Pedro Luna Creo

El sueño de Kao

Comúnmente Kao sembraba maíz, frijol, chile, cacao y vainilla, esta era la actividad comercial principal de su pueblo, y una de las formas en que su ciudad podía pagar tributo al imperio opresor, que desde hace poco menos de cien años tenía sometido a su gente, mercado que de ninguna manera funcionaba para ellos. Ve con injusticia como el producto de su esfuerzo pasa a manos ajenas de su ciudad, esto le llena de rabia e impotencia, le hace tratar de idear y construir en su mente el cómo poder hacer que este maleficio se destruyera o cuando menos, vengar aunque sea un poco la memoria de los muertos que este sometimiento ha dejado, así como de la libertad perdida de los que son elegidos para ser sus esclavos (entre los que puede contar familiares y amigos) o la miseria reflejada en algunos sectores de su ciudad, por la sombra fría y alargada del “gran imperio”.
 
El “gran imperio”, o el “imperio opresor” como lo conocían los pueblos sometidos por ellos, era un cultura sobresaliente de indígenas situada en los primeros años de civilización que se tiene registrada en México, una raza bélica, que para poder alimentar su poder, sometían a los pueblos y ciudades existentes a su alrededor, obligándolos a pagarles tributo, que consistía en la transmisión del producto de la siembra de semillas y frutos, la entrega de animales de crianza, sus pieles, y la esclavitud de los habitantes de su pueblo que pudieran servirles para la construcción de sus templos o para sacrificios humanos, la gente del “gran imperio” eran fuertes y entrenados en el arte de la guerra, los pueblos oprimidos generalmente distinguían a sus enemigos opresores por la vestimenta de clase militar que consistía en complejos tocados, adornos de oro y conchas, y el uso de pieles como jaguar, tigre, plumaje de águila, o cualquier ave de plumas preciosas. El nombre de la Ciudad del “imperio opresor” era “Corazón de la Tierra”.
 
Kao nunca conoció del esplendor máximo de su pueblo, desde que nació estuvieron bajo el yugo de los opresores, ahora sus manos llenas de lodo y sangre, producto de las arduas jornadas de siembra, hurgan entre la tierra, en busca del resultado de su cosecha, esta vez no busca ni el maíz, ni el chile, mucho menos el cacao, busca algo mas que con maldad colocó debajo de la tierra, sembró el calor de su odio, el fuego de su cólera, solo se distrae un poco para observar que sus movimientos son observados por los ojos amarillos-dorado de un lobo, el mismo lobo de siempre, que lo ha acompañado toda la vida, de pelaje gris, con un lomo en tonos marrón, luce atento y estático,  ya no le extraña ver a este animal, que lo sabe como su fiel guía, solo se desconcentra de su objetivo al perderse en su mirada, como si quisiera decirle algo, el calor que quema sus manos logra devolverlo a lo que buscaba en la tierra, y su rostro se ilumina al ver como levanta entre sus palmas la semilla madura de su plan, lista para ser la moneda de cambio que será servida en la mesa de los guerreros, emperadores, sacerdotes y altos mandos del enemigo, sin contratiempo envuelve el fuego de tamaño breve en hojas húmedas de plátano, mezcladas junto con el cacao, -esto no apagará la flama, y servirá para mantenerla viva hasta llegar a su objetivo- pensó Kao, de vuelta en su camino para entregar a los recaudadores el siniestro paquete, se encuentra una vez mas con el lobo, como si quisiera detener la acción del joven Kao, pareciera entender lo que quiere el animal salvaje, pero esto no lo aparta de lo que desea y poder visualizar como el fuego es transportado hasta la gran ciudad, de poder ver como este consume desde la mesa en la que fue puesta, hasta el último templo construido con majestuosidad; pese a no conocer al gran imperio, puede imaginársela, gracias a las palabras de los qu! e regres aban moribundos de la esclavitud, que la describían como una ciudad de oro, rodeada de agua, como una inmaculada obra arquitectónica en una isla, así la representaba mentalmente, prendida en llamas, siendo festín del fuego de su rabia, ante la mirada silenciosa y fija de unos ojos en forma de piedras preciosas, en forma de gemas brillantes, en las que se refleja como arde y cae el Imperio inquebrantable e invencible, como se consumía ante su venganza.

 
Kao es despertado por las suaves caricias de los primeros rayos solares que entran por su humilde choza de barro, las aves entonan melodías tan exquisitas que son un deleite para el que las escucha, es el despertar deseado de cualquier persona, con una tranquilidad y pasividad tal, que es entendible el esbozo de una sonrisa tímida en su rostro, recapacita y comprende que acababa de despertar de un sueño, de un sueño tan nítido y real como lo han sido siempre, para él estas situaciones no son para tomarse a la ligera, si algo ha aprendido a lo largo de su corta vida, es que sus sueños son susurros de los dioses, o cuando menos eso le comentó el hombre mas sabio de su pueblo, gente respetada por la experiencia de sus años en la vida y su conocimiento heredado por los siglos. La mayoría de sus sueños eran mensajes que exigían un ejercicio de análisis, de comprender que era lo que los dioses querían decirle a través de ellos. Antes de digerir la última de sus visiones, recuerda aquellos que fueron precisos, que fueron consejeros y premonitorios, desde aquellos que le dictaron que decisiones tomar y a las que estaba obligado a obedecer para dar gusto a las deidades, hasta aquellos que le señalaron quien sería la mujer con la que se entrelazaría, ese detalle le hizo recordar el hecho de la proximidad de su boda; pese a que son vecinos, casi no conoce a la que será su futura esposa, a la que hoy es su pareja por acuerdo previo, no sabe mucho de ella, solo su nombre, Paxkí, la conoce más en relación a lo que ha soñado y sabe que es la mujer correcta, así se lo han dictado sus visiones nocturnas.
 
