos señores, sean bienvenidos a la Máscara de Adularia. Acompáñenme a la que será una velada que no podrán olvidar.

Tras estas palabras, y cuando todos los hombres habían entrado al edificio y las puertas cerraron, la música se tornó a la picaresca, y las damas comenzaron a cantar a coro versos de bienvenida. Los hombres sonreían y empezaban a tomar las copas que las máscaras les ofrecían, mientras la Dama descendía por la escalera con aire provocativo y una elegancia singular, para posarse frente al Primer Capitán y tenderle la mano cortesmente.

-Oh Primer Capitán! Hombres de Puerto Llast! Venid y pasad a la noche más brillante que podáis recordar! Bienvenidos a La Máscara de Adularia, mis exquisitos invitados!

El coro y el piano seguían tocando mientras las Máscaras iban danzando, tomando a los hombres del brazo y conduciéndolos a subir las escaleras una planta tras otra hasta llegar a la sala de fiestas, donde el grupo de Eloir tocaba ya alegres melodías y una mesa estaba preparada con todo tipo de carnes, frutas y bebidas de las más excelentes cosechas.
La noche siguió su curso, las damas hablaban con unos y con otros, adulando hasta al más desfavorecido de los hombres con cualquier detalle que consiguieran resaltar, bebiendo y riendo con los invitados.

La noche seguía su curso y el alcohol hacía poco a poco sus efectos, embriagando a los huéspedes.


-Oh Zarandajo! Vuestro nombre no hace justicia a lo que tenéis dentro!

-Jojojo, mis padres gustaban de poner el primer nombre que se les venía a la cabeza cuando nacía el chiquillo! Así acabamos en mi familia! Con mis hermanas Mona y Dolores y mis hermano Encarnao! Jojojo!

-Cómo eran vuestros padres!!

-Pero ahora hablando en serio, ¿Sabes porqué soy Zarandajo yo?

-Contádmelo contádmelo!!

-Porque lo que más se me veía al salir de ahí era el...

-Jajajajajaja!!! Si es que sabía yo que con esa cara no podíais ser para menos! (Tymora no podía ser tan cruel como para no compensarte con una buena herramienta...)


Ágata pasaba de uno a otro de los invitados alagándolos, de tal modo que las chicas conocieran a todos los hombres que habían acudido y viceversa.

De repente, un grito de mujer sonó en la sala, venía de las escaleras, y tras ello un cuerpo cayó rodando por ellas. Uno de los hombres de confianza del Primer Capitán aparecía envuelto en llamas y removiéndose por todo el suelo.
El silencio se hizo en la sala por un segundo. Todos estaban desconcertados y embriagados.
Rápidamente la Ama de las Máscaras emitió un sonoro grito que se escuchó en todo el local por encima de la música, y una pesada puerta sonó abriéndose. Tras ello, trazó una runa en el aire y al instante un haz de luz la envolvieron a ella y a su acompañante, el Primer Capitán, entre la que ambos desaparecieron de ante los ojos de los presentes.
En cuestión de segundos, una veintena de hombres embotados en ropajes negros y armados aparecieron por las salas. Los bebidos visitantes plantaban cara como podían a los asaltantes.

Ruido de metales comenzaba a oirse y por los pasillos comenzaron a verse una docena de armaduras andantes, bajo las que no se intuía persona alguna, sólo unas resplandecientes luces bajo el casco. Algunos de los invitados corrieron despavoridos alejándose de estos seres encantados, pero al ver cómo las Máscaras y el personal de la sala se resguardaban tras ellas para protegerse y cómo las ánimas luchaban contra los invasores comprendieron que eran parte de la seguridad.

La comitiva armada descendía desde los pisos superiores disponiéndose para la lucha contra los asaltantes pasando sala por sala.
Las damas corrían, desatando sobre sí el poder de las máscaras para tornarse invisibles y poder salir del lugar con vida.
Amunda Nalaedra tomó a Ilduara de la mano, y juntas fueron al pasillo de servicio, que aún no había sido tomado. La veterana Nalaedra buscaba entre los resquicios de los pasillos los pequeños escondites en dobles fondos de estantería donde se guardaban varitas de proyectiles dispuestas para este tipo de ocasiones.


