Carlos Benito Lara Romero

LOS TIPOS DUROS Y EL AMOR

 Siempre he sido un hombre duro, ya saben; de aquellos que han pasado días enteros sin comer por una causa justa, llámese “Éxodo por la democracia”, o ayudando en la construcción de una casa hogar. Así que he trabajado de albañil por voluntad propia, subiéndome hasta 60 kilogramos de cemento en la espalda a 45 grados centígrados, casi siempre al borde del desmayo, pero siempre firme, mi cuerpo casi siempre ha sido una masa de músculos pegado a los huesos, mido 1.80 y soy de constitución atlética, la verdad siempre he creído que los tipos fofos y regordetes son personas blandas y cobardes.
 
            Toda mi vida he hecho ejercicios, y siempre he forzado mi cuerpo a actividades extremas, por eso mismo he padecido de infinidad de lesiones en mi cara y cuerpo. Mis gustos son solitarios, pues desde que era pequeño, tuve una fuerte afición a la lectura y al cine, sobre todo a la poesía y al cine mudo, así que como verán, son gustos muy extraños para esta sociedad de “Facebook” y “Twitter”. Por eso mismo, ya en mi adolescencia comencé a ver mi soledad como algo normal, nunca tuve buena comunicación con mis padres y en la primera oportunidad, me largué de casa, a los 18 años ya vivía solo en un departamento donde comía 2 cereales diarios, es decir consumía un promedio de 600 calorías, algo insuficiente para cualquier joven en pleno crecimiento y regularmente me la pasaba haciendo “lagartijas” y “abdominales”. Debo confesarlo, todo eso lo copié del personaje  de Robert De Niro en “Taxi Driver”.
 
            De esa manera fui creciendo con una actitud de “irreverente” o “rebelde”, mis héroes eran Marlon Brando y James Deán, y mis poetas preferidos; Bukowski y Rimbaud, todos irredentos y fuera de este aburrido mundo, poco a poco me fui dando cuenta que los que me seguían, lo hacían con una fascinación por mi forma de ser, pensando que era una moda andar de playera negra ajustada, mezclilla rota y botas a medio amarrar, siempre con gafas oscuras y el cabello alborotado, y también siempre con la barba de tres días, nunca me di cuenta que realmente existía una moda así, honestamente siempre quise morir joven como mis héroes.
 
            Con las mujeres todo era muy fácil, pues al devorar infinidad de libros, siempre supe que a la mujer había que ignorarla y hasta despreciarla si es posible, para tener su atención, de esa manera la mujer que me gustaba, sufría de mis groserías e indiferencia y a las pocas semanas ya estaba en mi colchón, ellas creyendo que me domesticarían y yo ya pensando en la próxima. No niego que tengo marcas de arañazos en la cara como resultado de varias uñas celosas, pero ni eso me importaba, pues estoy convencido que un verdadero hombre debe tener un rostro con carácter.
 
            Muchas mujeres intentaron cambiarme; cambiar mi forma de vestir, de caminar, de hablar, de actuar, de ser, pero yo sabía que les encantaba mi actitud “rebelde sin causa” pues cuando hacíamos el amor me lo expresaban, pues también mi manera de coger siempre fue muy salvaje, nada de detalles ni ternura, siempre eran tacones de 10 cms. apuntando bien arriba, ya saben camas rotas, dolor, sangre, nada de jugar al papá y la mamá. Parecía que mi vida podía ser siempre así, pues la verdad no me molestaba ni un poquito mi comportamiento y mucho menos la crítica de los demás, debo confesar que nunca dejé la lectura y pues mientras más leía, más me daba cuenta que todos los demás eran unos idiotas y mis mujeres no se salvaban, incluso llegué a vivir con una que confundía a Pascal con Pasteur joi joi joi, imagínense tremenda animal, vamos la verdad es que dicha mujer tenía verdadero retraso mental, con pensamientos tan profundos como este; “mientras encuentro a mi media naranja, me chingo algunas mandarinas…” ya saben papiloma seguro, y pues yo ante tales neandertales, ya traía el preservativo integrado y encantado de ser mandarina.
 
            Después de coger, yo siempre inventaba un pretexto para correrlas de mi cama, ni siquiera les permitía dormir conmigo, con un cigarro en la boca, cruzaba los brazos atrás de mi cabeza pensando en alguna pelí de Bogart o Brando, pero jamás pensaba en la mujer que tenía a un lado, ellas siempre insistían que yo era el mayor “patán” que habían conocido, y saben que…era verdad.
 
            del amor, ni hablar, jamás había dicho la palabra “te amo”, vaya incluso decir “te quiero” era un enorme compromiso para mí. Es verdad que por esa actitud también pasaba muchas rachas solo, leyendo en mi casa o viendo pelis, pero no me importaba, pues sabía que camino a comprar cigarros conocería a la próxima. Es verdad que al gustarme tanto la poesía, tenía curiosidad por el “Amor”, leía “Ana Karenina” y pensaba “demonios, como puede una mujer suicidarse por estar enamorada de un hombre” o leía poemas de Neruda y no comprendía tanta tragedia por no ser correspondido por la amada.
 
            Pero honestamente ni las poesías de amor o novelas románticas, movían sentimientos en mí, seguían siendo mis preferidas las obras de Fonseca, donde los hombres eran cínicos y mujeriegos, siempre saliéndose con la suya, yo sonreía cuando leía como se cogían a todas las mujeres  posibles, pensaba que todas esas historias podrían estar basadas en mi vida.
 
            Pero la palabra amor siempre estaba presente en todas las actividades de mi vida, por más que yo lo evitara, por más que yo quisiera ignorarlo, cada día era más difícil no sentir curiosidad por el “Amor”. Todo el tiempo escuchaba a las parejas decirse “te amo” y veía sus ojitos medio cerrados y sus cuerpos temblar cual espasmo epiléptico, yo sabía que eran viles imitaciones de escenas de telenovela, muy mal actuadas por cierto, pero ellos se lo creían, yo me sentía fuera de todo eso, sólo era simple curiosidad, bueno eso pensaba yo, pero es verdad eso de que uno no busca al mor, sino que el amor lo encuentra a uno, y eso me pasó a mi…por increíble que parezca me pasó a mí, al más patán de los hombres, al más cínico y vil, al más egoísta e insensible de los hombres que ha habitado este planeta, o por lo menos el sureste mexicano, al más salvaje e irredento.
 
            Así es mis queridos amigos, el amor llegó a mí y de qué manera, si esto fuera una película podríamos saltarnos varias escenas y verían al mismo tipo duro lloriqueando como una niña a la que le quitaron su paleta de tres colores, lloriqueando en un baño público frente al espejo, todo fofo y lleno de mocos en la cara, con su pantaloncito kaki de vestir y su camisa bien planchadita, chillando por el abandono de la persona amada, que ni en las novelas de televisa, si vieran esa escena dirían “no puede ser el mismo tipo” y quizá la mujer-espectadora comentaría “se lo merece por cabrón”. Bueno pues ese tipo tan patético de la mencionada escena era yo, si mis queridos lectores, el mismo que alguna vez se mofó del amor, el mismo que un tiempo fue el mayor patán del mundo, bueno más bien era lo que quedaba de él, incluso físicamente era totalmente diferente, ya no había soltura en su cuerpo y mucho menos dureza muscular, su cara se había convertido en una masa amorfa de cachetes, el tipo de la escena era un manojo de inseguridades y llanto, pero había descubierto el amor  y a qué precio.
Continuara…                            

 

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Published on e-Stories.org on 11/24/2011.

 

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