Ambos son muy jóvenes para el matrimonio, el tiene quince años y ella catorce, pero las costumbres de su pueblo lo manejan así, no se pueden cambiar mil ciento diecinueve años de historia, los matrimonios aquí se arreglan con años de anticipación entre los padres, y un padrino que será el mediador entre ambas familias para determinar el tiempo en que se llevará para casarse;  estos van desde tres hasta diez años, en este tiempo el novio debe de llevar un animal de crianza a la familia de la futura esposa, una especie de tributo o pago por ella. Cabe citar que en muchas de las ocasiones, la futura pareja no se conocen entre sí, de ahí que existan estos plazos de acuerdo a lo convenido tanto por los padres como por los padrinos de la boda. En este caso concreto, en el de Kao y Paxkí, sus familias han sido vecinas por mucho tiempo, y la buena relación entre ambas, les planteó dicha “negociación”.
 
Ella es una niña de carácter noble, dedicada a las artes del bordado y muy diestra en ello, de estatura bajita y piel morena clara a diferencia de la mayoría de las mujeres de su comunidad, que luce un color de tez más fuerte, su cabello es negro y acomodado en forma de trenza que descansa sobre su espalda, sonreír para ella es fácil pese a los tiempos difíciles, gusta de adornarse y resaltar su belleza indígena, tiene horadadas las orejas y de ellas penden aretes con adornos de oro, suele usar un vestido ligero de algodón y sandalias de piel. El (Kao) es un joven de carácter fuerte y amargado por las injusticias sociales que caen sobre su pueblo, no aparenta los quince años que tiene cumplidos, es bajo de estatura y aun delgado, pues todos los hombres de su comunidad tienden a ser fornidos, su piel es de un moreno mas obscuro, el sol ha hecho mella en su tez, resultado de las largas jornadas de agricultura, sus rasgos faciales son sumamente expresivos, no disimula emociones, su cabello largo y negro lo usa suelto, a veces cuando la ocasión lo amerita lo arregla, no gusta de adornar su cuerpo, y su vestimenta es sencilla, solo usa un taparrabo y sandalias, tiene perforado el labio inferior y usa una rodaja de metal. Ambos pertenecen a la cultura de “Los Tres Corazones”, zona conformada por tres grandes localidades que aglomeran una sola Entidad, tres grandes tribus, unidas bajo las mismas creencias, mismos dioses y mismas costumbres, un pueblo pacífico y alegre.
 
Kao se dispone a empezar su día, se levanta y recoge su petate, advierte que sus padres no están en la choza, supone que se adelantaron con las tareas de siembra, y tuvieron la sensibilidad de dejarlo descansar mas tiempo al verlo llegar una noche anterior demasiado exhausto. Empieza a planear mentalmente su día, a sabiendas que su actividad principal será el de la siembra de maíz, chile, cacao, vainilla y… el recordar esto, le sumerge de nueva cuenta en su sueño, ¿Qué significado pudo tener eso? o ¿Solo fueron sus ganas de ver arder al gran imperio? ¿¡Los dioses le habrían advertido de algo!? ¿Por qué su “guía” habría intentado detenerlo? Lo que vio mientras dormía le produjo gran satisfacción, y le daba cierto placer reconstruir mentalmente lo soñado. Necesitaba consultar su sueño con el sabio del pueblo. Se dice en la cultura popular de “Los Tres Corazones” que todos al momento de nacer tienen el espíritu de un animal, uno principal que se le denominará nahual y uno secundario al que se le llamará tonal, que les será su protector y en sueños se verán representados como su animal guía que será su consejero y les conducirá a través de ellos.
 
 Estaba inquieto y planeó visitar después de la siembra al viejo sabio, se encontraba hambriento de compartir con él lo vivido en sueños, se disponía a salir de su humilde choza a la que llama hogar y topándose en la entrada de la vivienda a su padre, un hombre de edad madura y conocedor de los tiempos de siembra, de nombre Tikú, danzante de los dioses para satisfacerlos y crear el ambiente propicio para la actividad agrícola, los denominados hombres pájaro, cuatro hombres que representan los puntos cardinales y descienden de lo alto de un tronco cortado con permiso de los dioses, atados de la cintura y puestos de cabeza, asemejando aeroplanos desplomándose, giran trece veces cada uno de ellos hasta tocar el suelo, que multiplicado por los cuatro voladores da el resultado de cincuenta y dos, número de semanas que tienen un año, todo esto al ritmo de sonidos propicios para el objetivo celestial. Estaba ahí parado en la entrada de la choza, ataviado en su traje de algodón con plumas hermosas adornándole, el silencio por un momento se apodero de ambos, como si fuesen dos desconocidos.
Kao- Padre, buenos días, estas con tus ropas de danza, pensé que tú y mamá habían salido hacia la siembra…
Tikú- Buenos días hijo mío, no Kao, nada de eso, fui a rogarle a los dioses tiempos de lluvia.
Kao- Excelente padre, entonces iré a terminar lo que empezaste, continuaré con la siembra del cacao, y si me lo permites después recogeré la… – Kao es interrumpido por su padre.
Tikú- Lo has olvidado por completo ¿Verdad hijo?
Kao- No padre, hoy es el día de sembrar cacao y recoger la cosecha del maíz, mañana…-Kao es interrumpido nuevamente por su padre.
Tikú- Hijo, hoy es tu boda con Paxkí.
Kao- …Tienes razón padre, lo olvide por completo, desperté algo distraído y perdí la noción de las fechas.
Tikú- ¿Soñaste con tu guía nuevamente?
Kao- Sí, pero eso no es lo importante, sino que esta vez no me quiso guiar, quiso detenerme, fue inusual y raro.
Tikú- Habrá tiempo de platicar de ello, arréglate que vamos a casa de los padres de Paxkí, yo prepararé el chocolate con el cacao cosechado la semana pasada.
 