-Tomad esto! No hay más que apuntar mientras pronunciáis la palabra "Eractianeos"

-¿Eractianeos?


Uno de los proyectiles salió disparado por accidente de la varita que sostenía Ágata, haciendo un agujero en una de las butacas que adornaban la estancia.

-Sí, esa mismo, pero no malgastes más cargas!

-Pe... Perdón...


Los invasores asomaban por el final del pasillo y las dos mujeres sostenían en la mano izquierda sus armas mientras en la derecha empuñaban las varitas. Ágata repetía la palabra, y juntas abatieron al primer enemigo que iba directo hacia ellas. Tan sólo dos cargas más bastaron para que la varita se evaporara en las manos de Ágata, que tomó otra daga en su mano y se dispuso en posición felina. Logró abatir a uno de los que habían llegado hasta ella gracias a la ayuda de su compañera.

-Leire! Buscad más de esas varitas!!

-No hay más en este pasillo!! Ponéos tras de mi!!


Ilduara obedeció a su compañera sin pensarlo agazapándose tras ella. Leire comenzó a emitir un halo de frío y de repente un helado aire salió desde su garganta en una fuerte bocanada, que dejó congelados a los dos hombres que ya estaban a menos de tres pasos de ellas.

-Qué... Qué... Qué...?

-Callad Ágata! Callad y corred! Hay que ayudar en lo que podamos!


Amunda golpeó a las gélidas estatuas rompiéndolas en añicos. Juntas corrieron hacia la sala donde habían dejado a los invitados de nuevo y cuando llegaron la escena era dantesca. Más de diez invitados habían sido abatidos y su sangre empapaba el suelo, tres de los horrores habían sido destrozados y ya sólo quedaba un montón de ferralla en el suelo. La lucha seguía, y dos de los asesinos acorralaban a Eloir mientras este empuñaba su estoque con la mano derecha y cubría una herida con la izquierda.

-Leire! Vamos! Hay que ayudarle!

Ágata corrió a atacar a los contrincantes empuñando sus dagas. Su compañera Amunda salió tras ella y juntas lograron deshacerse del enemigo tras varias estocadas.

-Te encuentras bien Eloir? Tumbáos, vamos... Tumbáos...

-S..í...


El hombre se desmayó antes de terminar de hablar.

-Ágata... Dejadme... Venga... Apartáos...

Leire posó sus manos sobre la herida de Eloir y sus manos brillaron con una luz azulada que fue cerrándola poco a poco. Sus cabellos parecían levitar mientras usaba su magia y una luz gélida salía de sus ojos. Los ojos de Ágata también brillaban, pero en su caso de impresión, ya que no sabía nada de las capacidades de su amiga.

Los candiles que alumbraban toda la casa se apagaron de golpe, aunque no supuso ningún problema para las damas, cuyas máscaras les proporcionaban visión en la oscuridad.

Al poco, la Ama de las Máscaras apareció entre runas a su lado.


-El Primer Capitán está a salvo lejos de aquí. Los invasores están siendo derrotados, en breve los horrores guardianes volverán a su lugar, aunque veo que tendré que encargarme de fabricar alguno más... Gracias por prestar vuestra ayuda en la lucha.

-Sin duda debemos defender nuestro hogar, mi Dama.
Dijo Leire

Ilduara seguía sin salir de su asombro ante los extraños poderes que había descubierto en Amunda.

-Veo que ya lo habéis descubierto mi dulce Ágata. Hablaba la Dama Ophala.

-Creo que tendremos que hablar con Ilduara cuando todo se calme, amiga.

-Sí, así lo haremos.


-¿Sabéis si los envía la Hermandad Arcana? Preguntaba Leire

-Es pronto para saberlo, Amunda, pero sé que no ha sido una casualidad el que vinieran en el día de hoy, su objetivo era el Primer Capitán, pero han fallado. Tengo que descubrir cómo lograron entrar aquí...

Tanto Ophala como Amunda arroparon en sus brazos a Ilduara, que aún se encontraba en estado de shock. Las tres figuras enmascaradas se quedaron calladas en la oscuridad de la sala, rodeadas de los cuerpos que habían a su alrededor. Al parecer La Máscara de Adularia guardaba secretos que aún debían descubrirse.

 

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Published on e-Stories.org on 04/07/2011.

 

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