Mientras Tikú preparaba la bebida, tan famosa y popular en sus tiempos, Kao arreglaba su cabello y pensaba en Paxkí, el no conocerla a fondo podría a cualquier persona llenarla de dudas, pero a él le llenaba de intriga y emoción, confiaba mucho en sus sueños, y ellos le habían hablado de ella, se había enamorado de su prometida a través de ellos, podría decirse que encontró y desarrolló amor por ella con el simple hecho de ser huésped constante de sus visiones nocturnas, estaba tan sumergido en sus pensamientos que no notó siquiera la llegada de su madre, una mujer fuerte y sensible, de sencillez a la hora de adornarse y vestir, que no necesitaba de muchos accesorios para enaltecer su belleza indígena, un poco mas alta de la estatura promedio de las mujeres aborígenes, la gente la respetaba en demasía, una mujer hábil en la practica de la herbolaria y siempre acudida para curar males en nombre de la naturaleza, su nombre es Kuchí.
 
Estando listos y preparados para el evento, padres e hijo se dirigen a casa de los padres de la futura esposa de Kao, allí aguardarían los padrinos de ambos, llevaban el chocolate espumoso y un guajolote como ofrenda, el camino era corto, así que no veían problema que los padrinos aguardaran en casa de la familia de ella, estando cerca de la puerta de la también humilde choza de los padres de Paxkí, el sintió que algo no estaba bien, entró en él una sensación que golpeó en su estomago, y obligo a apresurar el paso dejando rezagado a sus padres, cruzó la puerta de la choza de sus suegros sin reparo, y se paró enfrente de ellos, tomo aire, sus manos sudaban exageradamente, notó que Paxkí no estaba ahí, acomodando sus sentidos, percibió los rostros desencajados de sus suegros, sumidos en una depresión total, con una mirada pareciera que le explicaran la tragedia ocurrida en ese momento, detrás de este funesto encuentro, los padres de Kao entraron preocupados a la choza, -los opresores se la han llevado- dijo con voz entrecortada  el papa de Paxkí, Kao sentía como se le entumía el rostro, y su cuerpo entraba en un calor producto de su sangre hirviendo, lo que sería un día de fiesta, empezaba a tomar matices de tragedia, las emociones y alegrías eran reemplazadas con angustias y tristezas, Kao ahora entendía su sueño, ahora sabía porque era la gran ciudad la que ardía, comprendió lo que sucedía, era hora de tomar venganza por sus propias manos, tenía que ir a la gran ciudad, a recuperar a su mujer, estaba decidido a tomar el riesgo de ir al “Corazón de la Tierra”, miró a los padres de Paxkí y les hizo la promesa de que les regresaría a su hija.

La historia que le contaron sus suegros del secuestro de Paxkí fue estremecedora; en la madrugada, un grupo de tres personas, miembros del ejercito opresor, entraron a la choza y se la llevaron por la fuerza, era gente del gran imperio, les delataba sus vestimentas de pieles de jaguar, era evidente que se trataban de guerreros del enemigo indígena; Kao estaba listo para emprender su búsqueda, y salir desde su hogar, denominada “Ciudad del Trueno” hacia el “Corazón de la Tierra”, empezó a guardar en una bolsa de malla decorada con elementos propios de su cultura, (como una especie de mochila) artículos que le ayudarían en su viaje, pese a que su raza era pacífica, desde niños tenían que aprender lo elemental de la cacería para sobrevivir, entre los que destacaba un arco con una adorno elaborado de plumas color blanco en los extremos, que colocó cruzando el tronco de su cuerpo en forma diagonal, las hizo acompañar con siete flechas que guardó en una aljaba de piel de jabalí que colgó en su hombro izquierdo, las cuales tenían que cuidar muy bien en su viaje para no quedarse sin municiones, colocó también dentro de su bolsa un cuchillo de obsidiana, que utilizaba para despellejar y matar animales de crianza, los alimentos se los daría la inmensa y rica flora que existía en el recorrido, lo que necesitaba era protegerse de la fauna y de los guerreros indígenas del imperio.
 
Kao se encontraba en la choza de sus padres listo para emprender su aventura, ellos le advertían de los peligros de su viaje, su madre trato de persuadirlo, de que aceptara su destino.
Kuchí- Hijo mío, dulce reflejo de mi amor, ¿Estas seguro de esta decisión?
Kao- Madre, tu perdón suplico si contradigo tu voluntad, para mi es difícil tomar una decisión sin que tu puedas aprobarla, haz sido la mujer de mi vida a lo largo de mi breve existir, pero ahora estoy en búsqueda de la mujer que me dará mi familia, y continuará honrando nuestra sangre, busco a la nueva mujer de mi vida. Disculpa que me exprese así dulce madre.
Kuchí- No te disculpes, pues yo te di el corazón que dicta la decisiones que hoy tomas, solo pido a los dioses que te protejan e iluminen con su poderoso rayo el camino que haz de seguir, que te den la fortaleza y puedas regresar siendo un hombre.
Kao- Madre, te juro por ellos, que regresaré y te sentirás orgullosa de mí.
Kuchí- Siempre lo he estado, regresa con bien, te estaré esperando.
 
 
El padre de Kao lo acompaña a adentrarse al camino que lo llevara al “Corazón de la Tierra” a sabiendas de que no puede cambiar la voluntad de su hijo, entendiendo que no quiere compañía en este viaje, y que no sabe si lo volverá a ver, pero no podía fallarle a su hijo, siempre apoyó sus decisiones y esta no seria la excepción, así como su hijo siempre entendió de las decisiones de su padre, que siempre supo que era lo mejor para él; justo a unos metros de la vereda que lo adentrará al bosque, aparece ante ellos la humanidad del mas sabio del pueblo, Kao se detiene a centímetros del anciano al encontrarse este justo enfrente de su andar, le saluda con los respetos que le tiene y se refiere a el con el nombre de Makám.
Makám- Supe lo acontecido con tu futura esposa.
Kao- Voy por ella, y a cumplir con el mandato de mi sueño, los dioses me hablaron una vez más a través de ellos y veo que el lobo que se interponía en mi camino para evitar mis acciones, es usted, ahora lo veo parado frente a mí, como mi guía lo hizo en mi sueño.
Makám- ¿Soñaste una vez mas con tu guía?
Kao- Si Makám, el observó como cosechaba mi odio e intentó detener mi rabia hacia los opresores. Al final el fuego producto de mi coraje era observado por unos ojos, en forma de piedras preciosas, en forma de gemas.
Makám- No vengo a detenerte.
Kao-¿Entonces qué significado tiene lo que soñé Makám?
Makám- Al entrar en la espesura de la vegetación, tus dudas se irán disipando, tal vez piensas que este viaje solo es para recuperar a Paxkí, y cumplir con la visión de tus sueños, pero no solo conseguirás eso, encontraras respuestas mas concretas y que van más allá de tus percepciones.
Kao- ¿Alguna recomendación Makám?
Makám- Cuida tus pasos del “fantasma del bosque”-Kao asienta con la cabeza.
 
El joven se despide respetuosamente de Makám, y agradece sus palabras, deja atrás al viejo y a su padre y se decide a entrar al inicio de su travesía, pareciera que los nervios le traicionan al ver que la entrada al bosque es formado por un arco de ramas, que asemejan las fauces de una bestia dispuesto a devorarlo, se encomienda a los dioses y atraviesa el umbral hacia lo desconocido, no conocía muy bien el viaje hacia el gran imperio, pero era de conocimiento popular entre sus coterráneos que el camino iniciaba en ese punto y que los mismos dioses del bosque te llevarían hasta tu destino si sabias respetar sus entrañas, de lo contrario pagarías las consecuencias de tus blasfemias contra la flora y fauna.

 
Los primeros kilómetros fueron una constante búsqueda de seguir la línea recta de la vereda, sabía que debía apurar su paso para cuando cayera la noche y encontrar un lugar seguro para descansar, las flora era espesa, mucha vegetación hacia difícil su viaje, pero consciente de que el dios de la tierra y el bosque cuidaban de sus elementos, el trataba de no cortar ni la mas pequeña hoja, ni pisar el tallo que le pudiera hacer tropezar, ni la rama que golpeara su cara, fue sumamente cuidadoso, y cada que necesitaba tomar alimento de las plantas, pedía permiso de los dioses, cuidó cada detalle, así nada podía salir mal, el primer día fue muy tranquilo y agotador, le sorprendió no encontrar siquiera rastro de los guerreros del imperio opresor, esa noche descansó cobijado por las estrellas, con el arrullo de los grillos, con la caricia de la brisa nocturna, fue un contacto con la naturaleza desnuda, fue intimar con ella, durmió plácidamente, como hace mucho no lo hacía, ni siquiera después de las arduas jornadas de siembra que lo dejaban prácticamente molido, Kao se sumergió en un descanso profundo.
 
 
En la mañana siguiente el hambre despertó fuertemente al joven, eran las primeras horas del día, no reparó en nada más que satisfacer sus ganas de comer, la fatiga del día anterior generó en el un desgaste físico que ahora exigía su cuerpo recuperar en base a los alimentos, cortó algunas frutas, recogió algunas semillas y cazó una liebre, se dio un banquete digno de dioses --se dijo- recapituló y se repitió-…de dioses-después de ingerir sus alimentos, cayó en cuenta del gran error que había cometido, el dulce sabor que tenía en su paladar provocado por el festín que se dio cortesía de las bondades del bosque, desapareció, olvidó el pequeño pero a la vez grandísimo detalle, olvidó pedir permiso a los dioses del bosque para alimentarse de sus entrañas, en automático, después de reflexionar de su error cometido, el cielo azul y hermoso se torno en gris y colmado de nubes que cargaban agua a galones incalculables, el cielo empezó a dar chispazos de luz que lo cegaban, el cielo empezó a rugir, los dioses no perdonaban tal falta de respeto, empezó a llover de manera brutal, no había árbol que cubriera semejante diluvio, sabía también que no podía quedarse en un solo lugar, los rayos empezaron a tocar el suelo, buscando la única forma humana que se encontraba aparentemente en el bosque, el fuego que había encendido para preparar sus alimentos fue sofocado con las primeras gotas violentas del cielo, tomó su morral, arco y flechas y corrió desesperado tratando de escapar de los rayos, no pudo siquiera advertir que lugares pisaba, lo único que sintió fue como el fango le hizo resbalar por un pronunciado barranco, Kao rodó y rodó, cayendo en una honda fosa con agua sucia que amortiguó su caíd! a, aunqu e resultó contraproducente, la solución de un problema se convirtió en uno mayor, Kao no sabía nadar, se atragantaba de agua fangosa, en su desesperación por salir de su propia tumba de lodo, simplemente se desvaneció y perdió noción de lo que pasaba, estaba listo para entregarse a las manos de la muerte y ser juzgado por los dioses.
 
Kao despertó, esperando ver de frente a los dioses que le harían ver sus errores en vida y dictaminarían su futuro en el inframundo, pero mas grande fue su sorpresa al encontrarse fuera del agua fangosa, aun con vida y con un cielo recuperado y azul, se enderezó sintiendo sus extremidades entumidas y adoloridas, se sentó sintiéndose aliviado pero a la vez mareado después de su súbito despertar, se arrastró por el pasto verde del bosque hasta las faldas de un inmenso árbol de caoba en donde recargó su espalda, replanteo sus ideas, y trató de buscar respuestas al suceso extraordinario que le salvó la vida. Era extraño, su cuerpo estaba seco y limpio de suciedad, no había lodo en la jungla pese a que se cayó el cielo a pedazos, ni siquiera pequeños charcos, ni gotas colgando de las hojas de las plantas del bosque, no lucía como un lugar que se recupera de un aguacero.
 
Se levantó lentamente de donde estaba sentado, cuidando de no caerse de frente, aun no se preguntaba por sus artículos extraviados cuando encontró su arco, flechas y morral cerca del lugar, colgadas de la rama de un árbol de chaca, eso le sorprendió aun mas, pareciese que alguien le hubiera sacado del agua sucia y colocado sus pertenencias en esa extremidad del árbol, aun se sentía desorientado, tomo sus cosas y continuó su camino por las veredas poco exploradas del bosque, ahora sabía que su viaje seria mas peligroso de lo que ya tenía imaginado, pues se hizo de un enemigo mas poderoso que los aborígenes opresores, los dioses estaban molestos con él, y le harían ver su mala suerte, sabía que el incidente de la lluvia era solo el comienzo, no podía cometer mas desatenciones, tenía que concentrarse en seguir la vereda, tenía que llegar a donde Paxkí, de lo que no se había percatado era que su andar era observado, que estaba siendo estudiado por sigiloso depredador.
 
La tarde caía en la jungla, y en ese momento fue que se preguntó ¿Cuanto fue el tiempo que quedó inconsciente? Había perdido tiempo importante para llegar a su objetivo, que su paso se volvió mas presuroso de lo normal, en cuanto mas se adentraba al bosque podía ver mas señales latentes de los guerreros del imperio opresor, encontraba desde restos de flechas rotas con plumaje de colores hermosos, dibujos en las rocas típicos de la cultura que los identificaba, y obviamente huellas de muerte, cráneos humanos y huesos carcomidos por la tierra y la intemperie, el horror se podía ver en sus ojos, no salía de su asombro cuando escuchó una respiración que compartía su oxígeno, detuvo su andar y se mantuvo petrificado por breves segundos, solo pudo mover los ojos en todas direcciones, esperando descubrir que su preocupación era el viento que soplaba fuerte, o un ave que solo le crispo los nervios, apretó la mandíbula y cerro los puños, lentamente movió sus brazos, con el izquierdo tomo su arco que hacía cruzar sobre su cuerpo y con la derecha tomo una flecha que hacía colgar sobre su hombro izquierdo. Una vez armado, colocó de igual forma, lentamente como para no alarmar a su cazador, la flecha sobre el arco que se encontraba ya lista para ser disparada, faltaba ubicar a su objetivo, volteó su cuerpo con delicada acción, sus latidos golpeaban su pecho como mazazos sobre el pavimento, pareciera que su corazón quisiera salir disparado, observó una vez mas a su alrededor, solo podía ver el verde del escenario que le ofrecía la vegetación, giró sobre su eje en tres ocasiones, y pensó que su mente le había jugado una mala broma, bajó la guardia por un par de segundos, tiempo suficiente para que su prospecto de verdugo saltara desde las sombras de la maleza, hacia su humanidad! , el &ld quo;fantasma del bosque” hacia su aparición, temido entre los lugareños que vivían cerca del área boscosa, un ser que inspiraba miedo de solo ser nombrado, noventa kilogramos de maldad pusieron de espaldas sobre el suelo a Kao, su suerte se vio del mismo color del pelaje de la bestia, que se disponía a devorar al joven indígena, miró los ojos color verde esmeralda de la fiera, que le hicieron recordar aquellos ojos de piedra preciosa de sus sueños, aquellas gemas en las que se reflejaba el fuego que consumía al “Corazón de la Tierra”, eran los ojos de su sueño, estaba seguro; mientras el aun luchaba por no ser devorado por la pantera negra, que le mostraba de manera intimidatoria sus colmillos, le rugía a escasos centímetros de su rostro haciéndole sentir el calor de su aliento y su naturaleza bravía. En el momento en que Kao fue impactado por la bestia y lo hizo caer de espaldas sobre el pasto, soltó su arco, salió disparado de su mano izquierda, lo que no soltó y aun empuñaba con fuerza, era la flecha que dispararía; con su antebrazo izquierdo sobre el cuello de la pantera pudo alejar solo un poco las fauces del felino, milésimas de segundo que aprovechó para clavar con su mano derecha la flecha que no soltó hasta sentir que se hundía en las costillas de la pantera negra, la bestia exhaló un rugido y cedió en fuerza, situación que pudo aprovechar Kao para zafarse del animal, Kao se proyectó hacia su arco y con una agilidad tal que envidiaría cualquier guerrero del Imperio opresor, disparó y acertó dos flechas sobre el “fantasma del bosque”, quien no pudo recuperarse de la primera envestida que le dio Kao, una flecha le hirió la pata delantera izquierda y la otra le hirió de muerte en el cuello, la criatura cayó desplomada emitiendo un pequ! eñ ;o sonido de ahogo que intentaba ser su último rugido, su último aliento de vida, yacía ya sin vida a seis metros de sus pies, sabía que no había otra opción mas que matar al “fantasma del bosque”, los dioses se molestarían aún más con él, a Kao parecía no importarle mucho, cuando menos ya no se preocuparía por la cena, solo pudo recuperar una flecha de las tres que utilizó, las otras dos quedaron inservibles, la que se incrustó en el cuello de la fiera fue la que devolvió a la aljaba de piel.

El hecho de que la pantera negra lo atacara a esa hora del día le dictaba que la noche estaba cerca, los felinos de su especie solo atacan desde muy temprano en la mañana o en la noche, tenía que buscar un lugar para poder descansar. Todas las noches se recostaba sobre el pasto utilizando su morral como almohada y antes de dormir se ponía a pensar mucho en Paxkí tratando de soñarla, jamás lo lograría.
 
Es el tercer día de la travesía de Kao, se despierta justo cuando los primeros rayos solares iluminan la flora del bosque, no puede seguir perdiendo mas tiempo; recoge sus cosas y comienza a avanzar kilómetros en la vereda que le llevará a la gran ciudad, toda la mañana logra ganar un buen tramo sin problemas, el camino luce demasiado recuperado después del diluvio que resintió la jungla el día de ayer, se ve intacto de hecho, pensaba que probablemente en esa zona no llovió. En su andar pudo ser testigo de los mas hermosos paisajes que el bosque le pudiera ofrecer, en las primeras horas de la mañana, la ecología se adornaba usando un vestido de niebla espesa que contrastaba con los colores de la jungla, o como las lagunas servían de espejo en los que los arboles y montañas alimentaban su vanidad, o simplemente en las noches, el cielo mostraba sin egoísmo toda su colección de estrellas, se sentía un ser afortunado por ser parte de ello, por estar ahí, todas estas reflexiones casi lo desconcentran de seguir la vereda, metros mas adelante se dio cuenta que entraba a una zona poblada, una pequeña comunidad dentro del bosque, era gente que compartía su cultura también, gente oprimida por el gran imperio, una pequeña comuna que comprendía seis chozas, el lugar había sido adecuado para la vivienda, trabajo y crianza de animales, era gente de paz, cuando arribó ahí las familias lo vieron con precaución y recelo, estudiando su persona, jamás lo sintieron como una amenaza, después de examinarlo visualmente, él se adelantó a cualquier juicio que pudiera hacérsele, presentándose ante ellos como habitante de la Ciudad del Trueno y dándoles a conocer el motivo de su visita al bosque; fue recibido con respeto y atenciones, le dieron alimento y alojo esa noche, Kao tuvo la oportunidad de habla! r con el jefe de las familias de esa pequeña tribu. Su nombre era Mapaksiná.
Mapaksiná- ¿Entonces pretendes llegar a la Gran Ciudad?
Kao- Sí señor, han robado a mi futura esposa para hacerla esclava, y tengo que recuperarla, eso y que ya no soporto las injusticias que los opresores han hecho con nuestro pueblo por alrededor de un siglo.
Mapaksiná- ¿Los dioses han bendecido tu propósito?
Kao- No lo sé señor, se que hice molestar a los dioses que protegen a este bosque, no he respetado sus entrañas y ahora me han cobrado mi falta de respeto.
Mapaksiná-Los dioses nunca castigan tu desobediencia, ponen a prueba tu valor, solo aquellos que les hablan de tú y se acercan a ellos son los que contemplaran para sus planes, son los que pondrán a prueba, morir a manos de los dioses es una bendición, pero sobrevivir de sus pruebas es una divinidad, debes tener un propósito en esta vida corporal kao.
Kao- Solo quiero ver caer al gran Imperio y traer a mi esposa de vuelta.
Mapaksiná- Pensé ibas en busca de los dioses.
Kao- No señor, el sol, la luna, la tierra, el trueno, todos ellos están día a día con nosotros.
Mapaksiná- No hijo, creo no me entiendes, ellos bajaron a nuestro mundo, con la palabra de liberarnos de los opresores, he escuchado que viajaron a la tierra de “Las Veinte Aguas”, y se reunieron con los jefes de nuestro pueblo, “Los Tres Corazones” están con ellos, con los dioses, nuestro pueblo ha aportado alrededor de mil trescientos guerreros a las deidades que partirán a la Gran Ciudad. También se que algunos pueblos han dejado de pagar tributo, los recaudadores del Imperio han llevado mensajes de los dioses a su emperador, “el príncipe de gesto adusto”. Por eso pensé que ibas al encuentro con ellos.
Kao- No sabía de esto, tengo tres días internado en el bosque, es una oportunidad única, ¿Como llego al encuentro con ellos? Quiero unirme a sus filas.
Mapaksina- Hijo, esto que te cuento lleva dos meses de historia atrás…
Kao- Es imposible señor, yo salí hace tres días de “Ciudad del Trueno”, estuve inconsciente el día de ayer… después de…-recuerda el suceso extraño de su salvación y detiene sus palabras- No pude estar inconsciente por tanto tiempo.
Mapaksina- El camino aún esta retirado, y es peligroso, no puedo darte armas para tu defensa pues como veras somos una gran familia que se dedica a sobrevivir y a honrar a los dioses, pero puedo señalarte el camino que te llevará al templo del dios del viento, llegar ahí te aproximará en demasía a la “Tierra de las Veinte Aguas”, tal vez aun los puedas encontrar en ese lugar. 
 
Kao recibe instrucciones de Mapaksiná para llegar al templo del dios del viento, y el honorable hombre le sigue contando acerca de lo que ha oído acerca de los dioses, trata de explicarle que viajaban en montañas que se movían sobre el agua y con hombres barbados de piel blanca sobre ellas, era algo que no sabían explicar, le decía que hablaban lenguas celestiales que no podían descifrar, usaban ropas dignas de los dioses, su estatura era alta, y tenían el poder de manejar el rayo. Kao estaba intrigado y asombrado por lo que Mapaksiná le contaba, la guerra que era de uno solo, ahora sería de todos y apoyada por los dioses, el sabía que las deidades no podían seguir permitiendo tales injusticias en el mundo terrenal, sus rituales y plegarias habían hecho efecto, habían sido escuchados.

Kao despertó temprano al día siguiente, en lo que el suponía era su cuarto día de viaje, soñó el mismo sueño del fuego y el lobo, pudo verse una vez mas cosechando una llama de fuego, y como el lobo gris, con lomo en tonos marrón lo observaba, con detalle, silenciosamente, sigilosamente, y esos ojos que no ha podido olvidar, esos ojos de piedras preciosas, esas gemas que observan como el fuego devoraba al imperio opresor, comprendió que no tenía nada que ver con los ojos del “fantasma del bosque” aun no descifraba lo del lobo, y los ojos en forma de gemas, de lo que si estaba seguro era que el Imperio iba a arder, los dioses eran insistentes con ese sueño y ahora querían que fuera al encuentro con ellos, se sentía regocijado, sus sueños nunca se han equivocado, los dioses jamás se equivocan. Kao se despide de Mapaksiná y su familia, agradece la hospitalidad y promete volver a contarles acerca del desenlace de su viaje y del mensaje que las deidades tienen para todos.
 
 
En su viaje al templo, atravesó terrenos con espesa vegetación, caminos imposibles de cruzar a pie, en donde tuvo que valerse de las ramas de los arboles para poder llegar a un terreno más firme, Kao lograba pasar sin dificultades los pequeños obstáculos que el viaje le interponía para llegar al atajo de la “Tierra de las Veinte Aguas”. El viaje se estabilizó y lo colocó sobre un camino empedrado, las rocas del lugar le indicaban la proximidad de un templo, se sentía muy feliz y emocionado, un fruto se interponía en su camino, un zapote colgaba de su rama y esta vez pidió consentimiento a los dioses para tomarlo, estiró la mano izquierda para desprenderlo de la rama que lo sostenía, en el momento justo en que sus dedos tocaran el zapote una flecha con plumas preciosas atraviesa la mano de kao, no fue dolor lo que sintió, sino sorpresa y susto, era observado y atacado por guerreros del imperio opresor.

Kao empezó a correr en cualquier dirección sintió como las flechas se iban plantando un segundo después del suelo que pisaba, corría despavorido, se detuvo detrás un gran árbol de cedro, tomó aire y observó sus opciones, no se podía defender, tenía aun la flecha que atravesaba su mano izquierda y tocarla le causaba un dolor intenso en su herida, eran segundos valiosos los que perdía y fue entonces que escuchó una voz que provenía de una pequeña cueva escondida por la maleza de las plantas, y las raíces de los arboles -¡Ey! Por aquí Kao, ¡Corre!- El joven obedeció ante la desesperación, no tenía muchas opciones, el morir era ya latente, orillado ante las circunstancias corrió hacia la maleza, y la atravesó para adentrarse a la cueva escondida, ya adentro era muy obscuro, solo escuchaba la voz que le seguía hablando con un eco pronunciado, propio de lo compacto del lugar -sigue mi voz, ¡por aquí! ¡Con cuidado!- siguió a ciegas Kao, y se preguntaba el hecho de cómo es que esa voz conociera su nombre, pudo después de avanzar un poco, ver una luz en el fondo, la voz le seguía guiando -sigue la luz al fondo, ¡Vamos falta poco!- Kao no sabía que se encontraría al final del túnel, daba pasos cuidadosos en el pasadizo obscuro para no caer, pero antes de que se imaginara lo peor, había llegado al final de este, fue prácticamente atravesar un umbral de luz intensa que lo deslumbró, llevó sus brazos al rostro para cubrirse del resplandor, cuando sus ojos se acostumbraron al reflejo pudo observar el paisaje, llegó a un lugar poco inusual y hermoso, un lugar sin maleza, con frutos diversos colgando de las ramas de todos los arboles conocidos, con una laguna de aguas tan cristalinas que describirlas sería un intento en vano por acercar! se a la belleza de estas, justo en el medio de la laguna existía una fuente con detalles prehispánicos que le adornaban, había flores variadas que le daban un toque colorido al ya de por si hermoso cuadro que tenía ante sí, el lugar olía a tierra mojada y esto llenaba sus pulmones de oxígeno puro, solo había algo que no encajaba en esta pintura preciosa, el “lobo”.

 
 Un lobo estaba sentado cerca de Kao, un lobo de pelaje gris, con lomo en tonos marrón, y ojos amarillos-dorados, que le observaba con detenimiento, el mismo lobo de sus sueños, el cánido que ha soñado a lo largo de su vida, pensó en un principio que se había desvanecido a causa de la herida y ahora estaba soñando, que tal vez ya estaba muerto, victima de los opresores. Kao le preguntó al lobo -¿En donde estoy?- su anfitrión le respondió instantáneamente -Estas en casa, Kao- en un principio el joven aborigen no se sorprendió –es un sueño- se decía, mientras el lobo seguía manteniendo comunicación con el, -mi nombre es Nexcoyotl-.
Kao-¿Quién dices que eres?
Nexcoyotl-Como te dije Kao, soy Nexcoyotl.
Kao- ¿Cómo sabes mi nombre?
Nexcoyotl- Soy tu guía, te he seguido y cuidado desde que naciste.
Kao- ¿Por qué hablas esta vez en mis sueños? nunca lo habías hecho.
Nexcoyotl- En tus sueños nunca te he hablado. Solo te guio.
Kao- ¿A qué te refieres?
Nexcoyotl- En tus sueños no estarías sufriendo tan vívidamente como lo haces ahora de tu herida- Kao voltea a ver su mano con un rictus de dolor, aún con la flecha atravesándole –
Kao-¿Qué es esto entonces?
Nexcoyotl- Trato de devolverte a tu camino, trato de salvarte Kao, soy tu guía ¿recuerdas? Primero estira tu mano herida hacia mi.-El lobo hala con su hocico la flecha que atravesaba su mano izquierda, Kao ahoga su grito de dolor para demostrar valentía ante su guía- ve a lavar tu mano al lago y utiliza el conocimiento de herbolaria que tu madre te ha dado a través de los años para curar tu herida, después aliméntate con los frutos que gustes tomar, aquí encontraras lo que necesitas, debes descansar, perdiste sangre.
 
Kao obedece al lobo, limpia su herida y la hace cubrir con tiras de hojas de caña de azúcar, haciendo estas las veces de vendajes, se queda sentado a la orilla del lago cristalino, el guía se acerca a el, y se sienta a su derecha.
Kao- ¿Por qué intentaste detener mis acciones en el sueño?
Nexcoyotl-Trato de devolverte al camino Kao.
Kao- ¡Pero mi sueño es voluntad de los dioses!
Nexcoyotl- Las pesadillas a veces se disfrazan de sueños Kao. Nos confunden.
Kao- Imposible, los dioses han bajado para materializar lo que en sueños me han dicho.
Nexcoyotl- Los dioses existen en un plano imposible de compartir al nuestro, lo que pisa este suelo, es mortal. Tus dioses han comido, bebido y convivido con los opresores por meses, ustedes oprimidos solo son la llave para su inmortalidad. Nuestros dioses son el Sol, la Luna, el Trueno, no la carne y los huesos.
Kao- Te equivocas Nexcoyotl ellos apenas se dirigen a la Gran Ciudad, y voy en camino hacia su divina presencia ¿Vas a detenerme en mi camino hacia la “Tierra de Veinte Aguas”?
Nexcoyotl- Yo no puedo detenerte, recuerda, solo soy tu guía, al final tu tomas libre voluntad de tus acciones. Y no Kao, no estoy equivocado, el tiempo es agua que corre entre tus manos, ¿Sabes cuanto tiempo pasó después de salvarte de tu tumba de lodo?
Kao- ¿Fuiste tú? ¿Por qué el tiempo se detuvo?
Nexcoyotl- Intento salvarte Kao, trato de alejarte de los días que te ponen en peligro.
Kao- ¿Salvarme de qué? ¿Qué días?
Nexcoyotl- De no traicionar tu sangre, te ayudaré a llegar a Paxkí, pero no de ir contra tu raza.
Kao- ¿Cómo llegare a ella? ¿Cómo llegó a la gran ciudad?
Nexcoyotl- Tienes que llegar en la noche para no ser descubierto por los enemigos Kao, el dios de la Luna alumbrará tu camino, cuando ella se ponga será señal que tu viaje ha llegado a su fin, seguirás el sonido de mi voz para encontrarte con Paxkí.
Kao- Esta bien Nexcoyotl, así será, solo te pido un favor, cuando el dios de la Luna te indique que mi viaje ha terminado y tengas que guiarme con tu voz, no importa cuanto tarde en llegar, jamás dejes de aullar que yo llegaré.
Nexcoyotl- Los dioses te bendicen Kao.
 
            Kao descansó por varios días en el paraíso que le mostró su guía, el día que despertó y no encontró al lobo comprendió que debía seguir su travesía, no demoró mas su camino y continuó su andar, Kao haría caso a Nexcoyotl, el joven salió por la entrada de la cueva cubierta de maleza y raíces, decidido a retomar la vereda que lo llevaría a la gran ciudad, caminó muchos días enteros sin dormir, había descansado lo suficiente que se sentía con energías necesarias para no parar, dejó atrás el bosque y entro en las zonas montañosas que anunciaban su arribo al “ Corazón de la Tierra” las noches fueron iluminadas en su andar por el dios de la Luna, paró el día en que las ampollas de sus pies le impidieron dar un paso mas, pernoctó debajo de un pino, colocando a un costado del tronco su funda portadora de flechas y arco, una vez mas utilizó su morral de malla como almohada, y volvió a dormir como hace noches no lo hacía.
           
            Despertó al día siguiente precipitado por el ruido de una multitud que lo devolvió de su descanso, el crujir de las ramas provocado por muchas pisadas fue motivo suficiente para levantarse como un resorte, tomó sus pertenencias del suelo, y se escondió detrás del pino, pudo ver a mucha gente, era gente de su pueblo, pensó que era un grupo de sus coterráneos que llevaban como esclavos a la Gran Ciudad, pero observó que no iban sometidos, era un grupo amplio de un pueblo vecino de ellos conocido como “El despeñadero” una mas de las treinta y ocho provincias oprimidas por los enemigos, pudo contabilizar alrededor de doscientas personas que iban cargando sus armas de guerra: arcos, hachas, lanzas y garrotes, usaban armaduras de algodón, e iban escoltados por algo inédito para los ojos de Kao, eran los dioses, alrededor de quince de estos, el tiempo parecía ir lento cuando los vio, gente con piel del color de la luz, y cabellos que asemejaban los rayos del sol, con rostros cubiertos de pelaje, armaduras de materiales sólidos y grisáceos, usaban ropas diferentes y pantalones de telas gruesas, de estatura superior, hablando lenguas extrañas, estos seres iban encima de animales extraordinarios, criaturas preciosas y fantásticas para todo lo que había visto Kao en su vida, pudo observar como uno de los dioses accionaba un arma de fuego, realizando un disparo al cielo, confirmó que podían manejar el trueno, la pólvora era uno de los elementos que desconocían los aborígenes, estaba deslumbrado, era seguro que se dirigían hacía el gran imperio, asumió que el resto de los pueblos oprimidos los estarían esperando en las faldas de la gran ciudad.

Kao se desvió de la vereda, del camino que debía seguir para encontrarse con Nexcoyotl, decidió seguir a la multitud y a los supuestos dioses sin ser descubierto, guardó una distancia considerable con ellos, trató de no ser visto y pasar desapercibido escondiéndose detrás de arbustos, pinos y rocas, no se percató que la noche había llegado, no se percató que estaban a las puertas ya de la gran ciudad, solo los separaba un gran canal, reconoció al imperio opresor al verlo en llamas, exactamente como lo vio en sueños, era la misma imagen, se desataba una masacre en ese lugar, vio a su gente tan contrastada con los dioses, peleando hombro a hombro con ellos, derrotando a los que por años les tenían sometidos, los dioses destruían los templos que se levantaron en sus nombres, mataban a la gente que por siglos les veneraron, vio a las deidades sangrar, empezó a dudar de la divinidad de estos seres, contempló que fueran como un mortal más, Kao dio pasos hacia adelante de lo aterrado y sorprendido que se encontraba ante tal horror, cuando se percató, estaba ya emparejado con el nutrido grupo de la gente del “Despeñadero”, nadie notó de su presencia, tal vez por la tinieblas de la noche, tal vez por la distracción del espectáculo bélico.

Kao volteó lentamente a ver a uno de los dioses, un hombre barbado de ojos verdes, en sus ojos se reflejaban los colores de la muerte, podía ver como el fuego devoraba al gran imperio, comprendió que su sueño realmente era una pesadilla, que el odio de su pueblo hacia los opresores era una llama que creció y termino abatiendo no solo al imperio, sino a toda su raza, todo esto observado ante los ojos de los “invasores”, de los “semidioses”.
 
Kao murió esa noche, a manos de su sangre, en medio de la guerra, olvidó las sabias palabras de Nexcoyotl que le pedía alejarse del producto de su odio, Paxkí había logrado escapar entre la confusión de las armas y el fuego, milagrosamente se fugó del gran imperio, ahora convertido en un infierno, el día que ella escapó, se puso la luna y aprovechando la luz del satélite natural corrió hacia las montañas, subiendo a la mas alta de ellas, ahí se encontró con un lobo de pelaje gris, y lomo en tonos marrón, el lobo empezó a aullar al verla, Kao nunca asistiría al llamado, y pese a que Paxkí se retiró rápidamente de la montaña, Nexcoyotl, fiel a la petición de su guiado, aulló el resto de la noche, y en todas las noches que hubo luna llena, siempre esperando a que Kao asistiera, ahora; por esa razón, cada vez que hay luna llena, Nexcoyotl, sale a avisarle a Kao que vio a Paxkí, esperando que regrese para darle las buenas nuevas. 
 
 

 

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Published on e-Stories.org on 10/14/2013.

 

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